¿Una intervención militar de la ONU en Gaza? Las propuestas de las izquierdas para que Sánchez vaya más allá con Israel
El presidente del Gobierno anunció hace una semana un paquete de medidas en el marco del genocidio en Gaza. Las izquierdas del Congreso las ven insuficientes y proponen sanciones, aislamiento y romper relaciones diplomáticas.
El diputado Alberto Ibáñez puso sobre la mesa promover en la ONU una intervención militar. Expertos analizan para 'Público' hasta qué punto es posible sortear un veto de Estados Unidos.

Madrid--Actualizado a
Las fuerzas políticas a la izquierda del PSOE han empujado desde el primer momento a Pedro Sánchez para que lidere en la arena internacional la condena contra el genocidio en Gaza y la presión sobre Israel. Y lo cierto es que el presidente del Gobierno español, entre otros líderes, ha ejercido ese papel. Sin embargo, la crudeza de la masacre a la que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, está sometiendo al pueblo gazatí lleva a los aliados parlamentarios del Ejecutivo a plantear medidas aún más contundentes que el paquete que desgranó a principios de la semana pasada. Propuestas que pasan por las sanciones o la ruptura de relaciones y que llegan incluso a la intervención militar.
Esta última es una idea que puso sobre la mesa Alberto Ibáñez, diputado de Compromís dentro del Grupo Plurinacional Sumar, y que genera discrepancias entre los distintos expertos consultados por Público. ¿Es posible, en el contexto actual, una intervención militar para proteger al pueblo gazatí promovida por la ONU? ¿De qué tipo? O, por el contrario, ¿es imposible sortear la capacidad de veto que tiene Estados Unidos sobre esa y otras medidas en el marco del genocidio?
Alberto Ibáñez o Gerardo Pisarello han hablado durante la última semana sobre distintas fórmulas para intervenir con ayuda militar en Gaza
En conversación con este medio, Ibáñez lanza una idea. "No se puede tratar a la Alemania nazi obviando que no va a cumplir ninguna mínima garantía del derecho internacional… Y, en el caso de Gaza, no estamos ni ante una guerra, sino ante una limpieza étnica y un genocidio". Lo que propone el diputado es que Sánchez lidere en la ONU un debate sobre la intervención en Gaza, incluso con presencia militar —"una coalición de ejércitos"—, dentro de un marco legal generado por la propia organización para coordinar un proceso de paz.
No se trata de una posición que defienda en su conjunto el Grupo Plurinacional Sumar, pero fuentes del grupo sí que admiten que si algún diputado, por ejemplo Ibáñez, llevara la cuestión a discusión interna, se debatiría y valoraría si se asume como un posicionamiento global. Gerardo Pisarello, diputado de Comuns y de Sumar en la cámara, se mostraba el martes partidario también de una medida como la sugerida por el presidente irlandés, Michael D. Higgins, que propuso utilizar fuerza militar para llevar ayuda militar a Gaza.
Los expertos consultados muestran diversos grados de escepticismo con respecto a esta cuestión. Algunos puramente técnico y otros, más bien político. Todos ellos apuntan, de primeras, a la capacidad de veto de los distintos países que integran de forma permanente el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el organismo que tiene la responsabilidad principal sobre los asuntos de paz y seguridad dentro de la ONU.
Estados Unidos tiene capacidad de veto en cualquier decisión que se tome dentro del Consejo de Seguridad de la ONU
"No veo factible una intervención militar en Gaza", señala en conversación con este medio Ana Manero Salvador, catedrática de Derecho Público y Relaciones Internacionales en la Universidad Carlos III de Madrid, "porque este tipo de medidas coercitivas sólo pueden ser acordadas por el Consejo de Seguridad, en el que Estados Unidos ha implementado una política de veto sistemático a cualquier iniciativa ya no que suponga la intervención en Gaza, sino una condena a Israel o una petición de alto el fuego". Importante el matiz que introduce Manero cuando habla de "medidas coercitivas".
Isaías Barrañeda, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y codirector del Grupo de Investigación Complutense sobre el Magreb y Oriente Medio, también en respuesta a las preguntas de Público, señala, en cambio, que la ONU tiene mecanismos para activar debates como el de la intervención en Gaza e incluso de esquivar vetos como el que podrían ejercer países como EEUU.
A juicio del profesor, lo que cabe preguntarse es si, más allá del Consejo de Seguridad, la Asamblea General de Naciones Unidas también podría plantear una misión de ese tipo. "Se trata de una cuestión que, sin duda, está en el debate internacional", explica Barrañeda. "Una vía es la convencional". Aunque reconoce que no tiene demasiado recorrido, sí que serviría para alentar el debate. "La carta de las Naciones Unidas, explica, "refleja que en caso de que haya riesgo para la paz y la seguridad internacional, se activan los capítulos seis y siete". En el último de los casos, la activación del capítulo siete podría comportar el despliegue de una misión "coactiva" en un territorio, pero "es extraño que suceda porque siempre acaba descolgándose algún miembro permanente". La última vez que sí se activó fue en Libia, en 2011.
Pero es hoy por hoy imposible. La presencia de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad, que debería avalar la misión acordada por la Asamblea General, obliga a descartar esa vía, que técnicamente podría comportar el uso de la fuerza para proteger al pueblo palestino. Conviene recordar que mientras que la Asamblea General funciona por mayorías, en el Consejo de Seguridad los Estados miembros tienen capacidad de veto. Así las cosas, que la ONU alentara el debate en el seno de la Asamblea General podría ser útil en sí mismo (generaría un marco muy contrario a Israel), pero Estados Unidos tendría en definitiva la última palabra.
No obstante, existe otra opción. Barrañeda echa mano de un artículo publicado recientemente por la Universidad de las Naciones Unidas titulado ¿Podría la Asamblea General autorizar a los Cascos Azules para abordar crisis en curso?. El texto explica, por un lado, que la Asamblea de la ONU puede autorizar "operaciones de paz", incluso "armadas". Pone como ejemplo "la primera fuerza de paz armada de la ONU en 1956, la Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas (UNEF), en respuesta a la crisis de Suez". Es decir, misiones de paz con presencia militar, pero sin capacidad coactiva, es decir, no ofensivas.
La Asamblea de la ONU puede autorizar "operaciones de paz" incluso "armadas"
El artículo de la Universidad de Naciones Unidas apunta que para que la Asamblea asuma la tarea de decidir sobre el despliegue de una misión de paz "incluso armada" (sin que intervenga el Consejo de Seguridad) deben concurrir varias circunstancias concretas, toda vez que la organización da prioridad en materia de defensa a dicho consejo. Una de ellas, precisamente, es que "el Consejo de Seguridad no pueda actuar debido a divisiones entre sus miembros permanentes" —una circunstancia que se podría dar, según Barrañeda—; otra, que lo haya solicitado el territorio que está siendo violentado, algo que ha hecho el Gobierno palestino. ¿Serviría, por lo tanto, para esquivar el veto de EEUU?
La respuesta técnica es que sí. En 1961, la Corte Internacional de Justicia aclaró que la Asamblea no solo tiene el poder de "debatir soluciones", sino que "sus recomendaciones las pueden respaldar acciones operacionales o de seguimiento”.
Por lo tanto, retoma el investigador de la Complutense, está claro que "el primer mandato lo tiene el Consejo de Seguridad", pero "si no actúa, hay petición de la parte afectada y, además, el asunto en cuestión es una materia que apela directamente a la Asamblea de la ONU —artículos 10, 11 y 12 de la Carta de Naciones Unidas—, es factible que se debata y se decida directamente en ella". "Y eso", resume el profesor, "se consigue con diplomacia": arrastrando a los distintos agentes internacionales a posturas duras con el genocidio que está perpetrando Israel.
Los Estados con más sensibilidad propalestina lo tienen, con todo, difícil. Una cosa es la teoría y otra, la práctica. Eso es en lo que incide Pablo del Amo, investigador en el Real Instituto Elcano. Lo primero que subraya es que la ONU, en los últimos tiempos, ha perdido poder en la arena internacional en beneficio de "los Estados grandes y fuertes". Apunta que países como Estados Unidos o Alemania parten de posturas muy lejanas a las que defiende, por ejemplo, España. "No hay unanimidad ni siquiera de cara a sancionar a Israel", zanja. El investigador añade que incluso romper el bloqueo que Israel inflige sobre Gaza podría ser interpretado por Benjamín Netanyahu como una declaración de guerra. Del Amo no ve ni siquiera a los Estados más comprometidos con Palestina con la voluntad de asumir riesgos, más aún habida cuenta de la escalada de los últimos días con el bombardeo israelí contra Hamás en Catar.
Ruptura de relaciones, sanciones y aislamiento de Israel
En cualquier caso, antes de promover esas operaciones de paz hay pasos que podría dar el Gobierno más allá de las medidas que ya presentó y que las izquierdas del Congreso de los Diputados repiten una y otra vez. Quizá la que podría ser más inmediata y no precisaría de ningún acuerdo internacional es la ruptura de relaciones con Israel, algo en lo que insiste mucho Podemos, que lo pone como condición incluso para negociar los Presupuestos Generales. También desde el Grupo Plurinacional Sumar se exige la retirada de la embajadora española en Tel Aviv. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha descartado públicamente la ruptura de relaciones diplomáticas.
Albares ha descartado la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel
En el apartado de las sanciones, España tiene dos caminos. Uno, el de promoverlas con diplomacia en la Unión Europea. Otra, "sancionar bilateralmente", tal y como explica Pablo del Amo. "Pero es algo que sería casi simbólico". Lo cierto es que Bruselas ha ido virando su posición. Sin ir más lejos, la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, anunció el miércoles pasado que va a plantear la suspensión parcial del acuerdo de asociación de la UE con Israel "en su apartado comercial". España, por su parte, ha prohibido la entrada en territorio nacional de dos ministros ultras de Netanyahu.
Para los aliados de Sánchez en el Congreso es fundamental también que se aísle comercialmente a Israel más allá de la prohibición de la importación de productos de asentamientos ilegales en Gaza y Cisjordania. En ese sentido, hay presión incluso dentro del Gobierno de coalición. La portavoz de Sumar en la Cámara Baja, Verónica Martínez Barbero, recalcó el martes pasado que el objetivo tiene que ser llevar a Israel a la "asfixia económica".
Los partidos a la izquierda del PSOE, con todo, han valorado positivamente las medidas anunciadas esta semana —en parte promovidas gracias a su presión en los últimos meses dentro y fuera de la Cámara Baja—, pero en general las consideran insuficientes. Además, algunos actores como Podemos desconfían de que muchas de ellas terminen llevándose a cabo.
Pero es una presión interna hacia el Gobierno que contrasta con la externa. Estados Unidos ya ha alzado la voz y ha acusado a España de "alentar a los terroristas" con sus medidas. A su vez, Netanyahu ha acusado a Sánchez de lanzar una "amenaza genocida contra el único Estado judío del mundo" por decir que "España no tiene bombas nucleares" para "detener la ofensiva israelí".

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