Opinión
Nerón se está descojonando de todos nosotros
Por Manolo Saco
La leyenda histórica describe a un Nerón enloquecido, llorando de felicidad, contemplando el incendio de Roma provocado presuntamente por sus esbirros. Así imagino a los asesinos de ETA, viendo por televisión el incendio provocado por ellos entre las fuerzas democráticas españolas. Ardía Madrid mientras ellos se descojonaban de todos nosotros, abrasados en el incendio común de la gran manifestación, ellos txiquito en mano, borrachos de alegría.
La extrema derecha volvió a prostituir un acto en el que los demócratas y los presuntos demócratas unían sus voces para (presuntamente, también) repudiar en voz alta el terrorismo. En lugar de “ETA, dimisión” o “ETA, asesina” la alegre muchachada fascista gritaba “Zapatero, dimisión”y “Zapatero, asesino”. Una concentración incómoda para todos, incómoda para una extrema derecha a la que sus mayores le habían pedido que se comportara con el mejor repertorio de su educación (de su mala educación), una derecha que de muy mala gana tenía que defender la lucha antiterrorista del gobierno, una izquierda consciente de que el acto iba a ser utilizado por la derecha para su provecho, un centro que piensa erróneamente que la virtud está en el centro... El resultado ya lo habéis visto: apenas se hubiese llenado el aforo de un campo de fútbol de tercera con los asistentes.
Una manifestación a la que no acudió Rodríguez Zapatero porque algún manual de urbanidad política al que no he tenido acceso estipula que los presidentes de gobierno no deben asistir a una manifestación de repulsa contra el terrorismo. Si pillo al imbécil que redactó el manual podré explicarle tal vez la diferencia entre oportunismo y oportunidad, como en Barrio Sésamo.
Una manifestación contra el terrorismo a la que no asisten dos asociaciones ultranacionalistas, como el Foro de Ermua y AVT, mamporreros del PP allá donde plantan sus reales pancartas, que poseen en exclusiva la facultad de decidir qué víctimas son las buenas, y que han hecho de su condición de víctimas una profesión bien remunerada.
Una manifestación a la que acude el Partido Popular con la nariz tapada, y cuya presencia no es óbice para “comprender” que esas asociaciones de extrema derecha de su trastienda tengan motivos suficientes para no acudir con el resto de los demócratas.
Un Mariano Rajoy que hasta última hora estuvo mareando la perdiz sobre la conveniencia o no de acompañar a sus conmilitones a una manifestación contra el terrorismo. Una Esperanza Aguirre, la lideresa que sueña con la Moncloa, que subvenciona generosamente a esas asociaciones para que inviertan el dinero público en hacerle el trabajo sucio al PP.
Un Partido Popular que no hubiese acudido ni jarto vino a una manifestación de este tipo si no fuese porque las elecciones generales hacen demócratas a las mismísimas piedras. ¿Qué ha cambiado en España para que, ahora sí, el centro mismo de la extrema derecha pueda acudir bajo una pancarta que reza “por la libertad y la derrota de ETA”?
Una vez más, fue el triunfo de ETA, con el apoyo inestimable de la caverna a la que dicen aborrecer.