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La corrupción deja sin palabras a Rajoy en el debate a cuatro 

-El presidente balbuceó dos segundos al responder a la catarata de reproches por parte de sus tres adversarios debido a los escándalos que han sacudido al PP.- Sánchez acusó a Iglesias de haber impedido el cambio pero no aclara con quién pactará. - El líder de Podemos le tendió la mano e ignoró a Rivera deliberadamente- Rivera recurrió a Grecia y Venezuela para desacreditar a Unidos Podemos. -La gran carencia fue la violencia machista, que sólo apareció 30 segundos.

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El presidente del Gobierno en funciones y del PP, Mariano Rajoy (i), el líder del PSOE, Pedro Sánchez (2i), el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera (2d), y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias (d), en el plató momentos antes de iniciar el único debate a cuatro de la campaña electoral, organizado por la Academia de cara a las elecciones generales del 26J, hoy en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. EFE/Mariscal

@JairoExtre

MADRID.- Dos segundos. Sólo han sido dos segundos, pero seguro que Mariano Rajoy no los olvidará en mucho tiempo. Dicen que quedarse sin palabras es el peor enemigo de alguien que sale por la tele, pero al presidente del Gobierno en funciones le hubiera ido mejor el silencio que ese breve balbuceo de quien no sabe qué responder. El artífice de la pifia ha sido el líder socialista, Pedro Sánchez, que ha destacado en el terreno más favorable para él del primer debate a cuatro de la historia de la democracia española: el de la corrupción. En los otros bloques no ha estado especialmente brillante más allá de repetir un programa que ha cacareado en mítines, entrevistas e incluso durante una hora en en el Congreso, cuando no logró ser investido presidente.

Sánchez tuvo que esperar hasta bien entrado el debate para mostrarse contundente con alguien, y disparó a dos objetivos a la vez. "Usted tenía que haber dimitido cuando se conoció que Bárcenas tenía en Suiza 40 millones. Pero sigue aquí como presidente gracias al apoyo inestimable de Pablo Iglesias”, soltó el líder socialista. Pero no terminó ahí: "Su partido ha sido multado, embargado, está corrupto. Sólo le digo que es el presidente de un partido en B, con contabilidad en B y los españoles no se merecen que siga siendo presidente", insistió.

Mientras Sánchez cargaba contra PP y Podemos, podía escucharse a Pablo Iglesias, casi susurrando, como si imitara la voz de la conciencia de los votantes socialistas, diciendo: "No [largo], Pedro, yo no soy el adversario. El enemigo es Rajoy". El líder del PSOE esperó hasta el minuto final del debate para aclarar quien era su enemigo: "Nuestro adversario también se llama intransigencia, rupturismo y soberbia". Y es que Sánchez no ha olvidado el voto en contra de Iglesias y también de Alberto Garzón ─su compañero de coalición─ a su investidura. Hay resquemor y la venganza del socialista puede llegar en forma de abstención a un Gobierno de Rajoy con Rivera en lugar de pactando con Podemos un Gobierno de coalición presidido por quien más votos saque, como le ha propuesto Iglesias. No lo ha aclarado Sánchez pese a las repreguntas de los tres moderadores. La indefinición en el aspecto más importante de todos ha sido su opción esta noche. Pero le ha dejado un recado a Iglesias: "Le tengo la mano tendida, lo que me gustaría es que antes suelte la de Rajoy".

Iglesias, Rivera y Venezuela

Iglesias, que afirmó que acudía al debate tranquilo, sereno y con un tono conciliador, no pudo evitar enfurecerse precisamente contra su gran ignorado de la noche, Albert Rivera. El líder de Ciudadanos sigue sin atacar apenas a Sánchez. A Rajoy le mandó a "reflexionar" sobre si debe seguir al frente de su partido después de aparecer en los papeles de Bárcenas. Buscaba el voto del conservador descontento pero español de bien al fin y al cabo. Pero a Iglesias quiso buscarle las cosquillas y le hurgó entre Grecia y Venezuela. No encontró risas precisamente.

El líder de Podemos no se desviaba de su meta: debatir con Rajoy, de tú a tú, ignorando los carteles que Rivera iba sacando con titulares más o menos interesados sobre el partido morado. "Entre el original y la copia, me quedo con el original. Mi enemigo es Rajoy", le espetó. Y siguió a lo suyo, denunciado que "la corrupción le cuesta a cada español 2.000 euros al año" y recordando el registro policial a la sede del PP, buscando discos duros. Ni siquiera se enfrentó a Sánchez cuando comparó las tramas corruptas del PP con los casos de Juan Carlos Monedero y la beca de Íñigo Errejón en la Universidad de Málaga; inexistente el primero y archivado el segundo. El líder de Podemos meneó la cabeza y miró al cielo, más resignado quizás por la barbaridad que salía de boca del socialista que porque Sánchez no quisiera escuchar sus susurros de mano tendida.

Pero Iglesias explotó cuando Rivera acusó a su partido de "financiación inmoral" ─para curarse en salud─ con fondos públicos de Venezuela, un país que ha visitado recientemente para apoyar a la oposición en el pulso que está echando al Gobierno de Nicolás Maduro. Tardaba en salir el tema central de esta campaña, e Iglesias fue tajante. Interrumpió, frunció el ceño y casi gritando replicó: "No puedo aceptar que se acuse a Podemos de un delito tan grave como financiación ilegal cuando se ha archivado cinco veces en los tribunales", dijo extendido los cinco dedos. de la mano "Hay cosas que no se pueden hacer en un debate, como mentir", le afeó a Rivera antes de volver a olvidarse de él para siempre.

Rajoy contra los becarios de la política

Rivera lo había conseguido. Había sacado de quicio a Iglesias y podía decir su frase preferida "No te pongas nervioso, Pablo". Entonces la empredió con Rajoy, y el presidente se enciende a la mínima. Incluso con Vicente Vallés, uno de los moderadores, que le preguntó por qué dijo que no iba a hacer recortes y luego los hizo. La pregunta, que es la que hay que hacer, le dolió tanto que Rajoy le interpeló directamente. "¿Qué yo dije que no iba a recortar qué?", dijo serio. Entonces explicó su versión de los hechos: el país que heredó estaba muy mal, peor de lo que él imaginaba y hubo que tomar decisiones duras que ahora no hay que abandonar porque, según él, están funcionando. "Gobernar es muy difícil", se excusó para recriminar a los demás que no tienen experiencia de Gobierno. En La Moncloa no pueden vivir becarios, debió de pensar antes de soltar la frase: "Aquí [al Gobierno] no se viene a hacer prácticas, se viene aprendido".

Lo cierto es que Rajoy supo defenderse en materia económica y colocó bien sus eslóganes: "Se pueden crear dos millones de empleo esta legislatura", "España ya no está en quiebra", "ya no se habla de la prima de riesgo", "Se bajarán los impuestos cuando se crezca más", "hemos salido de la peor crisis de la historia" y, sin perder de vista a Iglesias, se colocó como la única "seria" alternativa a un Gobierno calcado al griego, al que compara con el caos absoluto. Fue el bloque de la corrupción el que le pasó factura, y se defendió atacando a Rivera, a quien tachó de tener una "mentalidad inquisidora" y le recomendó "humildad y modestia".

Catalunya: todo sigue igual

En problema con Catalunya fue otro de los temas que no podían faltar, pero no hubo ninguna novedad. Las posiciones siguen siendo las mismas. Sánchez habló de "tender puentes", Rivera repitió a todos que él de eso sabe mucho porque es catalán y que dentro de España les irá mejor a todos; y Rajoy dijo que defenderá la legalidad, la soberanía nacional y la constitución. Sobre el referéndum que defiende Pablo Iglesias fue muy ilustrativo: "Si se hiciera, sólo podría votar de nosotros cuatro el señor Rivera. Y es un asunto que nos interesa a todos", replicó Rajoy. Aquí Iglesias se mostró seguro y ágil, con la comodidad de ser la fuerza más votada en Catalunya y también en Euskadi, algo que supo explotar. Repitió que él quiere a Catalunya dentro de España, pero que la democracia no debe asustar a nadie. Puso de ejemplo el referéndum sobre Escocia en Reino Unido y terminó con una frase que le dijo un amigo: "Si sigue Rajoy otros cuatro años, a lo mejor se quiere ir de España hasta Valladolid".

La violencia machista apenas se trató

La peor parte del debate, el único a cuatro y el primero de la democracia en este formato, fue la ausencia de referencias a la lucha contra la violencia machista. Se hablo muy poco de un problema grave que remite con el tiempo. "Les pido que dejen un poco de tiempo para hablar de la violencia de género, si puede ser", rogaba la moderadora Ana Blanco. Rajoy y Rivera hicieron alguna mención vaga, Sánchez recordó su propuestas de pacto de Estado en la materia e Iglesias le dedicó uno diez segundos al asunto. En total, tras dos horas y media de debate, se habló de las mujeres asesinadas por hombres medio minuto.

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