Opinión
El Senado importa. Y se puede ganar para la democracia

Por Varios autores
Cristina Almeida, Santiago Alba Rico, Maria Jose Capellin, Enrique del Olmo, Gloria Elizo, Bruno Estrada, Gabriel Flores, Pedro Gonzalez de Molina, Javier Perez Royo, Maria Jose Pintor, Elena Martin, Cristina Monge, Jesus Montero, Ignacio Muro, Marta Nebot, Inocencia Soria, Marina Subirats
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Recientemente las fuerzas progresistas de izquierdas han sido interpeladas por varias iniciativas que compartían un mismo objetivo: cómo impedir que la ultraderecha y la derecha tradicional desgobiernen el país y provoquen un retroceso social, cultural, en derechos y libertades que nos devuelva a la España de cerrado y sacristía de la que nos hablaba Antonio Machado.
Esa exploración de diversas vías y fórmulas para lograr amplios acuerdos unitarios de convergencia electoral en torno a un programa transformador tendrá que superar, sin duda, dificultades; pero, a la vez, cuenta con la simpatía de una parte muy notable de la ciudadanía y responde a la necesidad de señalar un camino transitable de cooperación democrática y progresista capaz de derrotar a las derechas reaccionarias.
A medida que se conocen algunas de las propuestas de gobierno y prioridades de la alianza PP-Vox en las Comunidades Autónomas se ve con mayor nitidez que es necesario un esfuerzo integrador y movilizador para que la ciudadanía tenga claros y eficaces cauces de expresión electoral en su rechazo al mundo de la intolerancia, la segregación, la desigualdad social o la ruptura de las normas de convivencia de las que nos hemos dotado que supone el proyecto de la extrema derecha asumido por la derecha tradicional.
Existen muchos ámbitos y temas que tratar y acordar, pero conviene alertar sobre el riesgo de que los procesos de diálogo y convergencia se olviden del Senado, una pieza que en nuestro sistema institucional tiene un peso importante. Podemos transformar el Senado en un freno a la involución y en un instrumento de defensa de la democracia, fortalecimiento del escudo social e impulso de los cambios a favor de la mayoría social que se han llevado a cabo en los 7 años de gobiernos de coalición progresista.
Las elecciones al Senado serán, cuando llegue el momento, una gran oportunidad para tejer una amplia alianza de defensa de la democracia. Se puede lograr que el Senado deje de ser un factor de ingobernabilidad en manos de las derechas reaccionarias y transformarlo en una barrera democrática frente a las amenazas de involución autoritaria.
Venimos simplemente a señalar que, en las iniciativas y los posibles acuerdos democráticos y progresistas, el Senado esté sobre la mesa y se tengan en cuenta las particularidades de su sistema electoral. Ganar el Senado para la democracia exige una amplia convergencia electoral que incluya al amplio espectro democrático y progresista que por suerte existe en nuestro país, al PSOE y al conjunto de las fuerzas de izquierdas dispuestas a derrotar a la alianza reaccionaria entre el PP y Vox en las próximas elecciones generales.
El sistema de elección de senadoras y senadores implica un premio desorbitado para la lista de candidatos que obtiene la mayoría relativa de los votos en cada circunscripción (las provincias, las islas en el caso de las provincias insulares y las ciudades autónomas) y supone una penalización extrema para el resto de las candidaturas. Gracias a ese particular sistema electoral, en las últimas elecciones al Senado de 23 de julio de 2023, el PP logró convertir un tercio de los votos en una mayoría absoluta de 121 senadores de los 208 elegidos de forma directa por sufragio universal. Y esa mayoría absoluta en el Senado se ha estado utilizando de forma filibustera por el PP durante esta legislatura para tratar de impedir y obstaculizar la gobernabilidad del país.
En las próximas elecciones generales, cuando sean finalmente convocadas por el presidente Sánchez, el conjunto de las fuerzas democráticas y progresistas tiene la oportunidad y la obligación de rescatar al Senado de las manos de la derecha reaccionaria y de su estrategia excluyente, antisocial, autoritaria y trumpista. Más aún cuando corresponderá al nuevo Senado superar el actual bloqueo político en la designación de los cuatro magistrados del Tribunal Constitucional que deben ser renovados. Para lograrlo hay que empezar a trabajar en una perspectiva de amplia convergencia electoral democrática de cara al Senado.
Negociar unas listas únicas de carácter democrático para el Senado que permitan obtener una amplia mayoría de escaños es posible y contribuiría a esperanzar y movilizar a un electorado que ahora carga con la incertidumbre y el miedo que provoca la posibilidad cierta de que las derechas reaccionarias revaliden su actual mayoría. Y fortalecería a una mayoría social que, en una parte significativa, se muestra distante de las opciones electorales que se le ofrecen y que en la mayoría de los casos no tienen ninguna posibilidad de obtener ni un solo senador e impedir que el PP siga manejando a su antojo el Senado y extendiendo su control sobre componentes esenciales del poder judicial.
La suerte de las próximas elecciones generales aún no está echada. Sigue existiendo en nuestro país una mayoría social y electoral demócrata que puede detener con su voto las pulsiones antidemocráticas, xenófobas, machistas, racistas, autoritarias y excluyentes de la extrema derecha. El carácter y la composición de la mayoría parlamentaria que sustentará al próximo gobierno de España aún no están escritos ni decididos y dependerá de cada voto que se deposite en las urnas.
No estamos haciendo un llamamiento retórico a la unidad electoral, proponemos una fórmula práctica y viable que permita ganar el Senado para la democracia a través de listas únicas en las que se sientan representadas, en cada circunscripción, todas las fuerzas democráticas y progresistas existentes y todos los partidos dispuestos a colaborar en la derrota política y electoral de las derechas reaccionarias. Listas únicas que deberían estar abiertas también a la participación de referentes significados de la sociedad civil.
Para conseguirlo, se necesitarán la máxima responsabilidad y claridad de ideas de todas las personas dispuestas a colaborar en la tarea, la generosidad de todas las fuerzas y partidos políticos progresistas y de izquierdas participantes y la suma de todas las voluntades dispuestas a derrotar en las urnas las tentaciones autoritarias y antisociales que anidan en la alianza reaccionaria entre el PP y Vox en un momento trascendental para el futuro de la democracia y la convivencia en España.
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