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Varoufakis en el laberinto del Minotauro

El nuevo ministro griego de Finanzas señala la necesidad de abordar un proceso de reestructuración mancomunada de las deudas soberanas o la emisión de eurobonos entre otras propuestas

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Varoufakis, este miércoles en Atenas. REUTERS/Marko Djurica

Diversos nombres sonaban semanas atrás en los medios económicos y financieros internacionales como posibles ministros de Finanzas en un nuevo ejecutivo liderado por Syriza. Finalmente será el profesor Yanis Varoufakis quien asuma la considerable misión de renegociar el Memorándum firmado por Grecia con la Troika en 2010, y renovado posteriormente.

Yanis Varoufakis es catedrático de Teoría Económica en la Universidad de Atenas y profesor visitante en la Universidad de Texas. Tiene una dilatada carrera académica centrada en la teoría de juegos, esa disciplina a caballo entre la economía y las matemáticas que analiza el éxito o fracaso de las posibles decisiones de un agente en función de sus interacciones con otros actores.

Asesor de Papandreu hasta 2006, gobierno al que criticó duramente a partir de esa fecha, Varoufakis es un economista que a raíz de sus análisis ha adquirido una merecida fama internacional en el curso de la crisis. Además de las interesantes contribuciones semanales que han ido nutriendo su blog en estos años, la publicación en 2011 de El Minotauro global. Estados Unidos, Europa y el futuro de la economía mundial (Capitán Swing Ed.) le consagró como economista de referencia.

Varoufakis analiza en esta obra la evolución del sistema económico y financiero internacional tras la Segunda Guerra mundial, hasta llegar a la crisis de 2008. El gigantesco y continuo flujo de capitales hacia la economía estadounidense para financiar sus déficits gemelos –sector público y balanza de pagos– es uno de los principales rasgos que definen, a juicio del autor, el periodo neoliberal del capitalismo. Este reciclaje masivo de capitales que alimenta al Minotauro global (Estados Unidos), se ha sostenido sobre el proceso de globalización y financiarización. Su cortocircuito parcial a partir de 2008 determina, según Varoufakis, que el crecimiento norteamericano resulte más débil y errático.

Hay sin embargo un segundo trabajo de Varoufakis que resulta aún de mayor interés, y cuyo conocimiento apenas había superado los círculos especializados hasta el domingo pasado. En Una modesta proposición para resolver la crisis de la Eurozona, Varoufakis, junto a Stuart Holland y James K. Galbraith, plantea una posible solución al actual escenario de estancamiento y deflación que recorre la zona euro. Para ello señala la necesidad de abordar un proceso de reestructuración mancomunada de las deudas soberanas, la emisión de eurobonos, una recapitalización de las entidades financieras a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) sin intermediación estatal, un mecanismo para reciclar los excedentes financieros en inversiones productivas y un programa de atención a las necesidades sociales más urgentes desatendidas por la crisis.

Esta propuesta, que, como el propio Varoufakis señala, es inmediata y factible en el marco de los tratados europeos actuales, dormía hasta hoy en el sueño de los justos. Todo parece indicar que ahora tendrá que ser al menos considerada por el Eurogrupo y las instituciones de Bruselas. Ahora bien, sabemos que la solvencia académica poco tiene que ver en ocasiones con la capacidad política, entre otras cosas porque esta última viene determinada por la correlación de fuerzas con la que cada actor acude a la mesa de negociación.

Los desafíos que el nuevo ministro de Finanzas griego tiene ante sí son enormes. También esperanzadores. Los primeros meses de su gestión resultarán determinantes, y permitirán verificar si Varoufakis resulta ser el Teseo que su país y Europa necesitan, capaz de adentrarse en el laberinto de las negociaciones con la Troika hasta dar muerte a ese Minotauro que en la zona euro hoy toma la forma de políticas de austeridad.

El margen es limitado, sin duda, pero existe. A pesar de la nula voluntad de negociación que algunos gobiernos conservadores han mostrado, como el de Merkel o el de Rajoy, la realidad europea actual admite alianzas de geometría variable. Así, los actuales gobiernos socialistas de Francia e Italia pueden encontrar en Syriza un inesperado aliado que les ayude a hacer el trabajo que ellos no parecen dispuestos a empujar: poner punto y final a la austeridad fiscal. Es más, el gobierno irlandés, de centro-derecha, se ha mostrado partidario de avanzar hacia la convocatoria de esa Conferencia europea para la reestructuración de la deuda que Syriza reclama insistentemente.

Sin duda, resultará interesante ver, en el curso de los próximos meses, a un especialista en teoría de juegos y negociación en contextos de incertidumbre desenvolverse en semejante madeja de intereses. Confiemos en que la gestión de Varoufakis pueda ayudar a desencadenar las fuerzas políticas necesarias para poner fin a las medidas de austeridad fiscal y devaluación salarial, pues difícilmente Europa podrá salir de la crisis si no es terminando de una vez con estas políticas. Confiemos por tanto en que no nos veamos abocados a reeditar, durante un lustro más, otro de los mitos griegos, este más oscuro. Ese en el que Sísifo fue obligado a cargar una gran piedra ladera arriba una y otra vez.

*Profesor de Economía Aplicada (Universidad de Valladolid) y
Miembro del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos