Opinión
Las palabras y las cosas
Por Varios Autores
-Actualizado a
ANTONIO AVENDAÑO
En la primera jornada de la sesión de investidura como presidente de Andalucía, Manuel Chaves pronunció su discurso menos discursivo, su discurso más terrestre, doméstico y concreto. Por supuesto que se trató de una intervención muy larga y algo pesada, pero es que está en la tradición y aun en la naturaleza de las sesiones de investidura hacer discursos presidenciales largos y pesados: es la manera que tienen los presidentes de hacer notar que lo son.
La concreción y el detalle en fechas, cifras, proyectos y compromisos contenidos en el discurso de Chaves responden a una certera intuición política según la cual las grandes palabras han dejado de tener futuro. Futuro y audiencia. Asistimos a un cierto desarme ideológico que fácilmente favorece a la derecha, y la mejor manera de contrarrestar esa crisis de las grandes palabras es apostando por las pequeñas cosas que mejoran la vida de la gente. ¿Que cómo se hace eso? Pues como relató ayer el presidente andaluz: comprometiendo becas, casas, ordenadores, guarderías, carreteras, hospitales, profesores.
Una de las razones, si no la primera, del fracaso de las convocatorias para refrendar los nuevos Estatutos, el de Andalucía desde luego, pero también el de Cataluña, es que se trata de textos muy lastrados por las grandes palabras justamente en un tiempo en que la gente ha dejado de creer en ellas. Los Estatutos son artefactos demasiado metafísicos para este tiempo tan contrario y tan ajeno a la metafísica. Las elecciones ya no se ganan con las palabras. Las elecciones se ganan con las cosas.