Opinión
Paparruchas de la nueva era
Por Ciencias
CIENCIA DE PEGA// MIGUEL ÁNGEL SABADELL
Maurice B. Cooke, un canadiense que cambió los negocios terrenales por los espirituales, contacta con un ente de energía llamado Hilarion (no se trata precisamente del viejecito adinerado de La verbena de la Paloma), que dice que “los científicos han incurrido en el error de presuponer que el electrón es algo… Alrededor de la masa condensada de éter (que es el protón) hay círculos concéntricos de alta vibración transversal, y en estos círculos concéntricos toman forma los diversos electrones”. Aún mejor era el médium de Waynesboro, Virginia, Walter Russell, que en la década de 1940 canalizaba nada menos que a Dios: “En Mi universo existe sólo una forma... el cubo-esfera pulsátil, las dos mitades de Mi pensamiento dualista”.
James J. Hurtak ha recibido “información técnica” procedente de seres “no físicos” cuyos nombres parecen sacados de mangas: Enoch y Metatron. El propagandista de lo paranormal Jon Klimo califica este material de contenido científico denso y complejo: “La valencia de la transfiguración tiene lugar cuando las energías biogravitacionales, que controlan la centropía de inteligencia del ácido ribonucleico, se concentran dentro de un nuevo espectro de energía de astros que controlan los campos moleculares magnetohidrodinámicos”.
Jach Pursel era un inspector regional de seguros en Florida que descubrió el don de la canalización gracias a su ente particular, Lazaris. Así dice que contacta con nosotros: “El amor en que estamos desciende... y se convierte en longitudes de onda, longitudes de onda de luz. Cuando la frecuencia choca con las cuerdas vocales (del médium) se convierten en partículas-partículas, frecuencias de vibración que luego se amplifican”. ¿Y qué decir de Ruth Norman y sus aparatos “que trabajan en energías de ondas en vórtice disminuidas de los niveles superiores a los nuestros”?
Ya saben qué deben hacer para vivir (y muy bien) del cuento: infantilidad supina en las pocas ideas claras e inteligibles y un uso totalmente surrealista y majadero de expresiones científicas. Después nos quejamos que la ciencia no vende.