Opinión
Un relevo más complejo de lo que parece
Por Vicente Clavero
A cambio de una porción mayor del apetitoso pastel de Caja Madrid, ESPERANZA AGUIRRE consiguió hace poco la complicidad de IU, de la federación de banca de CCOO y de un grupo de impositores para tomar el control de la institución. Fuera del acuerdo quedaron, no obstante, el Ayuntamiento, el PSOE, UGT y otras entidades cuyo concurso es imprescindible porque juntas, a día de hoy, continúan teniendo la mayoría en los órganos de gobierno.
La Comunidad ha intentado ganarse su apoyo apelando a la conveniencia de que Caja Madrid recupere la serenidad perdida, sobre todo en un momento en que la crisis amenaza con poner patas arribas el sector. Y lo ha hecho sin ruborizarse, como si fuera ajena a las turbulencias que vienen zarandeando al cuarto grupo financiero español desde que Aguirre decidió tomárselo al asalto el año pasado, harta de que MIGUEL BLESA no dijera amén a todas sus sugerencias.
Sin embargo, pese a ese cínico llamamiento, la presidenta no ha obtenido la adhesión del PSOE ni de UGT ni de ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN, que es consciente de los riesgos que entrañaría ponerle Caja Madrid en bandeja a su mayor adversaria política. Utilizada sin demasiados escrúpulos, semejante maquinaria puede dar para mucho, pues los depósitos de clientes suman más 140.000 millones, casi ocho veces el presupuesto de la Comunidad.
Según los cálculos de Aguirre, sólo MARIANO RAJOY podría doblegar al alcalde, cuyas expectativas se han enfriado después de que el presidente del PP haya salido airoso de las últimas citas electorales. Pero, aun cuando Ruiz-Gallardón cediera, el problema no se habría resuelto porque la clave para sacarle partido al reciente pacto en Caja Madrid estriba en encontrar un candidato aceptable para relevar a Blesa.
De hecho, el texto del acuerdo deja claro que los firmantes apoyarán al que proponga la Comunidad tras valorar “su idoneidad y adecuado perfil”, y eso significa que Aguirre no tiene carta blanca y deberá negociar el nombre.
Se necesita experiencia
Atendiendo a la delicada situación en la que están inmersas las cajas de ahorro y a la elevada probabilidad de que la de Madrid juegue un papel relevante en la reestructuración del sector, sería de todo punto lógico que el nuevo presidente conociera la institución a fondo. Miguel Blesa, cuando accedió al cargo en 1996 por expreso deseo de JOSÉ mARÍA aZNAR, llevaba cuatro años de consejero y, por tanto, mal que bien sabía lo que iba a encontrarse.
Sin connotaciones partidistas
Si esta vez se optara también por alguien de la casa, como el sentido común parece aconsejar, las posibilidades se reducen de forma considerable, pues los actuales miembros del consejo que podría ser presentados por el PP adolecen de una evidente impregnación política. Estanislao Rodríguez Ponga, José Manuel Fernández Norniella, Mercedes de la Merced, Ricardo Romero de Tejada... son personas del partido difícilmente digeribles por la izquierda.
¿El recurso final?
De ahí que dentro y fuera de la propia Caja Madrid empiece a barajarse la posibilidad de una prórroga del statu quo vigente, al menos hasta que amaine el temporal financiero y las aguas vuelvan a su cauce. Hay un horizonte temporal que podría servir de referencia para proceder al cambio: la renovación de los representantes de los impositores y los trabajadores en 2012. Pero ¿aceptaría Aguirre ese exiguo viaje después de haber cargado tanto sus alforjas?