Opinión
El vestido de Belén
Por Bob Pop
Ana Rosa Quintana está que trina porque a una de sus colaboradoras estelares, Belén Esteban, nadie le quiere hacer el vestido de novia. Ni Rosa Clará ni Pronovias parecen estar dispuestos a dejar en su imagen de marca las marcas de la imagen de la tertuliana mañanera, madre coraje de hija de torero, stripper ocasional y karaokera de pro. Qué injusticia, qué crueldad. Suerte que la Esteban cuenta con el apoyo incondicional de AR que, indignada, denuncia el clasismo de las modistillas nupciales –como si Pronovias hubiera nacido en un taller de la Rue Chambon– y se lanza a exclamar –cuidado con lo que viene, yo os lo advierto– que “Belén Esteban representa a todas las chicas sencillas de España”. Ahí queda eso. Para las hemerotecas.
Tres meses quedan para la boda de la representante de las chicas sencillas españolas, y ella aún anda sin vestido. Mientras, su jefa se indigna al tiempo que soluciona algunos minutos diarios a costa del asunto y se solidariza con la causa tul ilusión. Un drama.
AR debería evitar la tragedia que se avecina y encargarse ella misma de diseñar el vestido de novia para Belén. Hacer de la necesidad virtud y descubrirnos una nueva faceta: la de modista de alta costura.
Sé de muy buena tinta, Ana Rosa, que en Bangkok hay unos chicos que copian a la perfección modelazos de haute couture, y hasta les cosen tu firma. Hazlo, querida. Total, no sería la primera vez...