Entrevista a Óscar Lobo"En Castilla y León se cobra un 10% menos de salario que en el resto del país"
'Público'conversa con el secretario general de UGT Castilla y León durante la campaña electoral de las autonómicas.

Madrid--Actualizado a
Óscar Lobo (Ginebra, 1973) ha cumplido un año al frente de UGT en Castilla y León, con sus primeras elecciones autonómicas como secretario general a la vuelta de la esquina. Un año del que, asegura, el sindicato sale "mucho más fuerte y cohesionado", pero con la voluntad intacta de ser útil para los y las trabajadoras. "Somos el sindicato con más historia en la comunidad", reivindica Lobo. Un "lugar seguro" para la clase trabajadora en una comunidad golpeada por la despoblación, unos servicios públicos "que no llegan" y unas condiciones laborales "inferiores a la media nacional".
Sobre el estado de salud de los sindicatos, la subida del SMI, la brecha de género y, por encima de todo, las condiciones de vida de las y los castellanoleoneses. Sobre todo esto y más hablamos con él en esta entrevista para Público.
Salía la semana pasada un informe de Funcas con la última cifra de afiliación a los sindicatos: un 13%, unos 3 millones de trabajadores. Lo que también refleja el informe es que la afiliación es mucho menor entre los jóvenes. ¿Cómo intentan acercarse a esa población joven que se incorpora al mercado laboral y que es, a fin de cuentas, el futuro de los sindicatos?
Ahí es muy importante contextualizar. A nosotros, a los sindicatos, no se nos mide tanto por la afiliación, sino por los resultados en las elecciones sindicales. Esto es, cuando las personas trabajadoras insertan su voto en una urna para elegir a sus representantes. Y lo que sí te puedo trasladar es que, tanto a nivel confederal como a nivel de Castilla y León, el sindicalismo crece y que UGT es un sindicato sólido, que crece en representación.
En ese crecimiento de representación en comités de empresa y en personal tienen cabida muchos delegados y delegadas jóvenes. Estamos haciendo ya incursiones en empresas que se dedican al reparto. Empresas que están en boca de todos, como Globo, que son sectores muy precarizados y con un gran volumen de trabajadores jóvenes. Están tomando el testigo, la iniciativa, para intentar sindicalizarse y defender sus derechos. Con lo cual, hay una importante incorporación de otra generación que ve la necesidad de organizarse porque tiene unas situaciones mucho más precarias.
En cuanto a la afiliación, te puedo decir que se mantiene constante en los últimos 20 o 30 años. Hay muchas personas más jóvenes que descubren la organización, la necesidad de formar parte de un lugar seguro y que acaban incorporándose al sindicato. Hay que tener en cuenta que este país tampoco premia mucho la afiliación. Al final, en el ámbito de la negociación colectiva, negociamos para todos y todas, tanto los convenios colectivos como la concertación social. No es como en otros países de la Unión Europea donde solamente defiendes los intereses de tus afiliados.
Pero vamos, entendemos que los verdaderos imputs que nos van llegando, los verdaderos datos, son a través de las elecciones sindicales. UGT está en torno a los 100.000 delegados. En Castilla y León, estamos superando los 6.000 y en torno a un 35% de representación, que es una representación muy alta. Lo que quiero decir con esto es que, a pesar de lo que alguna gente pueda percibir, el sindicalismo de clase no es que no vaya a menos, es que va a más, está subiendo. Y no hay ningún sindicato, bien corporativo bien de otra índole, que nos quite porcentaje y representación.
La semana pasada se aprobaba en el Consejo de Ministros la subida del SMI, ese 3,1%. En un primer momento, los sindicatos pedían una subida bastante más generosa, del 7,5%. ¿Cómo valoran el acuerdo final, acompañado del compromiso de regular los pluses salariales?
Ahí es cierto que falta un una norma a nivel estatal que realmente ponga coto a la absorción de los pluses. Hay que limitar estas trampas para que realmente se incremente el poder adquisitivo de todas las personas trabajadoras que se ven beneficiadas por el salario mínimo interprofesional.
Es un avance, pero obviamente hay que seguir avanzando, hay que ir más allá. Nuestro objetivo es llegar a los 1.441 euros brutos al mes. En la comunidad autónoma de Castilla y León la subida del SMI supone una palanca fundamental para el poder adquisitivo de los bolsillos de las y los trabajadores. Se van a ver beneficiados más de 133.000 trabajadores y trabajadoras. Una subida que afectará sobre todo al sector servicios, a la hostelería, al comercio, al transporte, a la ayuda a domicilio. En nuestra comunidad tenemos, por la composición de nuestro mercado laboral, un número muy importante de personas trabajadoras que dependen de la palanca del SMI. Al final lo que estamos viendo es que la mejora de las condiciones materiales de las personas trabajadoras provienen de acuerdos estatales que se impulsan desde el ámbito sindical.
37 € brutos al mes al final suponen más poder adquisitivo y más consumo en una comunidad que depende mucho del consumo y de la demanda interna. También te puedo poner como ejemplo la actualización de las pensiones que afecta a más de 600.000 pensionistas en nuestra comunidad. 276 millones de euros en los bolsillos de los pensionistas para una comunidad envejecida y en la que es, por tanto, fundamental. Te puedo hablar de la reforma laboral, de lo que ha supuesto contra la contratación temporal. Te puedo hablar de los coincidentes reductores, de la ley de permisos. Es decir, en las comunidades autónomas, todos los acuerdos estatales de un gobierno progresista con el impulso de las fuerzas sindicales derivan en una mejora de las condiciones materiales.
Tenemos que contagiar la esperanza de que en Castilla y León se pueden cambiar las cosas
Estamos a las puertas del 8M. La brecha de género se ha situado en el 15,74%, su nivel más bajo desde 2008. ¿Cuál es la situación concreta en Castilla y León?
Todavía queda mucho por avanzar en Castilla y León. Estamos hablando de que la brecha salarial es de 4.256 euros, un 15,56% respecto a los trabajadores varones. Esto se ha ido corrigiendo por la palanca del SMI, por las pensiones y también por la mejora de la reforma laboral, pero obviamente queda mucho por abordar. En nuestra comunidad, la negociación colectiva está muy atomizada, con mucho carácter sectorial provincial. No tiene un suelo autonómico, lo que realmente está siendo el gran obstáculo para alcanzar esta igualdad salarial.
No quería dejar de mencionar otra dos batallas del Ministerio de Trabajo: la reducción de la jornada laboral y el endurecimiento del registro horario. Salió hace unos días un informe de CCOO que estipula que cuatro de cada diez horas extra quedan sin pagar y que el 5% de los trabajadores hace habitualmente horas extra.
El objetivo que tiene el sindicato es seguir trabajando por la reducción de la jornada a las 37 horas y media. Ahí hemos visto cómo desde el Parlamento se ha truncado una mejora de las condiciones de los trabajadores y las trabajadoras, sobre todo de aquellas personas que están en una situación más precaria. Lo que sí que puede salir de forma inmediata es ese decreto que regule el registro horario. Ahí van a quedar patentes todas esas horas extraordinarias. Estamos hablando de más de dos millones a la semana que no están siendo abonadas. Este es uno de los elementos que más temen los empresarios.
Por seguir tirando de Castilla y León, en nuestra comunidad autónoma estamos hablando de que ha perjudicado a medio millón de trabajadores y trabajadoras desechando la reducción de jornada. Es una auténtica barbaridad cómo se nos ha truncado la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida y nuestra conciliación. Sobre todo cuando tenemos unos niveles de productividad que permiten realmente hacer esta reducción en la jornada. Todavía estamos anclados en una jornada hace 40 años. A la vez vemos lo que se está probando en otras partes del planeta, como en Argentina con la mal llamada Ley de Modernización Laboral, que al final no es más que un blanqueamiento de la nueva esclavitud: pasar de una jornada de 8 horas a 12 horas diarias. Estamos hablando de 60 horas semanales por el mismo salario. Frente a ello, hay que seguir reduciendo el tiempo de trabajo porque nos lo podemos permitir, porque realmente la economía de nuestro país se lo puede permitir y porque la tendencia en nuestro entorno es a tener más tiempo para vivir.
Estamos ya en la precampaña en Castilla y León. ¿Qué temas deberían estar sobre la mesa? ¿Cuáles son las principales dificultades de los trabajadores castellanoleoneses?
Te voy a ir enumerando ejes. Primero, población. Se acaba de cumplir el 43 aniversario de nuestro estatuto de autonomía. Fuimos de las últimas comunidades autónomas en tener un estatuto, nuestra pequeña constitución. Si tomamos como referencia la población, porque donde hay gente hay futuro, en 1983, en España, había 37 millones de habitantes y en Castilla y León teníamos 2.600.000 habitantes. A día de hoy, 43 años después, la población de España ha crecido 12 millones de habitantes más, estamos ya en los 49. Sin embargo, en Castilla León hemos perdido 200.000 habitantes.
Eso es un verdadero drama para nuestra comunidad autónoma y refleja las consecuencias de las políticas que hemos estado viviendo estos últimos 40 años en nuestra comunidad. Ha dejado de ser una comunidad de oportunidades para mucha gente. Tenemos muchos paisanos que han buscado mejores oportunidades de empleo aquí, en Madrid. Si hubiéramos crecido igual que el resto del país, tendríamos que tener un millón más de habitantes. Somos la comunidad más grande del país, de las más grandes de Europa, con 2.248 municipios, con mucho núcleo rural que vemos cómo año a año va perdiendo gente. Y cómo muchos de nuestros jóvenes emigran a otras partes del país y principalmente a Madrid. Necesitamos más gente, más población. Necesitamos en esta próxima década crecer de forma urgente. Si no, va a quedar como un desierto Castilla y León. Somos la comunidad con mayor tasa de envejecimiento y nos mantenemos por la llegada de personal de personas de otros países. En Castilla y León nadie nos puede hablar de la inmigración como un problema y de un falso efecto llamada.
En estas elecciones nos jugamos las condiciones laborales y los servicios públicos que queremos tener
Castilla y León es una comunidad asentada en un modelo de condiciones laborales más precarias que el resto del país. En Castilla León se cobra menos y se trabaja más. Se cobran un diez por ciento menos de salario y se trabajan dos jornadas más que el resto del país al año. Tenemos más contratación temporal, tenemos también más altas sin estabilidad laboral. Vemos cómo el incremento salarial en los convenios en el resto del país crece un 3,5% y nosotros nos quedamos en el 2,7%, lo que ahonda mucho más esa brecha con respecto a la media del país. Tenemos, insisto, una negociación muy atomizada en provincias. Con lo cual, partimos de unas condiciones laborales peores que el resto del país, lo que también explica por qué mucha gente se va.
Tenemos, además, unos servicios públicos que no llegan. Nos han intentado imponer el mantra de que se puede tener buenos servicios públicos con menos impuestos y es una gran mentira. Hemos tenido el pasado sábado una manifestación en defensa de la sanidad pública. Vemos cómo las listas de espera siguen siendo interminables, los servicios sociales tampoco llegan y en la educación no hay suficientes plazas. Políticas de empleo y políticas públicas cada vez más restringidas, peor financiadas. Y las políticas públicas también son nuestras políticas de prevención, vigilancia y extinción de incendios. En el medio rural, la atención primaria se está retrasando, así como las pruebas especializadas. Venimos arrastrando los grandes recortes de la época de la crisis y no nos hemos recuperado. Con menos impuestos, sobre todo a los que más tienen, es imposible.
Por último, la vivienda. El incremento del alquiler está un punto por encima de la media del país. En Castilla y León tenemos que soportar una inflación igual o superior a la media del país que está absorbiendo una parte importante de nuestro poder adquisitivo. Con lo cual, a los trabajadores y las trabajadoras nos incumben estas elecciones. Nos jugamos mucho. Nos jugamos qué condiciones laborales y servicios públicos queremos tener y por qué políticas públicas queremos apostar.
Desde UGT, ¿van a pedir el voto para alguna formación en concreto? Después de 39 años de gobierno popular en Castilla y León, ¿hace falta un cambio?
Respecto a las elecciones de Extremadura y Aragón, en Castilla y León hay una pequeña diferencia. Allí convocaron las elecciones para depender menos de la extrema derecha, adelantaron su ciclo electoral con ese fin. Al final, lo que han hecho es alimentar y engordar mucho más a la extrema derecha, con lo cual dependen aún más. En Castilla y León se termina el ciclo, el 15 de marzo era el último día posible para hacer elecciones autonómicas. Nosotros fuimos la primera comunidad que albergó un gobierno de coalición del Partido Popular con la extrema derecha, con Vox. Entraron con fuerza, asumiendo las consejerías que tenían que ver con las relaciones laborales, con las políticas de empleo, de seguridad y salud. Fuimos durante un tiempo un foco de atención nacional e internacional porque algunas de las decisiones de ese gobierno sobrecogieron.
Lo que hizo la extrema derecha fue atacar nuestro marco de convivencia. Castilla y León es una comunidad de gente tranquila, de gente a la que le gusta entenderse, convivir con tranquilidad y respeto. La extrema derecha vino a montar bronca, a dividir, a implantar su catecismo ideológico y a ser un auténtico desastre en la gestión. Luego dejaron tirado al gobierno de Mañueco, se fueron por decisiones de Madrid. Lo que no podemos tolerar en nuestra comunidad es que gente que no le importa nuestro futuro vuelva a entrar en el gobierno. La extrema derecha funciona como una sucursal, no creen en las autonomías. No podemos permitir que la gente que abandonó un gobierno, que alteró nuestro clima y que fueron un perjuicio, la etapa más oscura de la comunidad, puedan volver a influir en nuestras políticas. No les queremos ni en nuestras casas ni en nuestras vidas.
En Castilla y León tenemos que mirar hacia atrás, hacia nuestra historia. En un momento histórico, el común se rebeló contra la tiranía de un emperador. Somos un pueblo donde, en esencia, no nos gustan ni los emperadores ni las tiranías ni la arrogancia. Estamos en un momento en el que Castilla y León tiene que decidir si es una comunidad que se entrega a más años de oscuridad o se rebela. Aquí es importante que la gente que ha padecido y que no está de acuerdo con las posiciones reaccionarias y conservadoras tenga la capacidad de decidir por sí misma para que podamos ser protagonistas de nuestro presente y de nuestro futuro. Por eso tenemos que apostar por convertirnos en una comunidad de oportunidades. No podemos permitir que nos rompan nuestro futuro. Cuidado con algunos que miran tanto cara al sol, no se queden ciegos.
Precisamente durante la etapa de Vox en el gobierno se recortó la financiación a los sindicatos.
Nuestro estatuto de autonomía, que reformamos en 2007, incluye una serie de derechos y principios rectores. Uno de ellos es el diálogo social como seña de identidad de la comunidad, como elemento fundamental para el progreso y la cohesión social. Hemos alcanzado más de 120 acuerdos, hemos intentado incidir en políticas de toda índole. El objetivo de la extrema derecha fue dinamitar ese escenario de concertación. Su objetivo era atacar a los sindicatos directamente, porque nosotros representamos todo lo que niega la extrema derecha. Lo que no quieren son trabajadores organizados. Que estemos cohesionados, unidos, que tengamos por detrás una estructura. Uno de los ataques fundamentales fue negar nuestra legitimidad para tomar parte en los órganos de participación institucional. En los consejos de salud, de empleo, de educación. No nos convocaron. Negaban nuestra capacidad de representar la voz de los trabajadores y las trabajadoras y querían debilitarnos.
Para desarrollar sus políticas ultraliberales, la extrema derecha necesita quitar de en medio al movimiento sindical
Nosotros hacemos un trabajo, recogido por la Constitución y por la Ley de Libertad Sindical, para defender los intereses generales. Y eso no puede ser a costa solamente de las cuotas de los afiliados. Se nos intentó también atacar por ahí. Hubo como consecuencia dos sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, en las que se pronunció con claridad meridiana: cometieron una ilegalidad. Nosotros lo que queremos es que nos dejen hacer nuestro trabajo, que nos dejen representar lo que es realmente el mandato de las urnas. La extrema derecha siempre está alineada con las políticas más neoliberales y más capitalistas. Lo que quieren es favorecer a los que más tienen y no quieren que haya sindicatos defendiendo los intereses de la nación y que entorpezcan la buena marcha de las empresas.
¿Qué le parece el proyecto de comunidad que representa el PSOE de Carlos Martínez, con su trayectoria política al frente de la alcaldía de Soria?
Carlos Martínez tiene un aval de gestión en el Ayuntamiento de Soria con una serie de mayorías absolutas, lo cual refleja que ha hecho una buena gestión en su ciudad. Una ciudad nada fácil. Lo que necesitamos en Castilla y León es un proyecto de progreso sólido que amplíe y que sea capaz de movilizar al electorado progresista, que está cansado de una comunidad autónoma donde tenemos la sensación de estar en una eterna sala de espera donde nunca pasa nada. Es importante que el Partido Socialista, como también otras fuerzas de progreso, sean capaces de movilizar a su electorado para que estén fuertes y que muchos ciudadanos y ciudadanas de la comunidad puedan apostar por un proyecto alternativo. Una Castilla y León donde llevamos 39 años de gobierno del Partido Popular, donde no se ha producido una alternancia política. Mucha gente demanda una izquierda fuerte para salir de esta eterna sala de espera y poner freno al avance de la extrema derecha.
Hablaba de otras fuerzas progresistas. Entiendo que se refiere a Izquierda Unida y Podemos, que, en estos comicios, han decidido ir por separado. ¿Cómo cree que puede afectar electoralmente la fragmentación del voto?
No estamos descubriendo nada nuevo en el hecho de que cuando determinadas opciones fragmentan el voto al final no obtienen ninguna representación. Con lo cual, hubiera sido deseable haber llegado a un acuerdo como en otras comunidades autónomas. De esas cuestiones debemos aprender. Castilla León no se puede permitir el lujo de estar fragmentando ni dividiendo el voto. Mucha gente o bien se queda en casa o bien no vota porque tiene que elegir. Lo que debería elegirse en Castilla León es poner freno al avance de la extrema derecha. Eso es lo que realmente necesitamos.
En estas elecciones, los trabajadores nos jugamos ser protagonistas de nuestra tierra
Me ha hecho una valoración de Carlos Martínez como candidato del PSOE. Le pido ahora que me la haga también de Juan Gascón de Izquierda Unida y de Miguel Ángel Llamas de Podemos.
Tanto con Izquierda Unida como Juan Cascón nosotros hemos confluido en espacios de trabajo hace cuatro años, precisamente respondiendo a los ataques de la extrema derecha. En cualquier caso, todas son opciones realmente respetables, que ofrecen un proyecto atractivo para la comunidad. También Miguel Ángel de parte de Podemos. En líneas programáticas, compartimos una inmensa mayoría de objetivos. Yo tengo una buena impresión de los candidatos que se presentan en nombre de las tres formaciones políticas progresistas. Si hiciéramos un diagnóstico de los problemas y también de algunas de las propuestas tendríamos una coincidencia enorme. Nosotros lo que queremos es que Castilla León sea otro tipo de comunidad autónoma. Tenemos problemas fundamentales en el ámbito de las relaciones laborales, de la despoblación, de los servicios públicos y necesitamos una alternativa en la comunidad.
Estamos preocupados. No queremos que se nos robe nuestro futuro. Queremos que nuestro futuro se decida en Castilla León. No queremos tutelas desde Madrid. Ya hemos sufrido lo peor de la extrema derecha y ahora vienen mucho más envalentonados y con ganas de revancha. Lo que necesitamos es un llamamiento a la esperanza de que en Castilla y León pueden cambiar las cosas. Hay que apelar a esa madurez, esa responsabilidad, para que seamos nosotros los protagonistas de la comunidad. Porque, si no atajamos ya los problemas que nos afectan, tenemos por delante un futuro muy negro. Por eso, confiamos en la madurez, en la gente de bien, los demócratas de la comunidad, en esa gente de progreso que quiere que Castilla y León sea una tierra de oportunidad y no una tierra que expulse a nuestros jóvenes.



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