Opinión
Un misterio cretense
Por Ciencias
TEXTOS SECRETOS // SOFÍA TORALLAS
* Investigadora del Instituto de Filología (CSIC)
Un catedrático de la Universidad de Alicante, gran amigo, que nos suele regocijar con cada una de sus apariciones públicas (tanto como con su compañía en privado), nos ilustró recientemente sobre el misterio del disco de Festo. Comenzó sus explicaciones refiriéndose en especial a uno de los indescifrados signos que lo cubren. Este signo tiene el aspecto de un hombrecillo con pose de andar brioso –él lo llama Johnny Walker y añade entre bromas y veras: “A estas horas, no debería yo estar dando una conferencia, sino paseando con este señor y tomándome un idem on the rocks”–.
A continuación, y siempre con alegre ingenio y soltura, nos desentrañó todos los intentos fallidos de desciframiento de este pequeño objeto, conservado en el museo de Heraclion, en Creta. A simple vista, parece un tablero del juego de la oca, por cómo aparecen sus signos dispuestos en espiral centrífuga. Estos signos, sin apenas parangón en otros objetos del Mediterráneo, han dado muchos dolores de cabeza a generaciones de sabios.
Algunos estudiosos –y también algunos charlatanes– han reclamado el desciframiento, mientras otros les han mirado de soslayo y han apuntado las críticas a sus avances. Se ha dicho que se trata de un calendario agrícola o una oración escrita en un silabario desconocido en lengua griega; se ha descifrado, transcrito y traducido como un texto sobre geometría euclidiana; se ha postulado que se trataba de una llamada a las armas e, incluso, por su forma helicoidal, se le ha supuesto el filosófico fin de recordar al hombre la naturaleza de la realidad. Lo que más sorprende es la absoluta seguridad con la que todos defienden tan encontradas posiciones. En cualquier caso, el disco de Festo es una bellísima antigüedad y el primer ejemplo, ya en el segundo milenio a. de C., del uso de los tipos móviles.