Opinión
El Rey y los vasallos
Por Javier Vizcaíno
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El desquite llegaba en el despliegue dedicado al sarao en el interior -cinco páginas de La Razón por dos de ABC- y, como guinda, en los editoriales. Aunque los dos eran pura mermelada, la concentración de azúcar del publicado por diario de Francisco Marhuenda rozaba el riesgo de coma diabético: “Nada puede ser más justo e indiscutible que reconocer en Don Juan Carlos a la principal figura que encabezó la transformación democrática de España, que fue decisiva en la reconciliación de todos los españoles y que, cuando estos logros corrieron serio peligro, salió en su defensa de manera enérgica, inequívoca e intachable”. Y así, en cada párrafo. Triunfo inapelable para La Razón.
¡Qué cruz!
Habrá que decir en descargo de ABC que había quemado todas sus energías en el otro editorial del día, dedicado a la propuesta de ir retirando los crucifijos de la aulas. Aunque la iniciativa es de ERC y se basa en el dictamen del Tribunal europeo de Derechos Humanos, la santa ira tuvo otro destinatario: “El furor anticlerical del PSOE parece no tener límites ni matices y cualquier cosa le sirve para insistir en su estrategia de acoso a la Iglesia Católica. La discutible sentencia del Tribunal de Derechos Humanos sirve de coartada al PSOE, inmerso en una estrategia de división que se enmarca en su nada disimulado intento de cambiar el código de valores de la sociedad para imponer su particular modelo ideológico”.
Afligido por el mismo dolor, Juan Manuel De Prada nos regalaba desde Cope una de sus demasías: “Nada de nuestra Historia es comprensible sin la cruz. El saber necesita algo que lo unifique, y evidentemente lo que unifica el saber occidental es ese crucifijo”. Pueden ir en paz.