Opinión
La izquierda sí habla para los barrios

Por Israel Merino
Reportero y columnista en Cultura, Política, Nacional y Opinión.
-Actualizado a
Nos fascinan los enemigos, quienes van a nuestra contra en lo político, vital o moral; nos atraen con un encanto primigenio, primitivo, que nos empuja a observarlos con una distancia no siempre de seguridad para descifrar y entender sus oscuras llagas y heridas, igual que los rivales de Lil Wayne hurgan entre los pliegues de su cicatriz de bala en la barriga para comprenderlo mejor. Es natural, pero lo natural a veces se vuelve peligroso; lo explicó Plutarco hace dos milenios en su libro Cómo sacar provecho de tus enemigos y lo dejó claro Kiko Amat en su ensayo Los enemigos de 2022: puedes aprovecharte de los rivales, pero cuidado con su magnetismo; a veces el malo de la película acaba gustando más que el bueno (que se lo digan si no a Anton Chigurh).
Durante el fin de semana, he visto varios ejemplos de esta prístina atracción por el rival en todo tipo de personajes de la izquierda madrileña (bienintencionados, no me cabe ninguna duda) tras saberse que el partido de ultraderecha verdecito había nombrado a Carlos H. Quero, después de defenestrar con mala baba al falangista rival interno José Ortega Smith, nuevo portavoz adjunto en el Congreso de los Diputados.
Carlos Quero, treintañero, historiador y listo como un ratón, o eso han venido a decir varias figuras relevantes y respetables de la política y el periodismo progresista, tiene un discurso obrerista en la relativo, muy de base en lo que a vivienda puede referirse, que ha cautivado desde la distancia, sí, pero desde la distancia peligrosa a todos estos bienintencionados progresistas que han salido a deshacerse en elogios hacia el milenial voxero por tener la capacidad de hablarle a los barrios. Y esto último puede ser cierto, no lo niego, pero me escama mucho haber leído tras este elogio la coletilla "no como la izquierda, que ya no sabe".
Mirad, pese a las buenas intenciones de todas estas personas, creo que no han entendido que parte de la narrativa y la estrategia de Vox con este nombramiento es predecir que muchas personas de izquierdas (y no "la izquierda" en general, que hasta donde yo sé no es una marca registrada que toma decisiones en junta) iban a soltar este elogio anunciado; si algo he aprendido de este oficio es que la ultraderecha tiene un don particular para mover las porterías narrativas, y con este fichaje han logrado de nuevo que figuras progresistas salgan a partir piernas al terreno de juego que ellos mismos han limitado: ahora, jugamos con la premisa de que lo que dice Quero es bueno y moviliza a los barrios, y nosotros debemos imitarlo, como si algún votante prefiriera la copia antes que lo original. Menudo golazo por la escuadra, chicos, oigo el descorchar de una botellita de cava cada vez que alguien de izquierdas dice que ojalá hablar a los barrios como los de Vox.
Ya en lo particular, me vais a permitir también que me parezca un ejemplo de falsedad supina y autoestima inexistente pensar que la izquierda no habla a los barrios; la izquierda de base lleva tiempo enfocada en el problema de la vivienda, movilizando sindicatos, asociaciones y cooperativas para tratar de hacer frente al casero y el fondo buitre (otro debate, más largo y complejo, es si está dando resultado, o si algún dinosaurio aburguesado de tal organización se cosca de media misa de lo que pasa en las calles). De hecho, algunos partidos tienen cuadros, portavoces y (esperemos) futuros candidatos, como Emilio Delgado en la capital, con un discurso de base, obrerista y centrado en la vivienda que puede agitar desde Móstoles hasta Tetuán.
Otra cosa, claro, es que la intestina lucha por los espacios se haya vuelto tan tóxica y parricida que sea más fácil y sano elogiar a un rival ideológico antes que a uno de la propia bancada. Y esto es jodido, ¿eh?
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