Opinión
Tiempo magnético
Por Ciencias
ORÍGENES //JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos.
Como explicamos en columnas anteriores, el estudio de nuestros orígenes necesita un marco cronológico lo más preciso posible para la situar los diferentes eventos de la evolución humana. La investigación de los cambios de polaridad magnética ocurridos en el planeta a lo largo del tiempo representa uno de los métodos de datación más utilizados en la actualidad para establecer la antigüedad de los yacimientos arqueológicos. Este ámbito científico se denomina paleo-magnetismo.
La Tierra se comporta como un gran imán y, según la hipótesis con un mayor grado de aceptación entre los expertos, las propiedades magnéticas del planeta tienen origen en los cambios que se producen en su corazón de hierro, que se encuentra sometido a una enorme presión y una elevada temperatura, y en el manto fundido de hierro y níquel que lo rodea. Sea cual fuere su causa, este campo magnético queda grabado en las rocas que fluyen del manto de la Tierra que, al enfriarse, conservan lo que se denomina “magnetización remanente térmica”. El estudio de estas rocas en el laboratorio ha demostrado que el campo magnético terrestre ha cambiado su polaridad a lo largo del tiempo. Por ejemplo, en los últimos cuatro millones de años se han producido hasta nueve inversiones del campo magnético, que están perfectamente datadas mediante métodos numéricos (de los que hablaré en otra ocasión) en los fondos marinos próximos a las dorsales oceánicas, de las que fluyen las rocas fundidas del manto y alejan los continentes unos de otros.
Así, hace entre 1.800.000 años y 780.000 años los polos magnéticos del planeta estuvieron invertidos con respecto a lo que sucede en la actualidad (“polaridad normal”). Ese largo periodo se denomina Matuyama en honor del científico japonés que descubrió estas propiedades de las rocas, pero cuyo hallazgo fue ignorado hasta mediados del siglo XX. Durante el periodo Matuyama ocurrió un cambio a polaridad normal de 70.000 años de duración, que los expertos han llamado Jaramillo. Desde hace 780.000 años el imán terrestre ha permanecido normal, con algunos cambios de corta duración (excursiones) muy difíciles de detectar en las rocas. La duración de los cambios es variable y en apariencia no ha tenido efectos sobre los seres vivos.
Las rocas sedimentarias que forman los yacimientos arqueológicos también registran estos cambios de polaridad magnética. Los minerales que contienen hierro se comportan como las agujas de una brújula y al depositarse se orientan de acuerdo con la situación del campo magnético terrestre. Así ha sucedido en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, que tienen una larga secuencia sedimentaria. Por ejemplo, sabemos que la especie Homo antecessor vivió en la Sierra de Atapuerca hace más de 780.000 años, puesto que sus restos fósiles se han localizado un metro por debajo de una franja de roca, en la que se ha determinado la última inversión del polo magnético de la Tierra.