Opinión
Con ojos de astrónomo
Por Ciencias
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ZOOLOGÍA PLAYERA // JAVIER ARMENTIA
* Astrofísico y director del Planetario de Pamplona
Aunque estemos acostumbrados a pensar, sobre todo cuando miramos el cielo durante una de estas maravillosas noches estrelladas de agosto, que el espacio es esencialmente un enorme vacío en el que tenemos los planetas y el Sol, las demás estrellas y nebulosas, las galaxias y... bueno, esas cosas que cuentan los documentales de astronomía, lo cierto es que la cosa es más complicada. Hasta hace menos de un siglo, hay que reconocerlo, los astrónomos venían a pensar más o menos lo mismo. El Universo que observamos con los herederos del anteojo de Galileo es sólo una pequeña fracción de todo. De hecho, las estimaciones nos dicen que la materia convencional, la que compone los planetas y las estrellas de todas las galaxias del cosmos, no llega a cubrir el 4% del total de la materia (o de la materia-energía, esa idea que nos regaló Einstein hace más de un siglo).
A mediados de la década de 1930, ya se empezó a sospechar que podría existir materia oscura, que no emite luz, pero cuya presencia, en un 22% del total, es fundamental para entender cómo rotan las galaxias o cómo se estructuran los cúmulos de galaxias... A lo largo de estos 70 años, no han parado de recogerse pruebas de su existencia, aunque precisar qué es realmente sea más complicado. Para colmo, en 1998, los astrónomos, a partir de la observación de supernovas lejanas, tuvieron que concluir que el grueso del Universo, un 74%, era energía oscura, una repulsión que empuja al cosmos a seguir expandiéndose cada vez más deprisa.
Las pruebas, también aquí, se acumulan. Y los teóricos siguen especulando para dar cabida a tanto poder oscuro dentro de la física. No es fácil, conste, no vale con los ojos de un astrónomo. El Ministerio de Consumo seguro que no aceptaba una lista de ingredientes tan sospechosa para un producto de tanta importancia.