Opinión
Respeto al artista
Por Rafael Reig
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Vivimos tiempos de falsas polémicas envenenadas de mala intención política. El arte crea conciencia y promueve los derechos humanos y el multilateralismo, pero hay quien prefiere escandalizarse por el chocolate del loro, en lugar de admitir que la cúpula de Miquel Barceló, uno de los artistas de mayor prestigio mundial, constituye una contribución decisiva para la promoción de la defensa de los derechos humanos. Como ha explicado el ministro Moratinos, “el arte no tiene precio”. En lugar de criticar lo irrelevante, ¿por qué no se habla más de la obra, como reclama el propio Barceló? Una obra de repercusión mundial, comparable a la vidriera de Miró en la ONU.
MARTÍN JIMÉNEZ MONTOVIO SALAMANCA
Pues ya podía comer caviar ese condenado loro, oiga. Medio millón del Fondo de Ayuda al Desarrollo ha ido a parar a este proyecto. Entre el embajador y el Ministerio han logrado embrollar todavía más la cosa (sin desglosar ni una sola cifra, por supuesto): para tranquilidad general, afirman que da igual, porque ese dinero no se iba a dedicar a ayuda al desarrollo de todas formas, sino que estaba destinado a “financiación de las aportaciones españolas a organismos internacionales no financieros”. Formidable, un aplauso, pero la pregunta no era si técnicamente es legal, sino si les parece moralmente aceptable gastarse la pasta así. A mí no, ni aunque fuera la Capilla Sixtina. Yo antes era partidario de aumentar (por lo menos) al 0,7% la ayuda al desarrollo. Ahora no. ¿Para embadurnar una cúpula con 35.000 kilos de pintura? Amos anda.
El pintor, por su parte, ha seguido el guión: se ha mostrado púdico, ajeno a todo interés material, porque su reino no es de este mundo, ¡que para eso es uno artista, leñe! Cuando se le pregunta cuánta pasta se ha levantado, no responde y afirma: “No me gusta, me incomoda. Está claro que he trabajado durante dos años intensamente”. Formidable: no molesten al artista mencionando el vil metal, que le incomoda, que no le gusta. Luego añadió: “Me parece una polémica un poco estrambótica. Y de la obra ¿qué se dice?”. O sea, en el más puro estilo Umbral: ¡oiga, que yo he venido aquí a hablar de mi libro! Otro aplauso.
¿La obra? Pues no sé. Será sublime, ¿no? Y ya puede, por 20 millones de euros. Lo que ocurre es que el 40% de esa pasta es dinero público. Y 500.000 euros eran del Fondo de Ayuda al Desarrollo. En ese caso, a mí, semejante obra me parece una patochada indecente.