Opinión
La mediocridad educativa
Por Juan Carlos Escudier
El informe Pisa ha vuelto a poner de manifiesto que si en algo destaca el sistema educativo español es en su mediocridad, repartida, eso sí, muy equitativamente. Podemos hacernos trampas en el solitario y creernos aquello de que progresamos adecuadamente, pero hay cosas que no pueden ser porque son imposibles, y una de ellas es pretender compararnos a países que dedican a la educación dos y hasta tres puntos más del PIB que nosotros. Constatemos, por tanto, que aun habiéndose incrementado el gasto, éste sigue siendo insuficiente para alcanzar la excelencia que tanto se predica.
En esto, como en tantas otras cosas, todo suele estar inventado. Si resulta que Finlandia o Dinamarca son el paradigma en lo que a educación se refiere, lo lógico sería imitar su modelo. ¿Que por qué no se hace? Pues porque hay poco dinero y además se dilapida. Debemos de ser el país con más universidades por metro cuadrado, algo que sería estupendo si sirviera para algo. La realidad –y la OCDE- muestra que el 44% de los titulados superiores de entre 25 y 29 años terminan trabajando en puestos de cualificación muy inferior a sus estudios. Dicho de otra manera, formamos abogados para que acaben repartiendo pizzas. Entre tanto, se ha desprestigiado tanto la Formación Profesional que es más fácil encontrar un físico nuclear que un escayolista.
Ambos factores unidos explicarían la alta tasa de abandono escolar que hemos sufrido. Si estudiar para electricista era casi una indignidad y hacerlo para arquitecto, un desperdicio ya que un teleoperador no precisa conocimientos de pilares ni de cargas, lo mejor era abandonar las clases e ir a una obra a poner ladrillos, que no se pagaba mal. ¿Que ahora se está reduciendo la tasa de fracaso escolar? Sí, porque apenas si quedan obras.
Puestos a ser sinceros, hablemos del profesorado, al que también habría que someter a alguna prueba del estilo de las de Pisa. Se comprobaría que los maestros son tan mediocres como sus alumnos. Se podrá alegar que la sociedad no les valora, que carecen de carrera profesional y hasta de un Estatuto docente, pero ello no les hará mejores de la noche a la mañana. Esta es la realidad de nuestro sistema educativo, que es el que precisa urgentemente una reforma estructural de esas que se han puesto tan de moda.