Opinión

¿Es mejor que robar?

Por Rafael Reig

“Lo único que pido es respeto”, ha dicho Rosa Aguilar tras acabar mudándose al tentador sol que más calienta. ¡Pues estaría bueno! ¿Qué otra cosa podía pedir, una ovación? No se la darán sus nuevos compañeros, a los que arrebata una silla, ni desde luego sus traicionados votantes cordobeses. Puesto que tenía ideas propias y, al parecer, geniales, en Izquierda Unida le fue ofrecido todo, incluso el cargo de coodinadora general, que, afortunadamente, no aceptó, porque ella “se debía a los cordobeses que la habían votado”. La Alcaldía que en su día logró por méritos propios Julio Anguita, y que ella acabó heredando, se le iba haciendo menos segura de convocatoria en convocatoria. El momento de rentabilizar el caudal político que se le había permitido constituir había llegado. ¿Qué le importaban a ella sus votantes cordobeses o sus camaradas de tantos años de travesía por desierto? Ahora, dado este paso augusto, lo único que pide es respeto.

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