Opinión
Del musgo a la relatividad
Por Ciencias
EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla
Entre los muchos miles de millones de soles con planetas que forman cada una de las innumerables galaxias es muy probable que haya surgido la vida en mundos parecidos al nuestro. Desde los albores de la inteligencia se ha tratado de dilucidar cómo surgió semejante fenómeno aquí en la Tierra. Se han planteado hipótesis que van desde que fue un hecho sobrenatural, por ejemplo, Dios hizo figuras de barro y les insufló aliento vital, hasta que surgió en el planeta primitivo por una serie de reacciones químicas, de complejidad progresiva, condicionadas por algo de azar y mucha necesidad.
Hasta la hipótesis divina tiene algo de verosimilitud, porque un buen medio para que se desarrolle lo previsto por el enfoque moderno es el barro de las charcas arcillosas, que permiten que el recorrido libre de las moléculas que han de unirse no sea tan largo como en el agua o el aire ni tan corto como en el seno de un mineral. Un vez que esas moléculas basadas en el carbono se agruparon en estructuras complejas, por puro azar, algunas de ellas se envolvieron de una membrana curiosa: a la vez que aislaban y abrigaban lo que contenían, permitían el tránsito de ciertas moléculas que relacionaban las internas con las del medio. Esas membranas, por pura necesidad, hacían el papel de aduanas controlando el paso a través de ellas, es decir, ni impidiéndolo completamente ni permitiendo que lo haga todo el mundo. Estas células prosperaron entre el resto porque, además, hacían algo esencial: producir réplicas de ella misma. Pero no lo hacían perfectamente, sino propagando pequeños errores, porque si no todo el planeta estaría cubierto de un musguillo indecente formado por miríadas de células idénticas. La evolución por selección natural está servida.
Con toda lógica, el proceso anterior es altamente probable que se haya desencadenado en muchísimos planetas, o satélites de estos, de estrellas de la edad y el porte de nuestro Sol. Pero lo que realmente nos atrae es especular sobre la probabilidad de que la vida extraterrestre haya derivado hacia la inteligencia e, incluso, mucho más restrictivamente, hacia la civilización tecnológica. Entonces es cuando las probabilidades empiezan a encogerse vertiginosamente. Llegamos a conclusiones tan decepcionantes como que el hecho de que del musgo primigenio haya surgido una mente que elabore la Teoría General de la Relatividad sólo ha podido darse aquí, en la Tierra. Es la única certeza que tenemos por ahora. Pero aún así, ¿y si existieran esos seres? El jueves que viene hablaremos de ellos.