Opinión
Un presupuesto como moneda de cambio
Por Público -
ALFONSO EGEA DE HARO
Profesor de Ciencia Política
Lejos quedan los tiempos en los que el Banco Central Europeo (BCE) era criticado por basar sus decisiones en la contención de la inflación, olvidándose del crecimiento y el empleo. Corría el año 2006 y, justo antes de la crisis económica, el presidente francés Sarkozy cuestionaba uno de los pilares del gobierno económico europeo: la independencia de la política monetaria del control de gobiernos o mayorías parlamentarias y su orientación exclusiva a controlar la inflación. Es cierto que la posición francesa estaba basada no tanto es una visión global del gobierno europeo cuanto en la coyuntura interna con una tasa de desempleo cercana al 9% y un menor ritmo de crecimiento respecto al promedio europeo. Sin embargo, esta crítica del Gobierno francés permitió abrir un debate que hoy ha desaparecido.
La efímera posición francesa, aunque levemente resurgió en 2008, fue rotundamente criticada por atentar contra la independencia del BCE. En la actualidad, Francia y Alemania hacen frente común, no se cuestionan los objetivos de la política monetaria y todo el peso del debate recae en la política fiscal y la limitación del déficit público. Alemania ha encontrado en Francia un aliado para la reforma del Tratado de Lisboa: sancionar a los países sin disciplina fiscal con la pérdida de derechos de voto.
Este nuevo escenario tiene una serie de consecuencias. Primero, una posible reforma del Tratado de Lisboa abriría nuevamente un período de suspense con las necesarias ratificaciones internas por parte de algunos países. Segundo, una vez superadas las divergencias entre Francia y Alemania, el BCE ve reforzada su posición y no se limita a diseñar la política monetaria sino que entra de lleno en la política fiscal: el BCE defiende un endurecimiento de las sanciones a los países con déficit excesivo hasta llegar a la imposibilidad de acceder a los fondos y ayudas europeos. Tercero, los gobiernos nacionales ven cómo se limitan aún más sus herramientas de política económica sin que ello se equilibre con una mayor capacidad de maniobra del gobierno europeo (Alemania ya ha cerrado la puerta a un posible impuesto europeo).
La próxima semana será decisiva para lograr un acuerdo sobre el presupuesto comunitario de 2011. Y en este escenario todo parece indicar que un presupuesto restrictivo será la moneda de cambio para atemperar el ímpetu del frente Francia-Alemania-BCE en castigar el déficit excesivo.