Opinión
El nuevo panorama aéreo nacional
Por Vicente Clavero
Si la reordenación del sector aéreo europeo va despacio, en España la cosa está que arde. Coincidiendo con la recta final del proceso de venta de Spanair, las dos compañías nacionales de bajo coste, Vueling y Clickair, han reconocido su deseo de fusionarse. Por lo tanto, es altamente probable que dentro de unos meses el panorama tenga poco que ver con el de ahora.
Desde la perspectiva empresarial, la unión de Vueling y Clickair es de puro sentido común, pues la competencia entre ambos operadores sólo ha servido para infligirles una severas pérdidas (alrededor de 100 millones de euros en conjunto el año pasado) y debilitar aún más su posición frente a la irlandesa Rynair y la inglesa Easyjet.
El accionista de referencia de Vueling (Inversiones Hemisferio, de JOSÉ MANUEL LARA, que controla casi un 27% del capital) y la familia SERRATOSA, a la que Iberia le ha dejado la voz cantante en Clickair, ya han mantenido varias reuniones, según reconocieron el lunes ante la CNMV. Pero el acuerdo aún está lejos.
En el supuesto de que finalmente se alcance, la aerolínea resultante sería la tercera de España y daría mucho juego a El Prat, donde permanecería su centro de operaciones. Esta circunstancia, de rebote, beneficiaría a la candidatura de Iberia sobre Spanair, que tiene en contra a la Generalitat, temerosa de que suponga un quebranto para el aeropuerto de Barcelona.
Para atenuar las suspicacias, FERNANDO CONTE, presidente de la compañía española de bandera, ha preferido mantenerse en un segundo plano. Si en las negociaciones con Vueling ha dejado el protagonismo a los Serratosa, la interlocución con los escandinavos de SAS, propietarios de Spanair, la está llevado JUAN MACARRÓN, primer ejecutivo de Gestair, líder nacional de vuelos privados y socio de Iberia en la operación.
El perfil bajo que Conte parece empeñado en conservar no ha impedido que se conozcan algunas de sus intenciones, encaminadas a ablandar las reticencias políticas con las que choca el deseo de Iberia de reforzarse. Una de ellas es dejar El Prat como base de tres aviones de Spanair que cubrirían rutas intercontinentales. El resto de la actividad, probablemente, se iría a Madrid, donde Iberia tiene la imperiosa necesidad de rentabilizar las costosas inversiones realizadas para la puesta en servicio de la T4.