Opinión
Un viaje con destino a ninguna parte
Por Vicente Clavero
La escapada energética que emprendieron las mayores constructoras españolas durante la última fase expansiva de la economía sólo ha servido a la postre para procurar inestabilidad a un sector cuyas apuestas a largo plazo requieren más certezas que incertidumbres. La irrupción de ACS en Unión Fenosa e Iberdrola, la de Sacyr Vallehermoso en Repsol y la de Acciona en Endesa les ha ayudado a diversificar sus negocios, demasiado expuestos hasta entonces al capricho de los ciclos; pero se ha revelado muy perturbadora para las empresas en las que entraron.
El tiempo ha demostrado que las cuantiosas inversiones energéticas de esas constructoras tenían un carácter puramente financiero y que no les animaba otro interés que sacar tajada de una actividad que suele dar bastante dinero cuando la coyuntura general va viento en popa. Ni siquiera tuvieron que rascarse el bolsillo para sufragar su prometedora aventura: los bancos (grandes y pequeños, nacionales y extranjeros) les prestaron gustosos cuanto necesitaban con la sola garantía de las mismas acciones que iban a comprar, subestimando lo que podía ocurrir si algún día se daba la vuelta la tortilla.
Al final la peor de las pesadillas se ha cumplido, y la crisis ha dejado al descubierto las vergüenzas de unas operaciones que se tramaron alegremente y que ahora, con la economía española al borde de la recesión y el sistema financiero colapsado, no resulta tan fácil destejer. Entre otras cosas porque sus principales promotores pretenden irse de rositas y, si fuera posible, con algún euro más de los que llevaban en la faltriquera.
La banca, como era previsible, tampoco quiere perder, aunque tenga que seguir engordando la bola de nieve por el tradicional procedimiento de conceder créditos que se utilizan para pagar otros anteriores, cosa que permite ganar algo de tiempo pero que normalmente no lleva a ninguna parte. Un dato: según contaba el lunes este periódico, el estallido de la burbuja inmobiliaria le ha costado ya a las entidades financieras la friolera de 7.800 millones de euros, que es prácticamente lo que le debe sólo Sacyr por los préstamos que obtuvo hace dos años para adquirir el 20% de Repsol, ahora en almoneda.
La suerte de Florentino Pérez
A ACS, de momento, la jugada le ha salido bien porque su deseo de salirse de Fenosa, donde controla el 46% del capital, ha coincidido con el renovado interés de Gas Natural, y en consecuencia de La Caixa, por formar un grupo gran grupo energético. Sin embargo, Florentino Pérez y sus principales socios han tenido que renunciar a sus ambiciones en un sector que soñaron con ordenar a su gusto y manera, aunque en Iberdrola (13%) todavía pueden dar guerra.
La incógnita de Repsol
Sacyr, ya se sabe, está asfixiada por las deudas (más de 18.000 millones de euros) que contrajo para financiar una ambiciosa expansión que le llevó a meter la cabeza en Repsol, de la que hace dos años se convirtió en el principal accionistas con el 20%. Hoy sus beneficios dependen tanto de la petrolera que le puede costar un disgusto marcharse de ella y además no tiene fácil encontrar un comprador aceptable dispuesto a poner sobre la mesa lo que ese paquete le costó, que es el doble de lo que vale en Bolsa.
… Y el previsible futuro de Entrecanales
Acciona tiene la ventaja de que su eventual salida de Endesa está tasada en el ventajoso pacto de socios que suscribió con Enel antes de lanzar su opa sobre la eléctrica española. A partir de 2010, Entrecanales puede decir ahí os quedáis en cualquier momento y los italianos tendrían que comprarle su 25% al precio de entrada que ambos pagaron. Mientras, seguirá haciendo de su capa un sayo, porque el Gobierno exigió en su día que hubiera un español al frente de Endesa, pese a que Enel tiene un 65%.