Opinión
La oligarquía está en el club
Por Juan Carlos Escudier
-Actualizado a
El llamado grupo Bilderberg, ese club de ricos, reyes e influyentes reunido este fin de semana en Sitges, tiende a ser considerado una especie de logia de la oligarquía mundial, que cada año marca discretamente el rumbo que ha de seguir el planeta para que sus miembros sigan siendo ricos, reyes o influyentes. Los llamados a esa mesa alimentan mucho el morbo porque sus debates no son públicos, aunque entre los asistentes figuren editores de prensa como Juan Luis Cebrián, que a la hora de guardar un secreto es como una tumba de la Almudena.
En realidad, el club es mucho menos secreto de lo que parece. De hecho, no es sólo que se conozca el lugar de sus encuentros, algo fácilmente deducible porque entre los ciento y pico coches de lujo con sus respectivas escoltas siempre hay uno que se pierde y tiene que preguntar en el bar del pueblo dónde se reúnen los de Bilderberg; es que se sabe hasta el orden del día de las jornadas que, al parecer, este año están versando sobre el futuro del euro, el del dólar, el de Grecia y hasta el de Irán, entre otros futuribles.
Y si no es un secreto dónde se ven las caras ni el temario que abordan, tampoco lo son sus partícipes, entre los que aportamos como titular indiscutible en la alineación a la mismísima Reina, que no se pierde un cónclave, pasando por la chica de los Botín, Ana Patricia, José Manuel Entrecanales, presidente de Acciona y rey del pelotazo, Pedro Solbes, Bernardino León, Ruiz-Gallardón o el ya citado Cebrián. Es decir, que ni tan secreto ni tan selecto. Zapatero se ha acercado a saludar pero, por suerte, no le han dejado quedarse a los debates. Ya estuvo en Davos, que es lo mismo pero con menos sangre azul, y desde entonces se le nota muy cambiado, con una obsesión enfermiza por dar confianza a los mercados.
Aunque no sepamos exactamente de lo que hablan, no es difícil imaginarlo. De lo que sí estamos seguros es de lo que no tratan. Creado para promover el entendimiento entre Europa y EEUU y oponerse al comunismo, al club centra ahora su interés en todo lo que cotiza. La pobreza o el hambre no son de su incumbencia, además de que es de muy mal gusto referirse a esos temas en hoteles de cinco estrellas. No hay que tenerles envidia. Son pocos los que aceptarían estar en un club que admite a Rumsfeld como socio.