Opinión
Las virtudes políticas de hacer el primo
Por Antonio Avendaño
La derecha ha tomado carrerilla y ya no sabe parar. El escándalo de los ERE está siendo para ella un inmenso festín con el que se está dando un atracón del que no se saciará hasta llegar al poder. O gana o revienta. Unos se emborrachan de poder y otros se emborrachan de oposición, y de eso está borracha la derecha andaluza, que como todos los borrachos acaba cometiendo excesos, injurias e insultos de todo tipo.
Las dificultades de la derecha para ganar las elecciones no por la abstención de la izquierda sino por la suma de nuevos votos ganados en buena lid provienen de esa escalofriante falta de escrúpulos al gestionar los errores y las corrupciones de la izquierda y de esa temeraria falta de lealtad a su propio país cuando cree que mantenerla es un estorbo para la conquista del poder. Las acusaciones en el Parlamento andaluz o la sala de prensa contra familiares de políticos, sin más datos ni documentación que indocumentadas informaciones hechas sin rigor alguno y envenenadas de resentimiento político e histórico, son un ejemplo más de los excesos cometidos en plena borrachera.
Lo malo es que, aunque en menor grado, la izquierda empieza a imitar a la derecha copiando sus excesos y calcando sus injurias. Lo malo del juego sucio es que da ventaja a quien lo practica, de manera que el adversario acaba él mismo practicándolo para equilibrar el juego y no perder el encuentro por hacer el primo. En realidad, lo que falta en la política española son políticos dispuestos a hacer el primo. De hecho, el gran patrimonio de la izquierda siempre ha sido ese: hacer el primo. Si lo dilapida, se está dilapidando a sí misma.