La CUP estudia presentarse en Barcelona sin sus siglas y en alianza con movimientos sociales
La organización anticapitalista plantea una plataforma transversal con diversas entidades para recuperar la representación institucional en el consistorio de la capital del país.

Barcelona--Actualizado a
La CUP estudia presentarse a las elecciones municipales de Barcelona sin sus siglas y con una plataforma transversal que agrupe a varios movimientos sociales y entidades de la ciudad. Con la mirada ya puesta en las elecciones de 2027, la organización ya trabaja en el proyecto político -aunque todavía es incipiente- con el objetivo mínimo de recuperar la representación institucional en el consistorio, algo básico, según comentan fuentes consultadas, para consolidar la refundación del partido y fortalecerse de cara a las elecciones al Parlament de 2028.
Barcelona nunca fue el punto fuerte de la Candidatura d'Unitat Popular. Pese a ser una fuerza nacida en el municipalismo político, en la capital catalana se han presentado en cuatro ocasiones y sólo han obtenido concejales en una de ellas.
Fue en 2015, cuando María José Lecha encabezaba la lista. La entrada al consistorio barcelonés llegó en pleno auge del procés independentista que catapultó a la CUP de fuerza extraparlamentaria a tener 10 diputados claves en el Parlament, también aquel 2015. En las municipales de aquel año, con el 7,26% de los votos, entraron hasta 3 concejales en el Ayuntamiento de Barcelona -conviene recordar que el umbral de voto para obtener representación en las elecciones municipales es del 5%, no del 3% como en el Parlament-.
Ahora bien, en las otras ocasiones las cosas no han ido tan bien. En 2011, Xavier Monge sólo logró un 1,95% del escrutinio total. En 2019, Anna Saliente fue quien encabezó el proyecto quedándose en el 3,95% y en 2023, con el 3,79%, Basha Changue no fue capaz de revertir la tendencia negativa para los cupaires.
Una opción electoral distinta para 2027
Ahora, tras el batacazo de las municipales del 23 y las catalanas del 24 y con el Procés Garbí de reflexión y debate interno terminado y en fase de consolidación, la organización plantea en Barcelona una opción electoral distinta a la que se ha dado en otras ocasiones. Y la primera gran diferencia será la de optar por no utilizar sus siglas con el objetivo de plantear un proyecto familiarizado con otros movimientos y que tenga fuerza en los espacios activistas de la ciudad. Desde el partido reconocen que su nombre nunca ha terminado de calar en Barcelona y por eso apostarán por otra opción. Sin embargo, el proceso de trabajo es muy incipiente y todavía no se han planteado las nomenclaturas posibles.
Lo que sí se ha empezado a trabajar ya son las alianzas que configurarían el cartel electoral. Los cupaires apuestan por ir de la mano con entidades y movimientos sociales que han tomado relevancia en los últimos años, sobre todo relacionados con temáticas como la turistificación masiva y la vivienda. De hecho, según ha podido saber Público, esa ronda de contactos con las entidades y organizaciones ya ha comenzado. La CUP quiere que el nuevo proyecto sea mucho más que una candidatura electoral: aspira a convertirse en un espacio de confluencia. Desde la formación insisten en que "lo importante es el qué y el cómo y no tanto el quién", y que ahora es el momento "de sumar personas e ideas más allá de colectivos y organizaciones", en palabras de uno de sus portavoces, Miguel Cabré.
Cabré asegura que, de momento, todas las puertas están abiertas "a quien esté dispuesto a romper con el modelo actual del PSC y a trabajar por un cambio de rumbo real en la Barcelona de Collboni". La CUP, dicen, quiere interpelar a "todos los agentes que quieran trabajar por una Barcelona alternativa comprometida con la justicia climática, el catalán, la transición ecosocial y hacerla capital de un país independiente".
El calendario está abierto
Pero el calendario aún está abierto. La formación prevé celebrar un primer gran punto de encuentro con los actores implicados en el primer trimestre de 2026, que servirá para definir las bases de la plataforma. No será, sin embargo, el momento de anunciar ningún nombre ni candidatura: "Ahora no es el momento de hablar de candidatos y candidatas", advierten desde la formación. Como es sabido, los procesos de elección de los representantes públicos de la CUP son más largos que los del resto de partidos, debido al método asambleario. Aunque sí se han planteado perfiles cercanos a movimientos relacionados con la vivienda y organizaciones vecinales, todavía está muy lejos de tomar la decisión.
Àngel Camacho, también portavoz en Barcelona, resume así el espíritu del momento: "Es necesaria una candidatura amplia, popular y transformadora, que vaya más allá de las siglas y que tenga como eje central la defensa de los derechos sociales, la justicia climática, la radicalidad democrática y un nuevo modelo de ciudad para las clases populares". Este horizonte también lo comparte el excandidato Jordi Estivill, que considera que "las luchas sociales y las iniciativas comunitarias que laten en la ciudad son bastante vivas y ambiciosas para tener una voz ahora inexistente en el plenario municipal".
Construir una Barcelona distinta con un nuevo modelo de ciudad
Desde el punto de vista ideológico, la CUP sitúa el debate en un marco de cambio estructural. El secretario general del partido, Non Casadevall, defendía recientemente que "Barcelona necesita lo mismo que el país: un plan para salir del monocultivo turístico, una renta básica universal y la recuperación de la fuerza en la calle para construir un nuevo país". Una línea que también apunta Alba Galimany, portavoz de la CUP Barcelona, cuando denuncia que "la gente de Barcelona ya no puede más" y reclama "un plan de reconversión para abandonar el modelo turístico y diversificar la economía con una apuesta por el decrecimiento".
Con este planteamiento, los cupaires quieren convertir su regreso a la institución municipal en un instrumento para reorganizar las fuerzas de la izquierda alternativa catalana y conectar con una parte de la ciudadanía que, según la percepción de los independentistas anticapitalistas, vive con creciente desafección la gestión del Gobierno municipal liderado por el alcalde socialista Jaume Collboni. El reto es mayúsculo: recuperar representación en el Ayuntamiento de Barcelona después de dos elecciones sin conseguirlo y hacerlo, además, con una propuesta que no llevará su nombre, pero sí su impronta y filosofía política.

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