Opinión
Los ocho apellidos españoles de Feijóo

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
No conozco a un gallego/a que no reivindique y saque pecho, con razón, de lo duro que fue el siglo XX para nosotros, sobre todo, para quienes se vieron obligados a emigrar en busca de una vida mejor que dar a quienes se quedaban o para su propia supervivencia. Ahora estoy conociendo bien a uno que lo desprecia todo y pretende gobernar España, enmendándose a sí mismo con idéntica torpeza con la que asume los postulados de una ultraderecha racista que le marca el ritmo sin disimulo. Argentina, sobre todo; Venezuela, Uruguay… Muchos españoles son considerados gallegos directamente, aunque vayan desde Murcia y con todo el cariño, tal es la impronta cuantitativa y cualitativa de la emigración que salió de Galicia en condiciones, si no penosas, muy dolorosas.
Como presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo defendió la llamada ley de nietos sobre el terreno, fuera en Buenos Aires o en Montevideo. La llevó en sus programas electorales: hijos y nietos de emigrados, dijo, tenían que tener la nacionalidad española, era una reparación histórica del sufrimiento de sus antecesores, obligados a irse de Galicia. Hasta ahí llegó, aunque informan en Maldita.es que ha desaparecido de la web del PP el texto de 2020 donde Feijóo reivindicaba "la modificación de la normativa en materia de nacionalidad para conceder este derecho a todos aquellos descendientes de españoles que residen en el exterior y que fueron privados de la nacionalidad por causas injustas o discriminatorias" (p. 207). El compromiso, no obstante, lo recogió el líder del PP nacional en su programa para las elecciones generales de 2023.
El pasado político de Feijóo lo persigue, por más que demasiados medios bien nutridos construyeran una imagen de él que no se corresponde con la de hoy. Y no hablamos de Marcial Dorado, aunque ahí está para quienes peinamos canas y dejamos a mucha gente por el camino en esa pandemia de fariña y poder (nunca olviden el poder en esta tragedia… y en ninguna otra). Un expresidente gallego que aspira a gobernar España resulta delirante -o malvadamente consciente- cuando utiliza a la inmigración como arma arrojadiza contra el Gobierno por regularizar la situación de quienes ya trabajan en España sin contrato, sin derechos y con miedo, en situaciones de esclavitud en muchos casos y precisamente donde más reluce el suelo de madera de cebra, ya saben. Un expresidente gallego resulta cínico, cruel y muy torpe cuando reniega de sus propios compromisos y carga contra una ley de nietos cuya aplicación encendía de épica solidaria sus discursos al otro lado del Atlántico; y todo ello, para sembrar la duda sobre los procesos electorales.
Feijóo se nos ha vuelto xenófobo, como quien se tiñe el pelo de naranja, para poner en duda lo más sagrado de la democracia: los votos. No es nada personal, no crean que hay firmes convicciones en el presidente del PP, ni siquiera fascistas; lo hace por si las moscas y por tener una pobre excusa si el PSOE vuelve a darle el revolcón traumático de julio de 2023: alerta sobre un pucherazo de Sánchez, una llamada a la toma del Capitolio marca España... Y si para inocular el bulo, la duda, el odio, hay que renegar de la emigración gallega, se reniega, faltaría más, porque una premisa de Vox ya es mandato para el PP. "Si no te gustan mis principios… ", el tópico, el clásico en su versión xenófoba. Lo más estrambótico de todo es que el voto de la emigración gallega siempre favoreció al PP, o sea, que encima Feijóo escupe en la cara de sus electores. Es difícil encontrar una estrategia más grosera.
España es un país que necesita gente, un territorio envejecido y que clama por mano de obra propia y de fuera, aunque nos ahoguen en un nacionalismo bufón, violento y rojigualdo, es ley de vida e historia. España es ese país donde la ultraderecha quiere meter en casa y poner a parir (sic) a sus mujeres para repoblarlo como si fueran conejos (blancos) y desprecia a las familias extranjeras que tanto han aportado a nuestra economía, a nuestra cultura y a nuestra vida a lo largo de los años. El sueño del fascismo es, en pleno siglo XXI, familias numerosas con ocho apellidos españoles, como si eso fuera posible a estas alturas de la Historia. Crueles engañabobos que no buscan más que el privilegio, y no aprendemos.
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