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Cárcel, fusilamientos y cambios de identidad: el caso de los 50 argentinos represaliados por Franco 

Remiten a la Justicia de Argentina, que instruye una causa contra los crímenes del franquismo, una recopilación de la represión sufrida por cincuenta argentinos en España durante la Guerra Civil y la dictadura de Franco. 

Libertad y Diana Mingorance en una foto de la posguerra.-ARCHIVO JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ
Libertad y Diana Mingorance en una foto de la posguerra.-ARCHIVO JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ

MARÍA SERRANO

Ana es la única mujer de la lista. Su nombre real era Diana pero se tuvo que camuflar ante el régimen que acabaría con la paz de la familia argentina Mingorance hasta el final de sus días. Ana residía en España desde los 15 años. Llegó a formar parte de un batallón de brigadas internacionales. Junto a su hermana Libertad y sus padres estuvieron a punto de librarse de la barbarie cuando consiguieron billetes en el vapor Stanbrook. No llegaron al puerto de Alicante y la familia se tuvo que dispersar. Ana y Libertad se trasladaron a Granada. Durante años vivieron en la clandestinidad e incluso consiguieron burlarse de la censura celebrando en plena posguerra el aniversario de la República con banderitas de papel tricolor, que le costó a Ana Mingorance dos años cuatro meses y un día de reclusión. Un defecto en la máquina alemana de escribir con la que se elaboró el material las delató enseguida. Ninguno de los miembros de esta familia argentina olvidó la mano de un régimen que aplastaba a cualquier ciudadano, sea cual fuese su nacionalidad.

Existe escasa información de estos residentes argentinos. Salvo datos de archivos. Cifras. Algún testimonio oral. Sería la primera vez que hablamos en España de "extranjeros represaliados por el régimen franquista de forma abierta" y que no guarden ninguna relación con las víctimas de las brigadas internacionales. Esto es otra cosa. Una relación de nombres inédita. Medio centenar de víctimas nacidas en Argentina que sufrieron cárcel, consejos de guerra, represión o incluso la muerte por no estar a favor del régimen que se gestaba en la España de 1936.

"No se trata de abrir una nueva causa, sino de que se incorporen nuevos casos" a la querella argentina, aclara a Público el historiador José Luis Gutiérrez que ha aportado bastantes datos a esta recopilación junto al investigador Julio Guijarro. "Son ciudadanos argentinos, de nacimiento o pasaporte, que fueron represaliados". Han facilitado a la jueza Servini la información para que le llegue, a través del Consulado de Argentina y que los casos sean revisados por el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Emilio Armengod.- ARCHIVO JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ

“Esperamos que esta documentación llegue a alguno de las familias de estos represaliados”

El listado ha sido un trabajo minucioso, coordinado desde el del portal Todos los nombres y busca que formen parte de la denominada querella argentina. Esta causa pretende sentar en el banquillo a los verdugos que quedan vivos de la dictadura. "Como en España no se ha juzgado, las víctimas cruzaron el charco. Esperamos que esta documentación llegue a alguno de las familias de estos represaliados para que conozcan como estos hombres y mujeres acabaron sus días", afirma a Público Cecilio Gordillo, coordinador del portal Todos los nombres y del grupo memorialista de CGT Andalucía.

En febrero y mayo de 2014 se entregó por primera vez a la embajada de Argentina en Madrid y a la jueza Servini una relación que en aquellos momentos hacía mención a 33 argentinos represaliados (fusilados, procesados en Consejos de guerra, depurados, desaparecidos, en trabajos forzados, TOP, …) pero, hasta la fecha no se conoce el inicio de ninguna actuación. El número se ha incrementado. Desde Todos los nombres, que ya registra más de 104.559 desaparecidos y represaliados del régimen, han retomado la búsqueda de casos para llegar vía consular a la magistrada Servini.

Músicos, políticos, tipógrafos carpinteros y una sola mujer en la lista

El listado aporta biografía, anécdotas y detalles de aquellas que procedían de ciudades como Buenos Aires, Rosario de Sante Fe, Mar de Plata, etc…

Emilio Armengod era un joven nacido en Buenos Aires. Sus padres, actores de profesión se encontraban en Argentina cuando nació Emilio, que vivió el resto de su vida en la ciudad de Cádiz hasta que la guerra se lo llevó por delante por ser concejal de Unión Republicana en San Fernando y masón. Fue asesinado en Puerto Real el 16 de agosto de 1936.

Gestión del consulado de Argetina para la liberación de presos.- ARCHIVO JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ

La tragedia se palpa con detalle en la relación de cada uno de estos nombres, con historias de hermanos como la de Antonio y Alfonso Moreno García, nacidos en la capital argentina y residentes en Sevilla. Fueron detenidos a comienzos de agosto del 36 y liberados dos días más tarde por la intervención del cónsul argentino Martín Nazar. "A veces las relaciones diplomáticas podían funcionar pero a Franco no le temblaba el pulso a la hora de firmar una sentencia", señala Gutiérrez a Público. En cualquier caso, recurrir a las relaciones consulares no era ninguna garantía. En este caso ni la intervención diplomática libró a los hermanos Moreno de su fatal destino.

El investigador José María García Márquez pudo conocer por archivos que "fueron detenidos el 11 de septiembre de 1936 y otra intervención del cónsul hizo que los liberaran el 14 del mismo mes". Por tercera vez, el 11 de enero de 1937 fueron detenidos sin que las gestiones del cónsul sirvieran. José Antonio fue juzgado el 5 de abril de 1937 y condenado a la pena de muerte. Alfonso fue juzgado en consejo de guerra el 12 de abril de 1937 y condenado a 30 años de prisión. Lo llevaron al penal de El Dueso en Santoña (Cantabria) y se fugó el 9 de septiembre de 1939. Nunca más se supo de su paradero.

Algunos de estos argentinos pasaron también por la miseria de los campos de concentración franquista, como le ocurrió a Eduardo Sánchez González con 41 años de edad. Como preso-esclavo del franquismo para una empresa privada. Concretamente "redimía pena por el trabajo en la mina de mercurio de Almadén (Ciudad Real) y que tuvo un accidente laboral grave por lo que perdió un ojo" relata Gordillo. De igual manera pasos sus días en el buque prisión Carboeiro, Juan Reinaldo Benítez, nacido en Mendoza y vecino de Morón de la Frontera (Cádiz), asesinado en octubre de 1936.

Víctor Serafín Mohedano es el más joven de todos ellos. Con tal solo 18 años era carpintero de profesión y natural de Buenos Aires y vecino de la barriada de Cerro Muriano de Córdoba. Ingresó en prisión el 20 de julio de 1936 por orden del gobernador militar Ciriaco Cascajo. En una saca de 27 personas, fue ejecutado por orden del Jefe de Orden Público, Bruno Ibáñez No consta su inscripción en Registro Civil.

Pero hay más detalles, como la afición de José Lozano Escudero, acordeonista, nacido en Buenos Aires y vecino de El Puerto de Santa María en Cádiz. Era peón albañil. En su vínculo con el ateneo Libertario tocaba el acordeón en marchas revolucionarias y manifestaciones. Fue encausado y finalmente absuelto.

La relación se actualiza a diario, con cualquier dato útil que sirva para encontrar un nuevo caso. Cecilio Gordillo, recuerda como la pasada semana el historiador y colaborador de Todos los nombres José Díaz Arriaza y la Asociación "Memoria Viva", remitió un nuevo nombre de un argentino víctima del franquismo. Venancio García Rodríguez, 25 años, trabajador del campo, vecino en La Puebla del Río, asesinado en Sevilla el 17 agosto del 36.

La gran mayoría de los casos ocurrieron durante los primeros momentos del golpe. Las autoridades argentinas no tuvieron conocimiento de ellos. Gordillo apunta a Público que estos datos ayudan a "actualizar todo lo relacionado con la querella argentina a niveles públicos", aunque no es muy optimista en que "la fiscalía argentina abra un apartado específico dentro del ámbito de la querella. Habrá que esperar”.

Ana Mignorance Pérez, la única mujer de la lista

A pesar de la necesidad de Ana y su familia por zarpar en el Stanbrook rumbo al exilio, el terror de aquellos días de final de la guerra no permitió que llegaran a tiempo al puerto de Alicante en las últimas horas de guerra.

José Luis Gutiérrez rescata el testimonio de Guillermo Vignote, hijo de Diana Mingorance, que recuerda como su tía Libertad y su madre lograron escapar en medio de la barbarie y no marchar a Madrid por "miedo a las represalias". Las dos hermanas alquilaron habitaciones en Granada que realquilaban para poder vivir. Y allí comenzó su lucha y su resistencia. Cambiaron de nombre. "Era tal el miedo, que se vieron obligadas, por necesidad, para eludir todo lo que pudiera señalarlas", apunta Guillermo. Libertad se convirtió en Lucía y Diana en Ana para luchar en la resistencia. Su cambio de identidad duró los cuarenta años del régimen franquista.

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