Opinión
Rouco y la familia esquimal
Por Marco Schwartz
-Actualizado a
El cardenal Rouco encabeza hoy, en la céntrica plaza de Colón, en Madrid, una “misa de apoyo a la familia”. No podrá quejarse de este Estado aconfesional que, además de colaborar en la financiación de la Iglesia, le facilita despliegues proselitistas en espacios públicos.
Como ya apuntó ayer en estas páginas Javier Ortiz, choca al intelecto que obispos y curas se erijan en defensores de la institución familiar, cuando, por su condición célibe, sólo la conocen de oídas y no hacen ningún esfuerzo biológico por perpetuarla.
¿Y a qué familia va dirigida la misa? A la que sabemos: matrimonio de varón y mujer, con hijos si los hubiere. La bendición no cubre a los homosexuales, aunque, por fortuna, la democracia les ha proporcionado a los gays una bendición mucho más eficaz en términos cívicos: la igualdad plena de derechos, que incluye el de fundar una familia.
Siempre he pensado que uno de los mayores atractivos biográficos de Jesús es que nunca tuvo ni creó una familia típica, de las que tanto gustan a Rouco. Su madre quedó preñada sin haber mantenido contacto carnal con el marido. Este, un carpintero de nombre José, sopesó divorciarse, pero un ángel lo convenció de que el embarazo era obra del Espíritu Santo. Ya mayor, Jesús se dedicó a vagar por Palestina, criticando la hipocresía de la institución religiosa, junto a doce hombres y “algunas mujeres que habían sido curadas de enfermedades y espíritus malignos”. En cierta ocasión, mientras predicaba ante una multitud, alguien le dijo: “Tu madre y tus hermanos están afuera, quieren hablar contigo”. Él contestó: “¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos?”, y señalando a sus discípulos, dijo: “He aquí a mi madre y mis hermanos”.
Supongo que Rouco prefiere una familia más convencional. En concreto, la que el antropólogo del siglo XIX Lewis H. Morgan catalogó como de tipo esquimal en su célebre estudio sobre lazos de parentesco. Y la que Federico Engels describió en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. Según Engels, la monogamia apareció “bajo la forma de esclavización de un sexo por el otro”, y el matrimonio moderno, por su raíz económica, “se convierte a menudo en la más vil de las prostituciones, sobre todo en la mujer(...)”.
Existen muchas familias bien avenidas, sin duda, pero, ¡cuántos destinatarios –sobre todo mujeres– de la misa de hoy suscribirían sin vacilar estas palabras escritas hace 125 años! Tal vez, señor Rouco, convenga no dar batallas con un tema tan complejo como la familia.