Opinión
El rey, en Ceuta y sus militares, temblando

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
El rey y la reina viajarán a Ceuta y Melilla, respectivamente, los días 13 y 14 de octubre, justo después de la jornada de Fiesta Nacional de España del 12 y algo más de dos meses después de la crisis humanitaria y diplomática que provocó la entrada de más de 70.000 inmigrantes en Ceuta, sin duda, por la responsabilidad de Marruecos por acción u omisión; con una reacción tardía, como mínimo, del Gobierno, y una respuesta xenófoba y populista de la (ultra)derecha de PP y Vox, que piden directamente la violación de las leyes y de los derechos humanos.
Felipe VI está muy cabreado con su primo Mohamed VI y lo ha demostrado en varias ocasiones, con los murmullos anónimos que nos llegan de Casa Real o con su discurso en la cena ofrecida al presidente de la República (¡viva!) Francesa, Emmanuel Macron, durante su visita de Estado a España, donde afirmó, por ejemplo, que la llegada de decenas de miles de migrantes engañados a Ceuta fue una "inaceptable (…) intromisión masiva", una "violación" de la frontera española y europea. Parece que al monarca lo del término "invasión" que utilizan PP y Vox le parecía excesivo y lo de "entrada con lo puesto de migrantes de los que murieron 145", según la ONG Caminando Fronteras demasiado woke.
Lo cierto es que el rey, después de haber insistido mucho a través de la (ultra)derecha y sus medios afines y por más que digan ahora Casa Real y Moncloa que la visita de sus desvelos ya se estaba preparando antes de la crisis del 30 y 31 de julio, ha conseguido, primero, que se anunciara su llegada con paso firme a Ceuta y Melilla antes del 12-O y, además, que se desplazara justo después de finiquitada la "Hispanidad", como gusta de llamar a la Fiesta el conservadurismo patrio, o el "Día de la Raza", como sigue llamándola el facherío ídem, cada día más gritón, fascista y deshumanizador, valga la redundancia.
Tengo para mí que la contundente visita del rey, con la que busca enviar un mensaje claro y original a Rabat ("Ceuta y Melilla son españolas, a ver si te enteras de una puñetera vez"), tiene un trasfondo muy importante, y hasta emocionante, en el que ustedes, republicanos y republicanas de pro no habían reparado, sin duda, porque la visita del monarca a las Ciudades Autónomas se la trae un poco al pairo. Es verdad que Felipe VI está lejos de ser un aval de peso democrático ante esa dictadura que es la de Mohamed VI, por mucho rasgado de vestiduras que ya hayan empezado a montar sus medios en Marruecos y que liarán en Rabat, después. Y tienen razón ustedes, pero déjenme que les traslade lo que considero la baza escondida del monarca en su visita a Ceuta y Melilla, porque no puede ser de otra forma y menos da una piedra después de la respuesta a regañadientes que ha emitido el Ministerio de Defensa "muy español" ante las torturas y vejaciones a inmigrantes por parte de militares de pura cepa españolaza -también- denunciadas por Amnistía Internacional y que habían sido destapadas en medios días antes sin que a este Estado nuestro le importara lo más mínimo.
¿Recuerdan el Artículo 62.h) de nuestra Constitución en la parte de la (des)igualdad entre españoles, monarquía por delante? Les digo: el jefe del Estado es "el mando supremo de las Fuerzas Armadas", así que ahí tienen la novedad inevitable de la visita real: no imagino a un monarca español siendo firme, contundente y hasta durísimo contra todo un Marruecos dictatorial por su complicidad en la crisis migratoria y humanitaria en Ceuta mientras obvia el reproche y la advertencia a sus militares españoles y "muy españoles", presuntamente torturadores y racistas, de los cuales Felipe VI es jefe supremo y los cuales, encima, están tan orgullosos de su rey no electo en urnas que nos les cabe el uniforme en el cuerpo cuando lo saludan durante el desfile de la Fiesta Nacional. Esos soldados recibirán la advertencia y la bronca de su jefe con gusto, no tengo ninguna duda. Atentas.
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