Opinión
‘Raisons du cœur’
Por Público -
Tras la fiesta de posesión de la nueva presidenta de Brasil,
Dilma Rousseff, muchos periódicos publicaron una curiosa foto. Mostraba al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, con el de Venezuela, Hugo Chávez, y la secretaria de Estado de los Estados Unidos Hillary Clinton, riendo los tres a carcajadas.
¿De qué se ríen esos tres? Motivos no parecen tener muchos. El jefe de Clinton, el presidente Barack Obama, no sólo tiene que seguir lidiando la ya larga crisis económica, sino que ahora tiene un Congreso casi mayoritariamente hostil en el que los republicanos están decididos a sabotear sus reformas e impedir su reelección. Y en el campo internacional tampoco hay mucho lugar para el regocijo: las guerras siguen perdiéndose, lo del Medio Oriente entre palestinos e israelíes sigue manga por hombro, empeora lo de Irán, se complica lo de las dos Coreas. ¿Será la de Hillary simplemente una risa nerviosa?
Tampoco a Chávez, en los últimos tiempos, la vida le sonríe. Es cierto que acaba de hacer aprobar una “ley habilitante” que le permitirá gobernar durante año y medio por decreto; pero la necesitó porque ahora tiene frente a él una oposición parlamentaria activa que antes no existía, y porque su popularidad ha descendido considerablemente como consecuencia de su mal gobierno: la reducción de la producción petrolera, el desbarajuste general de la economía, el desabastecimiento alimentario, el crecimiento desbordado de la violencia urbana.
Queda Santos. Empezó su Gobierno con buen pie hace cuatro meses, y sigue teniendo en las encuestas un asombroso puntaje del 90%. Pero ya se le han abierto fisuras en su coalición de Gobierno; la prensa, en un principio casi unánimemente favorable, empieza a ponerle reparos; y, sobre todo, se le ha venido encima un invierno de lluvias e inundaciones cataclísmicas que han anegado millones de hectáreas del campo agrícola y ganadero, han arrasado docenas de pueblos y dejado sin techo a más de dos millones de personas, han sacado los ríos de madre y provocado derrumbes de montañas sobre casi la mitad de las carreteras del país. Todo lo cual se suma, claro, a los problemas preinvernales: la guerrilla, el narcotráfico, el desempleo, la miseria.
¿De qué se ríen, pues, esos tres? ¿Y por qué se ríen juntos, si hasta ayer mismo, hasta la foto, eran enemigos acérrimos?
Habría que pensar, con Pascal, que el corazón (o en este caso la política, puesto que los políticos carecen de corazón) tiene razones que la razón no comprende.