Opinión
Ellos las prefieren maduras
Por Ciencias
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ZOOLOGÍA PLAYERA // AMBROSIO GARCÍA LEAL
*Biólogo e investigador de la sexualidad humana
Estoy tumbado en la arena, entretenido en el estudio antropométrico del personal femenino, cuando la visión anticlímax de una sesentona en topless me hace evocar la imagen de Flo, la hembra alfa de la comunidad de chimpancés salvajes descrita por Jane Goodall en su libro En la senda del hombre. Flo impresionó a Goodall tanto por su desenfreno sexual como por el revuelo que causaba entre los machos cada vez que entraba en celo. En su época de máximo esplendor era la hembra más vieja del lugar: calva, desdentada, con la nariz tuberosa y las orejas caídas. Puede que los de su especie valoraran su belleza interior, pero nosotros, acostumbrados a asociar la belleza con la juventud, nos preguntamos cómo puede uno sentirse sexualmente atraído por un ser tan repulsivo.
Mitos eróticos con estilo
La razón de esta discrepancia es que, a diferencia de nosotros, los chimpancés no se emparejan a largo plazo y, además, no conocen la menopausia. Por eso la edad de la pareja sexual de turno es irrelevante y el atractivo femenino está por completo desligado de la juventud. En realidad, para un chimpancé macho, cualquier hembra fecundable es igual de atractiva que cualquier otra. Pero dado que es imposible acapararlas a todas, los machos dominantes concentran su celo en unas cuantas hembras favoritas. Y a la hora de elegir, atienden sobre todo al rango y la experiencia de sus parejas potenciales, y no a su aspecto físico. Por eso las hembras de chimpancé más cotizadas pueden permitirse ser un adefesio. Si los varones fueran como los chimpancés, nuestros mitos eróticos serían mucho más del estilo de Margaret Thatcher que de Marilyn Monroe. Pero nosotros, a diferencia de los chimpancés, nos enamoramos de adolescentes y nos emparejamos hasta que la menopausia nos separe.