Opinión
Pensamiento colateral
Por Ciencias
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
El otro día, en La parida de l’Andreu, el protoblog del excelente escritor Andreu Martín, alguien nos retó a encontrar el siguiente número de la serie 2, 10, 12, 16, 17, 18, 19... De momento no voy a dar la solución, pero sí una pista (no porque quiera allanarles el camino a mis esforzados lectores y lectoras, sino porque tiene que ver con el tema del artículo). Y la pista es que mi bilingüismo y mi dedicación alternativa (y a veces simultánea) a las matemáticas y a la literatura me facilitaron mucho la tarea. También me la facilitó el recuerdo de otra serie emparentada con la anterior: 5, 4, 2, 9, 8, 6, 7... Y otra más, cuyo parentesco es menos próximo que aparente: 11, 12, 13, 14, 15, 21, 23...
Cuando vemos una serie de números (sigo dando pistas a mi pesar), intentamos relacionarlos, en primer lugar, en función de las cuatro operaciones, y solemos empezar por las más simples: la suma y la resta. En la primera serie los números están dispuestos en orden creciente, por lo que lo más probable es que, de forma automática, busquemos un algoritmo aditivo que nos permita pasar de uno a otro; pero ese 2 aislado y el hecho de que los cuatro últimos sean consecutivos nos deja un tanto perplejos. En la segunda serie el orden fluctúa, y seis de los números forman parejas de consecutivos: 5-4, 9-8, 6-7; eso debería significar algo, pero ¿qué hacer con ese otro 2 descolgado? La tercera serie también es creciente, y parece muy similar a la primera, con esos cinco términos consecutivos y ese salto brusco a la pareja 21-23; pero ya he dicho (otra pista) que el parentesco es más aparente que real...
Y aquí interviene el “pensamiento lateral” (que eventualmente puede beneficiarse, como en mi caso, de los efectos colaterales del bilingüismo o el pluriempleo). Como su nombre indica, el pensamiento lateral consiste en apartarse de la línea de razonamiento más directa, evidente o rutinaria para intentar caminos totalmente distintos, y que a primera vista incluso puede parecer que nos alejan de nuestro objetivo. La consabida “tormenta cerebral” (brainstorm) a la que suelen recurrir los creativos de algunas empresas tiene por objeto poner de manifiesto el mayor número posible de vías laterales, con la esperanza de que alguna de ellas conduzca a la solución buscada. La búsqueda en grupo es más eficaz, pues es más fácil saltarse los obstáculos mentales de los demás que los propios; pero estoy seguro de que mis sagaces lectores completarán sin ayuda las tres series propuestas.