Opinión
Sánchez se reunió con Otegi y además controla al Supremo

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
La prisión provisional -la pérdida de libertad de forma preventiva- es una fuente de dudas en democracia salvo con indicios claros y riesgos evidentes. ¿Es el caso de José Luis Ábalos? Entiendo que no conocemos toda la información que maneja el juez del Supremo para decretar esta medida radical contra el exministro y exsecretario de Organización del PSOE, a petición de la Fiscalía Anticorrupción. ¿Y Aldama por qué no va a la cárcel? Todas las dudas son legítimas y también todo el deseo de creer en la Justicia se ve empañado tras la condena sin sentencia (ni pruebas ni indicios que merezcan tal nombre) al fiscal general del Estado por cinco magistrados del mismo Supremo que el juez del caso Ábalos-Koldo. La connivencia de tres de estos jueces con una de las acusaciones, el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (ICAM), y de uno de ellos con el abogado de Alberto Quirón inspira de todo menos un sentimiento de respeto por la imparcialidad y la independencia de la sala segunda del Supremo, a la que pertenecen tanto los magistrados que condenaron a García Ortiz como el juez que envió este jueves a Ábalos y a Koldo García a prisión, Leopoldo Puente.
La desesperación de Ábalos se hizo patente en las últimas horas que estuvo en libertad, aunque con el pálpito de que lo meterían en la cárcel tras haber pedido la Fiscalía Anticorrupción para él una condena de 24 años de prisión. A eso se ha agarrado el juez Puente para enviarlo ya a Soto del Real, mucho riesgo de larga pena y, en consecuencia, aún mucho más "altísimo riesgo de fuga". De poco le han servido al exministro los dardos que ha lanzado al presidente del Gobierno, como si Pedro Sánchez mandara algo en el Tribunal Supremo, no digamos en la sala segunda que siempre ha querido controlar -y creo que controla bien- el Partido Popular.
El terror de Ábalos a perder su libertad -que supongo que sería el de cualquier ser humano, culpable o no- le ha llevado a proclamar en sus redes sociales, dos horas después de negárselo a los periodistas de la Cadena Ser, que el presidente del Gobierno cuando aún no lo era, o sea, el líder del PSOE, se había reunido con el líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi, para que este partido lo apoyara en la moción de censura de 2018 contra Rajoy. La noticia -si fuera cierta, que de momento no tiene más fuentes (un decir) que la palabra de Koldo y la contradicción de Ábalos- solo sería noticia ahora y si se demostrara que Sánchez y Otegi mintieron al desmentirla públicamente una y otra vez.
No contento con el comodín de la (ultra)derecha del machaconeo con que Bildu=ETA, Otegi=ETA o Sánchez=ETA, cuando la banda terrorista lleva 14 años desaparecida, ahora nos salta Ábalos con que el Supremo no imputa a Air Europa porque no interesa llegar a Begoña Gómez, aunque el juez Peinado lleve tras la esposa del jefe del Ejecutivo e intentando meterla en chirona desde abril de 2024, acusándola hasta de llevar flequillo. Así que el exministro, de cuya desesperación por ir a la cárcel podemos hacernos cargo sea culpable o inocente, ha hablado de "una cacería judicial" contra él en una entrevista a El Mundo antes de entrar en prisión. "Al Tribunal Supremo y al Gobierno les interesa ir a por todas, les viene bien", advierte Ábalos, argumentando que la causa contra el condenado fiscal general ha sido una cacería de chichinabo al lado de la suya. Con los argumentos de Otegi y el control del Supremo por parte de Sánchez y sin puerta de atrás ni nada, es difícil creer a Ábalos, pero lo que es descartar, en esta España nuestra de las togas, ya nadie se atreve a descartar nada. Que no se diga.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.