Opinión
Últimos chistes en el tanatorio del Partido Popular
Por Manolo Saco
Tiene Mariano una facultad pasmosa para sonreír ante las dificultades, habilidad que al parecer se exige como condición previa a la obtención del carné de su partido. Cuando aprobaron ir a la guerra de Irak, aplaudieron y rieron como si confundieran el hemiciclo del Congreso con las sillas de pista de un circo. Acababan de certificar la muerte de un millón de personas, pero por alguna extraña razón ellos reían estrepitosamente, y lo festejaban con palmadas en la espalda, y meneaban sus lolailos engominados como palmeros de tablao flamenco.
Es un espíritu envidiable. Retroceden dos diputados en las elecciones de Euskadi 2009, y se van a celebrarlo como si les hubiese tocado la lotería. Al portavoz del partido, González Pons, no le cabía la sonrisa en la boca la noche en que anunciaba por televisión el descalabro de su partido.
Así las cosas, la victoria verdadera de Galicia ya es para nota. Les parece haber conquistado el paraíso. Allí, en sus nubes de algodón pretenden hacerse fuertes para la futura reconquista de España, “hasta la lucha final” de las elecciones europeas. Vale, lo sé, no es más que sobreactuación, pero ante tantas noticias de corrupción entre sus filas, el psicólogo de cabecera del PP aconsejó que había que actuar como en los tanatorios para conjurar el dolor: cuanto mayor es la pena, mejores son los chistes que se cuentan para aliviar la espera.
El nuevo chiste de Mariano es que el gobierno carece de “autoridad política y de solvencia técnica” para sacarnos de la crisis, y su alegría indisimulada es que en España hay ya tres millones y medio de parados, el “peor dato de la historia”. Y cuando esto dice, sus palmeros de nuevo aplauden para quitarse las telarañas del sufrimiento.
Del resto de los ministros de economía del G-20 todavía no se atreve a hacer cuchufleta. Le consuela saber que cada mes, de ahora en adelante, tendremos el “peor dato de la historia”. De tal manera les conmueve nuestra desgracia que la cara de funeral de la Cospedal sólo se ilumina ya para pedir un adelanto de las elecciones generales.
Lo dicho: una juerga continua, el tanatorio de Génova 13.
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Meditación para hoy:
He visto en televisión la visita de Mariano Rajoy a los padres de Marta, la niña sevillana asesinada. Una escena en torno a una mesa camilla, con acompañamiento de cámaras que casualmente pasaban por allí, como un remedo de la visita a Moncloa. Ya dije el otro día, tras el encuentro con Zapatero, la opinión que me merece la utilización de un dolor tan personal, paseado por los medios de comunicación como objeto de feria, que no hace otra cosa que ensuciar la memoria de la pobre Marta.
Pero si la visita a Moncloa pudo interpretarse como un alivio para los padres, aunque sólo fuese bajo la disculpa de ir a pedir, donde corresponde, un supuesto endurecimiento de las penas y que el Código Penal incorpore la cadena perpetua, ¿qué hacía ayer, en cambio, Mariano Rajoy allí? ¿Es que en política ya vale todo? ¿El paso siguiente será hacerse una foto con el cadáver de Marta, cuando aparezca, como un trofeo de pesca extraído del Guadalquivir? ¿No os parece un poco repugnante todo este asunto?