Opinión
Una operación que choca con crecientes resistencias
Por Vicente Clavero
Nadie sabe si Sacyr acabará vendiendo o no su 20% en Repsol, pero está claro que el simple anuncio de su disposición a hacerlo ha llevado la intranquilidad a la propia petrolera y al Gobierno. Esa posibilidad no formaba parte del guión, a pesar del precedente sentado por otra de las grandes constructoras, ACS, que inició en julio su retirada del negocio energético. De ahí que el encargo hecho el mes pasado por LUIS DEL RIVERO a Dresdner para que le encuentre comprador cogiera por sorpresa a casi todo el mundo.
El presidente de Repsol no tuvo empacho en reconocer hace unos días que le gustaría que Sacyr no se fuera, cosa comprensible por su condición de socio básicamente financiero, poco proclive por tanto a interferir en la gestión. Un accionista de otra índole, sobre todo si opera también en el sector de los hidrocarburos, sin duda sería menos cómodo e incluso comprometería la “independencia” de la compañía, según ANTONIO BRUFAU.
Al Gobierno tampoco le ha entusiasmado la idea de que Sacyr haya puesto en venta su 20%, ya que ha eso reavivado el viejo interés de algunas multinacionales por Repsol. Total, Shell y más recientemente Gazprom han hecho saber que estarían dispuestas a adquirir aquellas acciones, sobre todo si es posible sumarle otras y conseguir un paquete de control. La pérdida de la españolidad de Repsol es precisamente lo que más preocupa el Gobierno, como ha reconocido públicamente el ministro de Industria.
MIGUEL SEBASTIÁN se ha comprometido a no intervenir si un gigante extranjero intenta hacerse con la participación de Sacyr, pero el aviso para navegantes está lanzado y, en consecuencia, ya nadie puede llamarse a engaño. Aunque Total, Shell, Grazprom o quien sea pueden hacer de su capa un sayo, es evidente que el Gobierno español no les da la bienvenida, lo cual supone un grave inconveniente para desenvolverse en una actividad sometida todavía en muchos aspectos a la discrecionalidad de la Administración.
Por otra parte, la inquietud con que el ministro ha acogido la eventual venta del 20% de Repsol está plenamente justificada, ya que la compañía tiene un peso considerable en la producción y distribución, gracias a sus cinco refinerías y a las 3.600 estaciones de servicio con las que cuenta a lo largo de todo el territorio nacional.
Mucha tela por cortar
En cualquier caso, la operación todavía se encuentra en mantillas y en el sector hay quien incluso pone en duda que el supuesto deseo de Sacyr de soltar su paquete en Repsol sea sincero. Es verdad que, si lo vende, Luis del Rivero podría soltar parte del lastre que supone su voluminosa deuda, que ronda los 20.000 millones de euros. Pero también es cierto que tiene en su mano otras opciones susceptibles de contribuir a ese mismo fin.
La principal alternativa
Una de ellas es la venta de su filial de concesiones Itínere, que en los últimos tiempos ha recibido un fuerte empujón, bajo la dirección de su consejero delegado, FRANCISCO JAVIER PÉREZ GRACIA, debido sobre todo a la compra de la Empresa Nacional de Autopistas y de Europistas. Itínere, no obstante, le dio a Sacyr un serio disgusto la pasada primavera, cuando tuvo que suspender la salida a bolsa de un 30% del capital por falta de demanda.
Una desinversión más
Luis del Rivero ya ha tenido que deshacerse este año de otro de sus grandes activos, el 33,3% de la francesa Eiffage, que enajenó después de un retahíla de conflictos con sus socios locales y sin obtener un solo euro de plusvalía. Los cerca de 2.000 millones logrados en esta operación fueron destinados a reducir la deuda de Sacyr, cuya cuenta de resultados está acusando la crisis inmobiliaria, como las de todas las constructoras españolas.