Opinión
¿Pero quién quiere que Lukoil entre en Repsol?
Por Vicente Clavero
El soufflé que se preparó la semana pasada a cuenta de la entrada de Lukoil en el capital de Repsol parece que empieza a desinflarse, lo que da la razón a quienes siempre han puesto en duda que las negociaciones estuvieran tan avanzadas como inicialmente se dijo. Desde que el jueves por la tarde circularon las primeras noticias sobre el particular, cada día han quedado al descubierto nuevas aristas de una operación que hoy por hoy no acaba de convencer ni a los vendedores, ni a los compradores, ni a la banca, ni a parte del Gobierno.
Pese a la delicadísima situación económica por la que atraviesa, deshacerse del 20% que tiene en Repsol supondría un serio contratiempo para Sacyr Vallehermoso, cuyos resultados dependen en buena medida de la petrolera desde que se agudizó la crisis inmobiliaria en España. La venta de ese paquete aliviaría sustancialmente la pesada carga de la deuda que soporta el grupo de LUIS DEL RIVERO, pero dejaría temblando sus cuentas, que se saldaron durante los nueve primeros meses de 2008 con un beneficio de 410 millones, de los que 303 era imputables a Repsol.
Lukoil, a falta de otro candidato mejor, proporciona a La Caixa la posibilidad de perder de vista a Sacyr, que últimamente sólo aporta inestabilidad al accionariado de Repsol, y de paso colocarle a los rusos un trozo de su participación para hacer caja, cosa muy de agradecer en estos tiempos de pertinaz sequía financiera. Sin embargo, la bronca política y mediática que se ha desatado ante el eventual desembarco de los rusos recuerda mucho la que tuvo lugar a raíz de la fallida opa de Gas Natural sobre Endesa, que tantos quebraderos de cabeza procuró a ISIDRE FAINÉ y su entorno.
Para Lukoil, que sigue sin decir públicamente esta boca es mía, las condiciones impuestas por los vendedores son difíciles de aceptar. No tendría control sobre Repsol, debería renunciar a toda influencia sobre Gas Natural y en el futuro sobre Unión Fenosa, y permanecería en la petrolera española prácticamente como un simple socio financiero. Eso sí, a la hora de pagar, se le exigiría lo mismo que si fuera a convertirse en el nuevo dueño y señor de Repsol: una prima de en torno al 100% respecto de la cotización actual, que no llega a los 15 euros.
Una prima incomprensible
Si Lukoil aceptara ese precio, el 29,9% de Repsol, porcentaje a partir del cual estaría obligado a lanzar una opa, le costaría alrededor de 10.000 millones. A pesar de la magnitud del desembolso, y en función de lo previsto en los estatutos, los derechos políticos de los rusos en ningún caso podrían exceder del 10%. Dicho claramente: en estas condiciones, entrar en Repsol es un mal negocio para Lukoil, pues el 10% de la petrolera española vale en Bolsa 1.700 millones.
Las dudas de la banca
Los acreedores de Sacyr, que hace dos años le prestaron el dinero para meterse en Repsol, vieron el cielo abierto cuando se enteraron de que los rusos estaban interesados en comprar el 20% en manos de Luis del Rivero. Pero resulta que Lukoil, por lo visto hasta ahora, no tiene liquidez para pagar en metálico, ni solvencia crediticia suficiente para suponer que, si asume la deuda, vaya a ser mejor pagador que Sacyr, por más garantías adicionales que se le exijan.
Contraindicaciones políticas
A algunos miembros del Gobierno, en fin, nunca les ha entusiasmado que Lukoil se instale en Repsol con mando en plaza, habida cuenta su evidente supeditación a los intereses estratégicos del Kremlin, común a la mayoría de los colosos energéticos de Rusia. Además, si Lukoil tomara el control de Repsol, prácticamente toda la red de distribución y la capacidad de refino de España, ya muy entreveradas de multinacionales, quedarían en manos extranjeras.