Opinión
Nansen y la deriva polar
Por Ciencias
VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO
*Profesor de Investigación del CSIC
Un dicho popular, algo tonto, postula que los experimentos deben hacerse con gaseosa. Todos entendemos lo que quiere decir: puesto que se desconocen los resultados, razón misma de experimentar, conviene no poner en riesgo bienes muy valiosos al hacerlo. Evidentemente, no pensaba lo mismo el noruego Fridtjof Nansen quien, para probar que la banquisa de hielo ártico derivaba, sometió a un arriesgado experimento a su barco, a su propia persona y a sus compañeros.
En 1884 Nansen supo que los restos del pecio de un barco llamado Jeanette habían aparecido en la costa de Groenlandia. El buque había sido atrapado y destruido por los hielos perpetuos en el mar de Laptev, al norte de Siberia, tres años antes. ¿Cómo había llegado hasta allí? Tenía que haber pasado junto al polo norte desplazándose por el hielo. ¿Por el hielo o con el hielo?, se preguntó Nansen. ¿Acaso la banquisa, aparentemente estática, se movía? Para confirmar su hipótesis, decidió convertirse él mismo en sujeto y objeto de experimentación. Mientras que los marinos de entonces temían verse atrapados por el hielo polar, él lo provocaría. Se dejaría llevar, a ver qué pasaba.
Nansen encargó al escocés Collin Archar que construyera un barco, al que llamaron Fram, capaz de resistir la presión del hielo. El Fram, con víveres para cinco años, zarpó de Noruega con dirección norte, y luego este, en junio de 1893. En septiembre, como esperaban, quedó atrapado por el hielo. Durante dos años fue derivando en el sentido de las agujas del reloj, cuando Nansen se propuso otro objetivo. En marzo de 1895, con un compañero y numerosos perros,
abandonó la nave tratando de alcanzar el polo norte. Estuvo a punto de lograrlo, antes de volver por sus propios medios a Noruega. Al mando del Fram quedó el capitán Sverdrup, quien en agosto de 1896, tres años después de partir, sacó al buque del hielo en el mar de Groenlandia, demostrando que la deriva transpolar era un hecho.
Con todas las garantías de la tecnología y los conocimientos actuales, el viaje del Fram ha sido repetido hace poco por la goleta Tara, que por aquello del calentamiento global ha ido mucho más rápida. No diré que los riesgos asumidos por Nansen deban ser tomados como modelo por los investigadores, pero no me negarán su grandeza. Por su labor humanitaria, Fridtjof Nansen recibió en 1923 el Premio Nobel de la Paz.