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Qué fue el bombardeo de Gernika, qué papel jugaron los nazis y cómo fue utilizado por la propaganda franquista

Los golpistas acusaron al propio Ejército vasco de incendiar la ciudad, mientras que los legionarios alemanes tenían instrucciones de no hablar del tema o, incluso, negarlo.

(5/09/2020) El árbol de Gernika, símbolo de las libertades vascas donde todos los lehendakaris han jurado el cargo, durante la toma de posesión de Iñigo Urkullu en septiembre de 2020.
El árbol de Gernika, símbolo de las libertades vascas donde todos los lehendakaris han jurado el cargo, durante la toma de posesión de Iñigo Urkullu en septiembre de 2020. Ion Alcoba / EFE

El Congreso de los Diputados recibió el martes la intervención telemática del presidente ucraniano Volodímir Zelenski. Su país sufre desde el 24 de febrero la invasión neozarista liderada por Putin. Durante su discurso, Zelenski agradeció el apoyo del Gobierno y de la sociedad contra los constantes ataques bélicos sobre Ucrania. El mandatario, además, apeló a la sensibilidad española recordando un pasaje de la Historia reciente que no ha tardado en levantar ampollas: "Estamos en abril de 2022, pero parece que estamos en abril de 1937, cuando todo el mundo se enteró de lo que le sucedió a una de vuestras ciudades, Gernika".

No han tardado en alzarse las voces reaccionarias. "¿Y Paracuellos, qué?", reclaman algunos. El ultraderechista Hermann Tertsch ha calificado la iconografía en torno a los hechos históricos de mera "propaganda de guerra". Lo cierto es que el bombardeo, sin ser el único ni el peor de esos tres años, tuvo una gran repercusión internacional. Pero la verdadera propaganda de guerra en realidad fue ejercida por Franco. 

La realidad es que la Legión Cóndor de los nazis y la Aviación Legionaria de los fascistas italianos perpetraron el ataque contra la población gernikarra. Pero la extrema derecha recurre siempre a tres argumentos cuando se habla del bombardeo: que su objetivo era la fábrica de armas (la cual quedó ilesa, frente a las miles de casas y calles destruidas) o que no murió mucha gente.

Más de 80 años después continúa sin saberse la cifra exacta de víctimas durante el bombardeo. El Gobierno Vasco registró entonces 1.654 muertos y 889 heridos, pero estudios más actuales estiman el número entorno a 200 o 300 personas. De todos modos, es un error atribuir mayor o menor gravedad a esta clase de eventos en función de la cantidad de afectados. Gernika fue una tragedia en sí misma.

Un tercer argumento utilizado por la extrema derecha es directamente una mentira. Aunque cada vez menos, algunos todavía alegan que fueron los propios vascos quienes incendiaron la ciudad, una mentira que se remonta a los primeros comunicados del bando sublevado.

El entonces lehendakari del Gobierno Vasco, José Antonio Agirre, fue el primero en acusar a las tropas alemanas de haber llevado a cabo el ataque contra la histórica ciudad, donde todos los presidentes de Euskadi tomaban y siguen tomando el cargo. Los sublevados no tardaron en negarlo todo y acusar al propio Ejército vasco de haber llevado a cabo el incendio de Gernika. "Son completamente falsas las noticias transmitidas por el ridículo presidente de la República de Euzkadi", sentenciaron los franquistas en un comunicado.

Una ciudad devastada - La imagen, cedida por el Centro de Documentación sobre el Bombardeo de Gernika. Fundación Museo de la Paz de Gernika, representa el estado en el que quedó el casco urbano después del bombardeo. La estructura de madera de las casas n
Una ciudad devastada - La imagen, cedida por el Centro de Documentación sobre el Bombardeo de Gernika. Fundación Museo de la Paz de Gernika, representa el estado en el que quedó el casco urbano después del bombardeo. La estructura de madera de las casas no soportó las llamas de las bombas incendiarias lanzadas por la aviación alemana e italiana.

Desde el cielo cayeron 5.771 bombas. La mayoría de ellas cilíndricas, fabricadas con piedra y con hierro. "¡Miente Aguirre! Miente vilmente", exclamaba la propaganda de los sublevados. "Guernica no ha sido incendiada por nosotros, la España de Franco no incendia." Estamos en abril de 2022, pero parece que estamos en abril de 1937, cuando los reaccionarios negaron la autoría de los hechos.

Negacionismo, una tradición después de una masacre

Los legionarios sobrevivientes rehusaron ser considerados criminales de guerra, y el debate público sobre este asunto se alargó a lo largo de toda la dictadura. Según explica Schüler-Springorum en un artículo de la Universidad de Hamburgo, un ex oficial del Estado Mayor de la Legión se enfrentó a un "presentador de televisión de la época, al Ministerio de Defensa, y de manera continua -no siendo el único- al Instituto de Historia Militar de Freiburg, alegando que todos estaban siendo víctimas de un acoso propagandístico".

Schüler-Springorum también menciona una carta de Hans-Henning Freiherr von Beust, oficial de la Luftwaffe alemana, el ejército de aire, durante el período nazi. Explica en la carta que, a raíz de las protestas internacionales, se "indicó a los pilotos que no hablasen sobre el ataque o, que dado el caso, lo negasen".

Negar los hechos es una práctica muy habitual cuando un ataque recibe la reprobación de todos los pueblos. El Kremlin asegura que la masacre de Bucha acaecida este fin de semana es un montaje para desacreditar a Putin. Sin embargo, los testimonios de los vecinos que se escondieron en la ciudad y los periodistas internacionales indican todo lo contrario.

El periodista George Steer desmintió las falsedades franquistas

De igual modo, el enviado especial de The Times durante la Guerra Civil, George Steer, desmintió en una crónica del 6 de mayo de 1937 las posturas negacionistas de los golpistas. "La declaración publicada por Salamanca según la cual Guernica ha sido destruida por los rojos es absolutamente falsa. Personalmente hablé con más de 20 refugiados de Guernica en los alrededores de la ciudad la noche de la destrucción". Tarde o temprano, la verdad siempre sale a la luz.

Y es verdad que Gernika no fue la ciudad peor parada de la guerra, ni fue la única afectada por el bombardeo de las aviaciones nazis y fascistas. Gernika se convirtió, sin embargo, en un símbolo universal de los estragos de la violencia. Jaques Rancière decía que un episodio del pasado nos interesa en tanto que se convierte en un episodio del presente, donde se deciden los pensamientos, las acciones, y las estrategias. El pasaje de Gernika, como la carnicería de Bucha, nos recuerda que en una guerra el bando perdedor es, siempre, el pueblo.

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