Opinión
La lección de Europa: aprender de Angrois y no repetir los mismos errores

Por Ana Miranda
Eurodiputada BNG
-Actualizado a
Un día trágico con el accidente ferroviario en Córdoba. Duele. Como a toda la sociedad y a muchas de las personas implicadas con las víctimas, este accidente nos hizo revivir la tragedia del siniestro del tren Alvia en Santiago en 2013.
Aún sin conocer las causas profundas de este fatídico accidente y solidarizándome profundamente con el dolor de tanta gente, desde un humilde punto de vista como política que estuvo durante una década acompañando a las víctimas de Angrois, creo que hay que aprender de algunas de las lecciones que esa lucha común nos trajo desde Europa: aprender de la necesidad de amparo a las víctimas, y poner en práctica las obligaciones que el Estado ha contraído después de que Bruselas abriera un procedimiento de infracción, con un fuerte tirón de orejas que tocó tanto al Gobierno del PP y al Gobierno del PSOE, por no haber cumplido la normativa de seguridad ferroviaria europea antes y después del accidente en Santiago.
Aquella lección de Europa fue el resultado de un periplo de idas y venidas de las víctimas a Bruselas, de desprecios de Gobiernos de ambos colores y de nuestra humilde contribución en defensa de la verdad y la justicia. La Comisión Europea abrió un procedimiento de infracción que obligó a realizar el cambio de numerosas normativas de seguridad ferroviaria europea.
La primera es la investigación del accidente. La Agencia Ferroviaria Europea indicó alto y claro que la investigación de accidentes ferroviarios de estas dimensiones y con tantas personas fallecidas, tenía que ser independiente, realizada por un organismo de investigación independiente, pues en aquel momento la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) no lo era y tengo mis dudas de que aún lo siga siendo por conflicto de intereses, aunque ya no esté en el Ministerio de Fomento. Esa investigación independiente no fue el caso en el accidente del Alvia en Santiago.
La segunda es la protección y el amparo a las víctimas y sus familiares, con información, con asistencia no sólo en el momento del accidente y los días posteriores sino en el largo periplo hacia la justicia, la verdad y la reparación. Tampoco fue el caso en el accidente del Alvia en Santiago. Las víctimas sufrieron desprecios, plantones, obstáculos a los recursos, presión política para que Bruselas no amonestara al Gobierno español, y dilación. Se quedaron muy solas y sólo su lucha en un largo proceso llevó a cierta verdad.
En tercer lugar y sin ánimo de culpabilizar a nadie, creo que lo importante es que, después de las lecciones de Europa en el accidente de Angrois, se supone que con los cambios en la normativa a los que obligó Bruselas, ahora existen instrumentos legales suficientes para conocer la verdad, para realizar una investigación independiente, para proteger mejor a las víctimas y para que haya justicia. No sabremos si será así o no, el tiempo lo dirá.
Con esa tragedia hoy se mueve y remueve el dolor de muchas personas. Empatizamos con ellas y nos abruma cómo se pueden sentir las víctimas, como sentimos desde Angrois, y desde la lucha por la verdad.
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