Opinión
Muera la inteligencia, viva Millán Astray
Por Manolo Saco
-Actualizado a
Hemos tenido que esperar muchos años para que el Código Penal español recogiese (Art. 607) como punible la difusión de ideas o doctrinas que justifiquen los delitos de genocidio, lo cual no es poco en un país como el nuestro que fue refugio de genocidas nazis y plataforma de su huida organizada a Sudamérica, con el amparo y ayuda del viejo régimen fascista. Un delito, el de genocidio, que tantas similitudes esconde en su ADN con el de exaltación del terrorismo.
Quizá sea la decisión legislativa que más dificultades de orden moral acarrea a las democracias, refugio y garantía de la libertad de expresión. ¿Donde termina el derecho a la libertad de expresión y comienza el delito? Es la vieja discusión de si constituye una conducta delictiva llamar ladrón a un ladrón. Los legisladores lo resolvieron salomónicamente: llamarle ladrón a un ladrón no es una calumnia pero sí puede ser una injuria.
En ello estaría pensando, quizá, la alcaldesa de Hernani cuando en su día pidió en un mitin un aplauso para los pobrecitos presos etarras. Lo que ya no sabemos, ni yo ni ahora la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, es en qué estaría pensando el juez Santiago Pedraz que archivó la causa en aquel momento.
Bien es cierto que hay todavía partidos, como el Popular, que se niegan a condenar el régimen de Franco (hablando de similitudes en el ADN) pero arman la bronca diaria porque la alcaldesa de Mondragón, de ANV, se niega a condenar el último atentado de ETA, uno de los últimos fascismos activos y en armas dentro de las democracias occidentales.
Otros fascistas tienen su fiesta este sábado en A Coruña, donde preparan un homenaje a Millán Astray, un golpista asesino que perdió la dignidad constitucional antes de perder un ojo. Un grupo de caballeros legionarios (lo de caballeros se lo ponen ellos) piensa montar mañana una manifestación en protesta de que el Ayuntamiento se disponga a retirar una estatua del fundador de la Legión. Calles donde celebrarlo tienen en abundancia en esa ciudad de la que fue alcalde durante muchos años el socialista de derechas Francisco Vázquez, uno de los municipios españolas que conserva más calles con los nombres todavía intactos de los golpistas y colaboradores del régimen del franquito.
Y aquí viene mi duda: ¿Por qué A Coruña puede exaltar el fascismo y la alcaldesa de Mondragón no?
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Meditación para hoy:
… Y mientras. No sé si será una metáfora, pero el otro día supe que el Ejército había decidido jubilar sus palomas mensajeras, las 300 que quedaban en la sección colombófila de la institución, por inservibles ya en la era de las sofisticadas tecnologías de la información. Yo prefería que jubilaran las gaviotas de una vez. No sé, las palomas siguen siendo el símbolo de la paz. Pero las gaviotas hacen tanto ruido con sus bocazas, son tan carroñeras…