Opinión
Tarimas y castidad
Por Marco Schwartz
"Para nosotros, la escuela era una obligación, una monotonía tediosa, un lugar donde se tenía que asimilar, en dosis exactamente medidas, la ‘ciencia de todo cuanto no vale la pena saber’, unas materias escolásticas o escolastizadas que para nosotros no tenían relación alguna con el mundo real ni con nuestros intereses personales (…). Los profesores se sentaban arriba, en la tarima, y nosotros, abajo; ellos estaban allí para preguntar, y nosotros para contestar; aparte de éste, no existía entre los dos colectivos relación alguna”.
“Se había impuesto como un axioma el acuerdo de que una persona del sexo femenino no tenía ninguna clase de deseo físico, a no ser que fuera despertado por el hombre, lo cual, huelga decirlo, oficialmente sólo estaba permitido en el matrimonio”.
Los fragmentos anteriores pertenecen a El mundo de ayer, la autobiografía de Stefan Zweig, y describen los ambientes académico y sexual que reinaban en la refinada Viena de finales del siglo XIX. Conviene ojear este libro ahora que sectores conservadores españoles han abierto sendos debates sobre la educación –con especial hincapié en la falta de autoridad del maestro– y la libertad sexual, a la que intentan embridar por vías indirectas, por ejemplo, con protestas contra el aborto o la píldora del día después.
Para mejorar la educación, no hace falta recuperar las tarimas, en contra de lo que propone Esperanza Aguirre, sino fomentar aun más el diálogo entre maestros y alumnos y, sobre todo, modernizar los métodos de educación, de modo que los estudiantes no experimenten el tedio que abrumaba al joven Zweig en su instituto, del que dijo: “El único momento realmente feliz y alegre que debo a la escuela fue el día en que sus puertas se cerraron a mi espalda para siempre”.
En cuanto a la sexualidad, Zweig se alegraba en 1941 (año en que escribió sus memorias) del cambio que había experimentado la sociedad con respecto a la moral mojigata e hipócrita de sus años juveniles. La libertad sexual constituye uno de los grandes avances de la sociedad y los embarazos no deseados forman parte de sus riesgos. Lo que hay que hacer es avanzar mucho más en la educación sexual en las escuelas y, en paralelo, facilitar desde las instituciones públicas la interrupción del embarazo a la mujer que lo desee, como pretende la futura ley. Todo lo demás, como la manifestación del sábado en Madrid, son pretextos que esconden un objetivo último: volver al “mundo de ayer” del que tanto abominó Zweig.