Opinión
Singularidades
Por Ciencias
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
*Escritor y matemático
A partir de la observación de lo particular, que es lo único directamente observable, la ciencia –al igual que su madre, la experiencia– intenta encontrar reglas generales cada vez más precisas, que den cuenta de forma fidedigna y operativa de un amplio número de casos. Pero esas reglas nunca son totalmente seguras ni definitivas. Y además tienen excepciones. Y a veces esas excepciones son tan excepcionales, valga la redundancia, que entran en una categoría distinta y merecen otro nombre. Un cuervo blanco es una notable excepción de la regla que dice que los cuervos son negros; pero, por más llamativo que resulte su albinismo, sigue siendo un cuervo a todos los efectos. Pero si de un huevo de paloma saliera un aguilucho (no es una metáfora política), sería algo más que una excepción. Sería un fenómeno tan insólito y difícil de explicar que movilizaría a todos los biólogos del mundo y obligaría a revisar las teorías al uso. Sería una singularidad.
Un agujero negro es una singularidad: las leyes de la física habituales no son aplicables a esos puntos prácticamente inextensos y de densidad inimaginable, que no se parecen a ningún otro objeto (si es que cabe seguir hablando de objeto) conocido o tan siquiera concebible. Pero un agujero negro es una singularidad oculta: en sus proximidades, el campo gravitatorio es tan intenso que no puede escapar de él ni la luz. Por lo tanto, la singularidad propiamente dicha (el punto en el que se concentra toda la masa de una estrella colapsada) permanece invisible en el interior de una esfera de impenetrable oscuridad, cuya superficie recibe el nombre de horizonte de sucesos; todo lo que traspasa esa frontera desaparece para siempre y acaba siendo engullido por el pozo sin fondo de la singularidad.
Pero los cálculos relativos a las distintas formas en que puede colapsar una estrella lo suficientemente grande como para dar lugar a un agujero negro (o sea, de una masa superior a cinco veces la del Sol), parecen indicar que en algunos casos podrían formarse singularidades desnudas; es decir, no escondidas tras un horizonte de sucesos. Algunos fenómenos de difícil explicación, como ciertas emisiones muy intensas de rayos gamma, podrían deberse a este tipo de singularidades, aunque todavía no se ha podido comprobar su existencia. De momento, las singularidades conocidas (o más bien deducidas) están tan ocultas tras un velo de misterio como la inquietante singularidad tecnológica mencionada en la columna anterior.