Opinión

¿Te han metido un dedo? ¿Dos?

Por Mar Centenera

-Actualizado a

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Yo acepté la maniobra como una curiosidad y me sorprendí retorciéndome sobre la cama, gimiendo como no sabía que pudiera y aferrado al cabezal en un vano intento de mantener los pies en los estribos. No sabría decir cuánto duró aquello, si dos minutos o media hora. Sólo sé que cuando me corrí ni siquiera me di cuenta. La experiencia llevaba un rato siendo tan sobrecogedora que no supe distinguir el orgasmo que asociamos a la eyaculación del resto de sensaciones que de manera tan intensa me venían embargando desde lo que parecía el principio de los tiempos.

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Un día empezó a rondarme la idea de probarlo. Finalmente no aguanté más y un buen día salí de la ducha totalmente desnudo y con un empalmazo monumental. Me senté a cuatro patas sobre la alfombrilla del baño y lubriqué mi dedo índice derecho con gel de ducha, bajé la cabeza apoyando mi mejilla en el suelo mientras notaba mi pene colgando ardiente y a punto de estallar; entonces me llevé el dedo hacia el culo y empecé a deslizarlo en el interior de mi ano... ¡dios! Fue fantástico.