Entrevista a Jaime Caro Morente, historiador"Amazon es la empresa más peligrosa en la que trabajar en EEUU"
El autor de 'Infiltrados en Amazon y Starbucks', conversa con 'Público' sobre el nuevo sindicalismo estadounidense, la lucha de clases contemporánea y la contención de la extrema derecha.

Madrid-
En Infiltrados en Amazon y Starbucks. Cómo montar un sindicato con todo en contra, el historiador Jaime Caro Morente muestra cómo un pequeño grupo de trabajadores consiguieron organizarse y resistir desde el mismo corazón del capital estadounidense.
Este libro, publicado por Lengua de Trapo, llega en un momento en el que todo parece perdido frente a la oligarquía mundial y responde con una defensa esperanzada de un sindicalismo que regresa a las manos de la base social y de una alianza entre movimientos que culmina en la lucha colectiva contra toda opresión. La unidad de los trabajadores en Amazon y Starbucks encarna la posibilidad de construir un muro frente al poder fagocitador de un neoliberalismo que parece imparable. Demuestra que la lucha sindical está viva y es más necesaria que nunca.
¿Qué relevancia tiene que los trabajadores de Amazon y Starbucks hayan conseguido sindicarse?
Tiene toda la relevancia del mundo, en primer lugar, porque son dos empresas que nunca han estado sindicadas. Además, que esto se haya dado en Estados Unidos, uno de los países más antisindicales que hay en todo el mundo occidental, le añade importancia. Y hay un tercer factor: que ambas son grandes empresas del capital estadounidense.
A día de hoy Amazon es la empresa más peligrosa en la que trabajar dentro de Estados Unidos por la cantidad de accidentes laborales que tiene en sus almacenes. Esto vuelve esencial la presencia de sindicatos en su interior. Luego tenemos a Starbucks, que es como el buque insignia del capitalismo progre y que, al negarse a la formación de un sindicato en su empresa, se puso frente a un espejo ante el mundo entero. Además, la presencia de un sindicato dentro de Starbucks fue muy relevante para las demandas de la comunidad LGTBI, sobre todo para la comunidad trans, a la que Starbucks le había retirado la cobertura sanitaria.
"El nuevo sindicalismo enfrenta a un imaginario conservador que asume que las identidades no tienen que ver con la clase"
En Infiltrados en Amazon y Starbucks dibuja dos realidades dentro de la lucha sindical estadounidense contemporánea: el nuevo sindicalismo y el tradicional. ¿En qué se diferencian?
En el libro dibujo dos mundos, pero siempre con mucho cuidado de no enfrentarlos porque considero que el nuevo sindicalismo ha conseguido hacer una síntesis entre esas dos realidades. De hecho, el propio Shawn Fain, líder de Autoworkers, el sindicato tradicional por antonomasia en Estados Unidos, tomó en 2023 absolutamente todas las enseñanzas del nuevo sindicalismo y las aplicó a su organización.
En Estados Unidos los sindicatos tradicionales funcionaban con un sistema que iba de arriba a abajo donde los staffers, aquellos que trabajan dentro de la organización sindical, se ponían en contacto con los empleados de una empresa para que se sindicaran. Además, se daban negociaciones directas entre la empresa y los sindicatos, llegando a convenios colectivos nada ambiciosos con hasta diez años de duración. Esto significaba que ese sindicato era inservible durante una década entera.
Desde el nuevo sindicalismo se opera a través de infiltraciones dentro de las empresas. Sin embargo, estos infiltrados no se convierten en la cabeza de la lucha, sino que buscan a líderes orgánicos entre los trabajadores. Cuando se identifican a estas figuras, son ellas las que organizan el sindicato desde dentro de la empresa. La organización no parte de una organización o persona externa. El funcionamiento se da de abajo a arriba.
En su libro cuenta cómo el nuevo sindicalismo estadounidense ha emergido gracias al movimiento LGTBIQA+ y el Black Lives Matters. ¿Enfrenta esto al imaginario conservador que sitúa como sujeto de la lucha sindical al hombre blanco cisheterosexual?
Sí, de hecho, enfrenta radicalmente a ese imaginario conservador —presente incluso dentro de los propios sindicatos— que asume que las identidades no tienen mucho que ver con el tema de clase. Sin embargo, me gusta comentar que la izquierda estadounidense a priori está muy concienciada con que la discriminación por ser mujer, trans, negro o asiático está totalmente relacionada con la clase y con que si solo estamos pendientes de una de ellas, no estamos salvando a todo el conjunto. O nos salvamos todas juntas o no se salva ninguna.
En Estados Unidos la extrema derecha ha tratado de tener un discurso de clase que pusiera en el centro a la figura del hombre blanco del martillo con el mono azul. Sin embargo, la imagen del sindicalismo en Starbucks se acerca más a la de una persona trans con una bandera donde se lee Be gay do strikes ("Sé gay, haz huelgas"). Mientras que en el caso del sindicalismo de Amazon encontramos a una mayoría afroamericana.
Esto llevó a la extrema derecha a tener un discurso que excluía a los trabajadores de Starbucks de la propia categoría de trabajadores por considerarlos no formados. Sin embargo, cuando el líder de Autoworkers —el sindicato de trabajadores del motor, el mismo que popularizó décadas atrás la imagen del trabajador de mono azul— abrazó el nuevo sindicalismo y empezó a llevar camisetas de la comunidad LGTBI, la extrema derecha tuvo que abandonar la idea de colarse dentro de la lucha sindical. Es decir, lo identitario y la clase no son enemigos, sino que se tienen que articular juntos para formar un movimiento que vaya más allá, que nos libere de distintas discriminaciones y nos haga avanzar como sociedad.
¿Esta experiencia podría ser la muestra de que el nuevo sindicalismo tiene la capacidad para enfrentar la deriva ultraderechista que observamos en los últimos años?
Sin lugar a dudas. El nuevo sindicalismo parte de un discurso muy bien armado donde todas las reivindicaciones son una, por eso puede servir para ponerle un muro a la extrema derecha. Este sindicalismo está consiguiendo construir una izquierda que tiene a la clase en el centro, pero que sabe que la clase es diversa. Y su discurso no solo abarca la política nacional, de clase, raza y género, sino que también ha conseguido lo que hace cuatro años era inimaginable en Estados Unidos: que todo el sindicalismo se posicione con Palestina y en contra de los intereses imperialistas de su propio país. Por lo tanto, el nuevo sindicalismo intenta dibujar un campo de batalla totalmente diferente. Supone la recuperación del relato para la izquierda, que había perdido contra la extrema derecha.
El nuevo sindicalismo se ha plantado frente a la extrema derecha en Estados Unidos y esto no solamente se ha traducido en mejoras salariales del 25% para los trabajadores de Starbucks y del sector del motor, sino que también ha derivado en un movimiento político que culmina con la victoria de Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York.
"Un 60% de los jóvenes estadounidenses declaran en las encuestas que prefieren un sistema socialista a uno capitalista"
¿Cuáles son los vínculos que percibe entre los éxitos del nuevo sindicalismo estadounidense y la llegada a la alcaldía de un líder político socialista como Zohran Mamdani?
En primer lugar, la conexión entre el nuevo sindicalismo y el DSA (Socialistas Democráticos de América, por sus siglas en inglés) es clara. Empezando porque entre los ocho de Starbucks la mayoría eran miembros del DSA y, no solo eso, sino que el DSA ha contribuido también a la lucha sindical. Este fundó una sección dentro de su propio partido, el DSA Labor, y desarrolló el Emergency Workplace Organizing Committee, que ofrece ayuda y formación sindical a lo largo de todo el país.
Además, todas las victorias del nuevo sindicalismo se han dado en Estados Unidos, donde la izquierda supuestamente no existe, pero donde hay mucha gente joven que milita dentro de movimientos sociales y está hambrienta de políticas progresistas. En ese momento, emergen sindicatos vinculados a esos mismos movimientos y todo esto empieza a converger, concluyendo en que un 60% de los jóvenes declaran en las encuestas que prefieren un sistema socialista a uno capitalista. Además, Nueva York es una de las ciudades de Estados Unidos donde más presencia tienen los demócratas socialistas. Esto crea el caldo de cultivo perfecto para que Zohran Mamdani, un inmigrante socialista, antirracista, pro-LGTBI y ecosocialista, decida dar el paso a la alcaldía.
¿De qué forma se manifiesta este alejamiento progresivo de la juventud estadounidense del sistema capitalista?
Hace alrededor de un año, una persona de Socialistas Democráticos de América vino al Comité Internacional, al que yo pertenezco, y nos dijo preocupada que teníamos un problema: que la media de edad de los militantes del DSA era de 21 años y medio. Y pienso: "Bendito problema que tengas 100.000 miembros y que la media de edad sea de 21 años". Es decir, yo creo que con estas cifras se ve claramente el distanciamiento que ha habido por parte de la juventud del sistema capitalista.
A raíz del 7 de octubre, cuando se recrudece el genocidio palestino por parte de Israel, se da un distanciamiento de la base joven del Partido Demócrata y de Kamala Harris. La solidaridad con Palestina tuvo un impacto muy significativo en la juventud estadounidense, solo hay que prestar atención a que durante mucho tiempo miles de personas salieron todos los domingos a las calles para manifestarse contra el genocidio. Cualquiera que sepa de movimientos sociales y de organización de manifestaciones debe ser consciente de lo importante que es conseguir que todos los domingos salga gente a protestar por una causa. Necesitas tener una base amplia de personas con muchísima convicción.
Al final Kamala Harris pierde las elecciones porque no es capaz de movilizar a los jóvenes y, según indican los informes filtrados del Partido Demócrata, este distanciamiento se da por su falta de posicionamiento frente al genocidio en Palestina. Sin embargo, en líderes socialistas como Zohran Mamdani los jóvenes encontraron a alguien que iba de cara y que siempre se nombró propalestino. Esto llevó a que muchos se acercaran a posiciones socialistas.
En su libro cuenta que en el proceso sindical de Amazon fue determinante el enfoque del "trabajador integral". ¿Qué puede aportar a la lucha sindical una mirada que vaya más allá de lo meramente laboral?
El trabajador integral en realidad es una idea muy simple. Se basa en que la identidad de un trabajador tiene muchas aristas que deben tenerse en cuenta en la lucha sindical. No es lo mismo que seas una persona LGTBI, negra, un hombre blanco cisheterosexual o, por ejemplo, que seas católico practicante y tengas tu comunidad dentro de la Iglesia.
Esta teoría surge en los años 30 dentro del sindicalismo radical estadounidense liderado por Autoworkers. Estos se percataron de que el éxito de algunas huelgas dependía del apoyo del conjunto de la comunidad. Esta idea reapareció en una huelga que hubo en Chicago en 2012 y que recuerda mucho a lo que está pasando ahora mismo con los educadores en el País Valencià. En esta huelga los profesores se aliaron con los padres. Los educadores se comprometieron a cuidar de los niños dentro de la línea de piquetes durante las horas lectivas, lo que aseguraba que la Policía no podía entrar y, además, los padres se unieron a las protestas, reivindicando mano a mano con los docentes su subida salarial. Esta alianza fue clave para el éxito de la huelga.
"Hay respuesta posible frente a esta ola reaccionaria que quiere acabar con los movimientos sociales y la democracia"
Cuando cuenta las historias de los dos mayores sindicatos tradicionales de Estados Unidos se observa una trayectoria que, a lo largo de los años, ha derivado en posturas acomodadas frente a la patronal. ¿Cómo se puede evitar esta clase de degradación y burocratización de las estructuras sindicales?
Desde el nuevo sindicalismo son conscientes de que cualquier organización se puede anquilosar en su burocracia o generar una élite interna. Por eso han elaborado herramientas destinadas a reverdecer el movimiento y sus organizaciones. Se hacen evaluaciones para comprobar si los sindicatos están respondiendo a las demandas sociales. Además, han entendido que la renovación es básica para evitar que las estructuras se anquilosen, por lo que se han potenciado los procesos de democracia interna, dando una importancia central al modelo asambleario.
Los afiliados a los sindicatos tienen que tener en el ADN que es necesaria la renovación y que debe haber almas con opiniones diferentes. Solo hay que mirar a los sindicatos del nuevo sindicalismo, que son todos asamblearios, no tienen estructuras fijas, no tienen líderes y funcionan de abajo a arriba. Por lo que la renovación y el disenso forman parte de la propia organización.
Que existan luchas internas bien llevadas en el seno de los sindicatos permite que estos sigan vivos. Solo hay que ver el ejemplo de Autoworkers, que es el sindicato más amarillo de Estados Unidos, donde fue necesario que se formara un sindicato dentro del propio sindicato para poder reverdecerlo. Finalmente, este disenso interno llevó a la presidencia a Shawn Fain y su proyecto ecosocialista. Y así pasamos de un sindicato que había sido intervenido por el Departamento de Justicia porque era lo más corrupto que había en Estados Unidos a que llegara a la presidencia un tío que citaba a Malcolm X y que organizó una huelga que pedía un 25% de subida salarial para los trabajadores. Y dentro de esta organización ya ha aparecido un grupo crítico con Shawn Fain y que está presentando alegaciones por algunas promesas incumplidas. Esta clase de grupos críticos lo que hacen es empujar al sindicato a ir a más. Es una renovación que tiene que producirse cada tres años al menos.
¿Qué aprendizajes puede sacar del nuevo sindicalismo estadounidense?
Número uno, no todo está perdido. Número dos, está todo por ganar. Número tres, con esperanza, trabajo y confianza en tus propios militantes se puede salir adelante. Y luego, que hay respuesta posible frente a esta ola reaccionaria que proviene del capital y que quiere acabar con los movimientos sociales y la democracia. Y esta respuesta nace de que hay gente que quiere ser politizada y formar parte de los movimientos sociales. Que en un país como Estados Unidos, que tiene animadversión a todo lo que sea colectivo o socialista, haya una juventud de menores de 25 años que quieren sustituir el actual sistema económico implica que hay una base de personas que desean participar en política. Mucha gente tiene ideas que van en defensa de la democracia, del sindicalismo, de los derechos humanos, de los derechos LGTBI, del feminismo y en contra del cambio climático. Esa es una de las mayores lecciones que debemos extraer.
Por otra parte, en España tenemos que dejar de confundir el antiimperialismo con rechazar todo aquello que venga de Estados Unidos. Es importante que escuchemos a su clase trabajadora, porque la componen más de trescientas millones de personas y hay cosas que podemos aprender de ella.


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.