Opinión
A ver si nos cuentan cómo salir de ésta
Por Manolo Saco
Mariano Rajoy y Zapatero han quedado para verse el día 23. En los anteriores encuentros, la actitud del jefe de la oposición a todo era tan previsible que los periodistas ya teníamos preparadas de antemano las crónicas y sus titulares: “Mariano Rajoy sale de la reunión sin saber para qué le llamó el presidente del gobierno”. Pero eso era antes del viaje a la Damasco del XVI Congreso, cuando para sobrevivir se veía obligado a sobreactuar de facha, empujado por la extrema derecha que le teledirigía.
Ahora, ya centrado, se siente seguro, y sabe que si nota el aliento de su mentor insufrible en el cogote es simplemente amor, y no una amenaza susurrante del vigilante de la ortodoxia. Se ha hecho un hombrecito lo suficientemente valiente como para meterse en la cueva de la FAES (Falange Española) de Aznar y reírse de la antipatía mutua que se profesan ambos, con apretones de mano del que salen chispas, en vez de cariño.
Está tan cambiado, que entre mis colegas nadie se atreve a hacer la quiniela de por dónde van a ir las declaraciones de Rajoy al término de la reunión. Bueno, hay una candidata segura: “Le he dicho al presidente que puede contar conmigo si quiere preocuparse de las cosas que importan a la gente” .
Pero yo sé que desde que Fraga le ha llamado la atención al hombrecillo insufrible, conminándole a que se dedique a sus negocios y deje en paz al partido, Mariano se ha creído estar en posesión de la licencia para hacer una oposición de diálogo y constructiva. Así que, tal como están los ánimos, no me extrañaría que el ahora jefe de la oposición a tan sólo algunas cosas llegue a Moncloa con la madre de todas las recetas bajo el brazo, esa receta que tan sólo conocen los cocineros del laboratorio de ideas que es Genova 13 Rúe del Percebe, con los ingredientes secretos para parar una crisis que tanto se parece a una recesión.
Porque los muy ladinos saben cómo sacarnos de ésta pero no sueltan prenda. Tienen escondidas medidas “brutales”, pero sólo enseñan la receta de la cocina tradicional, la de la tortillita vuelta y vuelta, la de las medidas fiscales y la contención del gasto público. Por eso espero con impaciencia la sorpresa del nuevo Mariano y sus medidas que asombrarán al mundo.
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Meditación para hoy:
Ayer sonó el “Pobre de mí”, el himno triste con el que se dan por terminadas las fiestas de Pamplona. Desde Hemingway, los sanfermines cuentan con el aderezo literario suficiente como para salir en todas las guías turísticas. Fiestas recias, como siempre que hay un toro por medio, que llevan las emociones de mozos y mozas al límite de la supervivencia.
Me recuerdan al licor café de mi Galicia. Un médico conocido mío decía que nunca en una bebida se confabulaban tantos disparates juntos contra nuestra salud: cafeína como para reventarte la tensión arterial, una concentración de azúcar como si padecieras una diabetes, y un grado alcohólico que cauteriza las amígdalas. Y sin embargo...
Inexplicablemente el “Pobre de mí” se canta cuando termina, y no, como debería ser, cuando comienza una fiesta bárbara en la que se cuentan por cientos los contusionados y heridos, cuando no algún que otro muerto, en la que se tortura al toro en una carrera absurda, y en la que el coma etílico acecha en cada esquina. Es que nosotros somos así de chulos.