Opinión
El primer milagro de Loyola
Por Manolo Saco
El tema de conversación de la semana va a ser, sin duda, la reunión el viernes entre Zapatero y Rajoy. No deja de ser asombroso que algo como los contactos entre el presidente de un gobierno y el jefe de la oposición, que deberían ser un suceso rutinario, pasen a ser noticia por sí mismos, independientemente del temario que vayan a abordar.
Una vez más es el dueño del “talante” quien ha invitado a su oponente a conversar. ¿Por qué, tras nueve meses de desencuentros, Rajoy por fin acepta? Los románticos prefieren pensar que el espíritu de Loyola de Palacios ha forzado el encuentro, con aquellos cinco minutos ya famosos en que Zapatero se acercó al jefe de la oposición para darle el pésame por la muerte de su compañera ex ministra. ¡Se han hablado, es el primer milagro de Loyola!
Pero yo, como no creo en los milagros, sólo pienso que subyace una razón mucho más humana, tan humana como la corrupción que salpica a toda la clase política. Como no se atreven a pactar en público un saneamiento de las filas propias, tal como venimos pidiendo muchos ciudadanos, van a tener que tratarlo en privado. Oficialmente, dentro de la reunión se hablará de algo tan genércio como los “temas fundamentales del país”, con una atención especial a la marcha del proceso de paz en Euskadi, del que ambos no están de acuerdo ni en el nombre. Aparentemente la reunión ya pinta mal en sus prolegómenos, pues Rajoy ya va rezongando por ahí que duda de que sirva para algo, porque no piensa ceder ni un ápice en lo que él llama el precio político a pagar por la paz.
Así que el escenario es perfecto. Como he sido inoculado del nuevo periodismo mundial en el que las teorías conspiratorias tienen más valor que los datos contrastados, puedo decir y digo que a los guionistas de Génova 13 les preocupa más el guión de lo que van a contar oficialmente a la salida que el temario de la reunión. Tendremos posiblemente una versión corregida de aquella otra en la que Rajoy, tras entrevistarse con ZP, nos comunicó que “entré preocupado y salgo más preocupado”.
Mi teoría conspiratoria me dice que lo de la paz en Euskadi es la pantalla, y que lo que en realidad importa es parar el espectáculo de la corrupción que tanto está afectando a la credibilidad de las instituciones del estado y de los políticos. Aunque cada uno se debe a su público, sobre todo el PP que no piensa dar ni un paso atrás en el asunto de la negociación con ETA, el leit motiv de su campaña de oposición de aquí a las generales. Así que la escenificación del “desencanto” a la salida de la reunión no debe cogernos por sorpresa.
A solas los dos, quiero pensar que el asunto de Andratx, engordando día a día como una bola de nieve rodando precipicio abajo, va a propiciar un pacto de estado de alerta sobre la corrupción en sus propios partidos. Porque, una de dos: o cercenan del poder público a sus militantes sospechosos de corrupción, o dedicarán las mañanas de lo que les queda de vida desayunándose con las noticias de las prevaricaciones, robos, malversaciones y ladrillazos varios saltando como liebres de periódico en periódico y de radio en radio.
No sé cómo acabará la cosa de aquí al viernes, con Jaume Matas, el presidente balear, respaldando todavía a su consejero de Interior y presidente del PP en la comunidad, José María Rodríguez. Hay unas cintas grabadas de conversaciones telefónicas en manos del juez que instruye el caso que pueden salpicar a todo el gobierno de las islas, y convertir el órdago de Matas en un grandísimo ridículo. Yo, de Jaume Matas, esperaría al viernes para tomar posiciones, porque, se mire por donde se mire, no tiene muy buena pinta la orina de enfermo de su consejero de Interior.