Opinión
El fin del sueño de Luis Portillo
Por Vicente Clavero
Después de varios meses de infructuoso tira y afloja con el fondo soberano de Dubai que quería quedársela a precio de saldo, Colonial ha acabado en manos de los bancos. Sus dos principales propietarios, LUIS PORTILLO y la familia NOZALEDA, han sido incapaces de encontrar a alguien dispuesto a asumir la compañía. El elevado endeudamiento que arrastra (8.900 millones de euros) y la galopante devaluación de sus activos por culpa de la crisis inmobiliaria han espantado a los potenciales compradores, entre los que llegó a estar General Electric.
Para sacarse de encima Colonial, Portillo ha tenido que renunciar a los títulos que había dejado en prenda por el dinero que en su día le prestaron para adquirirlas catorce entidades financieras encabezadas por el Popular. En el grupo figuran prácticamente todas las grandes del país: el Santander, el BBVA, La Caixa, Bankinter… que ahora deberán decidir qué hacen con su recién estrenada propiedad. El mismo problema tendrán los acreedores de los Nozaleda, con JP Morgan y Royal Bank of Scotland al frente, si llegan a buen puerto las negociaciones que mantienen al respecto.
Los Nozaleda han anunciado, no obstante, que piensa permanecer en el accionariado de Colonial, aunque con una participación menor (ahora tiene el 12,2%). La idea de Portillo, en cambio, no es ésa, al menos en principio, pues su 29,86%, a la cotización actual, no daría para cancelar los 1.400 millones de euros que tiene comprometidos con sus acreedores.
Por lo tanto, el hombre que hace apenas doce meses creaba uno de los mayores grupos inmobiliarios europeos, al proceder a la fusión de Colonial e Inmocaral, seguramente plegará velas y desaparecerá por una temporada del escenario público en el que tan incómodo se ha sentido siempre.
Portillo, que empezó a amasar su fortuna al amparo del desarrollo urbanístico de su municipio (Dos Hermanas) y de la Exposición Universal de Sevilla, nunca ha disfrutado bajo los focos, lo que le ha granjeado cierta fama de personaje hosco entre quienes gustan de cerrar tratos de sarao en sarao. Hijo de un sencillo maestro albañil, sigue viviendo en el pueblo que lo vio nacer, donde probablemente se refugie ahora para lamerse las heridas que le ha causado su azarosa incursión en la primera división de los negocios.