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"¡Eh tú, sindicalista!": Así es el día a día de los soldados que luchan por democratizar el Ejército

Señalados por sus superiores, los militares que intentan defender sus derechos como profesionales se ven obligados a pasar desapercibidos por miedo a represalias de sus mandos: "Para ellos no somos patriotas"

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Legionarios desfilando en el día de las Fuerzas Armadas. EFE

MADRID.- Imagine el lector trabajar en un entorno profesional donde, para asegurarse del correcto cumplimiento de sus funciones, el Estado recorta de forma severa su libertad de expresión y sus derechos de manifestación y reunión. Imagine que, pese a encomendarle la protección de la democracia y la Carta Magna, su Gobierno le mantiene fuera del Convenio Europeo de Derechos Humanos mediante una reserva elevada oficialmente. Por último, hágase a la idea de que tiene prohibido sindicarse y de que el mero concepto de intentar salvaguardar sus derechos laborales mediante el asociacionismo está mal visto entre buena parte de sus superiores y compañeros.

Si el lector continúa con el experimento y se imagina en la piel de uno de aquellos que deciden remar a contracorriente y ayudar a sus camaradas como representante de una asociación de militares, tendrá una imagen bastante cercana de la realidad que enfrentan día a día estos soldados españoles. 

"Dentro del Ejército hay gente que lo ve como algo de rojos, porque le han hecho ver el sindicalismo como algo malo", explica a este medio Germán Sánchez, integrante del Círculo Podemos de las Fuerzas Armadas (FFAA) y militar retirado tras seis años de servicio. 

Sánchez resalta que muchos mandos militares ponen especial cuidado en "hacer notar" a los soldados que se integran en una asociación que "los tienen controlados". "No es que sea un trato vejatorio, pero sí dejan caer que saben quien eres. Te dicen ¡eh tú, sindicalista! o mira por donde va el sindicalista, para que sepas que te tienen controlado", relata.

"La gente tiene miedo"

La afiliación a asociaciones profesionales en el ámbito castrense es mucho menor que en la sociedad civil, o incluso que en otro cuerpo de seguridad de carácter militar como la Guardia Civil. La principal agrupación de uniformados de la Benemérita –que también tienen prohibido sindicarse–, la Asociación Unificada de Guardias Civiles, cuenta con unos 32.000 inscritos, de un total de 80.000 agentes. Su homóloga en las FFAA, la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), cuenta con 8.000 entre unos 120.000 soldados.

"La gente tiene miedo de decir que pertenece una asociación; la mayoría lo oculta hasta que tienen algún problema"

"La gente tiene miedo de decir que pertenece a una asociación y la mayoría lo oculta hasta que tienen algún problema", expone Marcos Santos, soldado en activo y representante de una de estas agrupaciones militares, dedicadas a "orientar" a los miembros de las Fuerzas Armadas (FFAA) sobre sus derechos y ofrecerles apoyo jurídico.

Santos confirma que algunos mandos "están incómodos" con la presencia de militares asociados. "Si ven que protestas –continúa en su conversación con Público– te buscan las vueltas porque lo ven como una provocación".

"Van contra todo lo que ellos no creen que es adecuado conforme a lo que ellos piensan. Todo vale para defender su cortijo", acusa el soldado. "Nosotros somos la ETA del Ejército, para ellos no somos patriotas", denuncia.

"No hay interés en que conozcan sus derechos"

Mariano Casado, secretario general de AUME y presidente de la sección de Derecho Militar del Colegio de Abogados de Madrid, corrobora que ha conocido "casos en los que la adscripción asociativa" ha provocado "una mayor severidad en el trato" que han recibido los soldados por parte de sus mandos.

"La clave de todo esto es la poca cultura asociativa de las FFAA, la poca capilarización del derecho de asociación como algo normal", adelanta Casado a este medio, expresando que "esa falta de normalidad hace que ser o hablar de una asociación parece que va contra los principios y valores esenciales del ámbito castrense, cuando no es así".

Para el secretario general de la AUME, la causa es que la autoridad es rauda a la hora de comunicar a los militares "sus deberes, que deben conocer porque sí", pero mucho menos diligente a la hora de explicarles sus derechos como soldados: "Es el caldo de cultivo para que se produzcan este tipo de situaciones de miedo y abuso".

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