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Elecciones al Consejo de la Policía

Entrevista con el líder de la ARP Lorente: "En la Policía hay todavía cómplices de Villarejo que no han salido a la palestra"

Desde que fundó, en 2016, la Agrupación Reformista de Policías, Luis Miguel Lorente ha impulsado el carácter innovador, progresista y defensor de los derechos humanos que distingue a este sindicato policial, combatiendo los vicios heredados por mandos retrógrados al servicio de intereses políticos espurios. Por eso, la ARP fue única central sindical, de todas las que ahora se presentan al Consejo de la Policía, que denunció al comisario Villarejo ante la Fiscalía Anticorrupción.

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Luis Miguel Lorente, dirigiendo una protesta de la ARP contra el comisario Alfonso Cid en Alicante.

Una de las preguntas clave que habría que hacer a los dirigentes sindicales policiales que se presentan este miércoles a las elecciones internas es la de cómo fue posible que el entramado mafioso del comisario José Manuel Villarejo medrase durante décadas en el seno del Cuerpo Nacional de Policía, alimentado por la propia cúpula de Interior, sin que ninguno de los sindicatos lo denunciase.

Y las respuestas las tiene Luis Miguel Lorente Moreno, padre de una niña de 10 años y un pequeño de 3, licenciado en Criminología por la Universidad de Alicante y oficial de la Policía Nacional, donde ingresó hace casi 16 años. La mayor parte de ese tiempo ha estado desempeñando las funciones de investigador en Policía Judicial. Ha sido fundador de un grupo de lucha contra el crimen organizado y de otro de blanqueo de capitales, ambos en Alicante, donde actualmente está en el Grupo de Delincuencia Violenta de la Brigada Provincial de Policía Judicial, antiguamente denominado Grupo de Homicidios.

Integrante de la Orden al Mérito Policial y poseedor de más de 150 felicitaciones públicas por diferentes servicios, incluidas investigaciones e intervenciones de gran relevancia nacional e internacional, Lorente es activista contra la corrupción, socio destacado de la prestigiosa asociación Acción Cívica, y ha fundado y participado en diversas plataformas y redes de denuncia, además de impartir ponencias sobre el tema en diversas universidades españolas.

En 2016, tras un periplo experimental colaborando con varias ejecutivas nacionales de distintos sindicatos tradicionales, pudo comprobar la ineficacia, los privilegios, los vetos a la acción reivindicativa real y los intereses distintos a los de sus afiliados que imperaban en esas directivas. Por eso fundó, junto a otros dos compañeros de la zona del Levante, la Agrupación Reformista de Policías, del cual es ahora el Coordinador General.

¿Qué está en juego en estas elecciones al Consejo de la Policía?

Que de una vez por todas cambiemos a un mejor modelo de seguridad pública estatal y acabemos con la supremacía del obsoleto sistema de representación sindical que sustentan los de siempre. Además de que estas elecciones también son muy importantes para todos los ciudadanos porque una opción reformista, progresista y defensora de los derechos humanos como la que representa ARP, debe tener la posibilidad de estar en el Consejo y hacer valer su ideario. No sólo para trabajar por el bienestar profesional de los y las policías, sino también en la ciudadanía, que merece una Policía del siglo XXI sin herencias retrógradas que no nos permiten avanzar.

Por eso en nuestra agrupación entendemos que la lucha contra la corrupción es muy importante. Y por ello nos hemos destacado del resto de sindicatos policiales en ser los primeros, por ejemplo, en denunciar al comisario Villarejo en Fiscalía Anticorrupción por revelación de secretos. Igualmente hemos denunciado en sede judicial la concesión irregular de medallas remuneradas a distintos comisarios, que consideramos en ARP que es una forma ilegal de pensión encubierta. Y entre las personas perceptoras de dicha medalla, y que consideramos no se ajusta a los verdaderos criterios de concesión, está el comisario jefe provincial de Alicante, Alfonso Cid Alguacil.

¿Qué ofrece ARP a los afiliados que la distinga de otros sindicatos policiales?

Luis Miguel Lorente Moreno, coordinador general de la ARP.

Nuestra agrupación representa una voz totalmente moderna, necesaria y distinta al resto. No sólo porque no somos meros e incongruentes sucedáneos continuistas de los sindicatos de siempre, ni oportunistas de última hora sin actividad conocida, sino porque encarnamos el auténtico y valiente sindicalismo reivindicativo de los primeros años de nuestra democracia, rabiosamente independiente, sin hipotecas que aten de manos y pies nuestra acción sindical. Estamos comprometidos, preparados y sin intereses ocultos de ningún tipo más que ayudar en la medida de nuestras posibilidades. Y por ello somos pioneros denunciando el fraude en la formación sindical, así como todo tipo de corruptelas, con el objetivo de proteger la imagen de los buenos policías. Consultamos las decisiones importantes a nuestras bases, y ofrecemos con nuestro seguro los contenciosos administrativos como el que en breve interpondremos para lograr resarcir económicamente a los compañeros de segunda actividad sin destino excluidos de mala fe del falso acuerdo de equiparación salarial.

Somos los únicos que no hacemos negocio ni usamos la formación como dádiva, y que además exigimos una profunda reforma en el modelo formativo unido a una transparente y justa redistribución y promoción de los efectivos.

¿Por qué los sindicatos policiales no reaccionaron durante décadas ante la mafia de Villarejo?

Porque los sindicatos tradicionales formaban parte importante del problema. Para entender el sucio entramado sirve como muestra algún ejemplo. El primero de ellos concierne a la comparecencia del inefable ex Director Adjunto Operativo (DAO), Eugenio Pino, en la comisión parlamentaria que estaba investigando el presunto uso político y partidista del Ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz. En ella reconoce que fichó al Inspector Fuentes Gago, ex líder del sindicato policial SPP, porque era sindicalista, los sindicatos eran el gran problema de la Policía y su control era fundamental. Y mientras decía eso el Sr. Pino, le acompañaba a su lado, como letrado asesor, el número dos de la Unión Federal de Policías (UFP), quien junto al líder de dicho sindicato están actualmente imputados en el Juzgado de Instrucción número 32 de Madrid.

Habría que conocer la identidad del sindicalista policial que se  carteó con el comisario Villarejo cuando estaba preso

Procedimiento en el que ARP fue requerida como testigo, por ser los únicos denunciantes ante el Ministro del Interior de la necesidad de realizar auditorías a los sindicatos policiales representativos como perceptores de subvenciones públicas. ¿No es suficientemente esclarecedor del clima existente? El asunto es que aún hay cómplices del Sr. Villarejo en el seno de la Policía y del sindicalismo policial que aún no han salido a la palestra. ¿O no es llamativo y de interés el conocer la identidad del sindicalista policial que se carteó con ese comisario cuando estaba en la cárcel? Es de esperar que entre todas las grabaciones que se le intervinieron vayan descubriéndose estos dañinos individuos que tanto perjuicio hacen a la imagen de la Policía.

¿Cómo es que no se dio apoyo al inspector Rubén López cuando empezó a investigar las actividades corruptas del comisario Villarejo y se enfrentó a las cloacas de Interior?

Porque desgraciadamente se tiende con demasiada frecuencia a intentar callar al denunciante cuando el denunciado es un poderoso y sus secuaces. Y en el caso del Sr. Villarejo hablamos de una persona con muchos contactos, no solo en Interior, sino en todos los estamentos superiores de este país. Igualmente, manejaba tanta información confidencial que era un peligro para muchas de las personas más influyentes. Por eso se le protegía. Pero nadie contaba, y menos el comisario hoy preso, con que estamos viviendo una etapa incipiente de regeneración democrática en la que la impunidad cada vez queda más arrinconada. Y ahora ni con los más sórdidos chantajes se puede evitar la acción de la Justicia. Aunque aún queda mucho recorrido para equipararnos en esta materia de la lucha contra la corrupción a las democracias más avanzadas y consolidadas.

¿Cómo puede ser que el inspector López haya sido degradado y olvidado, mientras se conceden condecoraciones a los que mucho después investigaron a Villarejo?

Pues porque en la Dirección General de la Policía existe un órgano llamado Junta de Gobierno, formado por el director general y un grupo de los comisarios del más alto rango que deciden sin control y sin fiscalización alguna el reparto final de medallas. En nuestro país, al innovador, al que primero se enfrenta a problemas que nadie quiere acometer, el que genera el cambio y abre el camino al resto, sufre un gran desgaste, se le señala, se le demoniza y finalmente se le aparta. Somos muy cainitas en ese sentido. Enfrentarse al status quo le convierte a uno en diana de ataques y campañas de desprestigio por parte de aquellos que ven peligrar los privilegios o chiringuitos que concede el manejo del poder.

Por desgracia, denunciar y ser inaccesible al control del poder, se castiga en vez de premiarse

En mi caso me siento identificado con el inspector López, puesto que por haberme enfrentado como representante de ARP al comisario provincial alicantino Alfonso Cid por su retrógrada forma de gestionar la plantilla, en unos pocos meses me han abierto tres expedientes disciplinarios, cuando en toda mi carrera profesional nunca tuve ningún problema. ¿Es que soy el poli más malo de España para recibir semejante castigo? Es el mundo al revés. Por desgracia, denunciar y ser inaccesible al control del poder, se castiga en vez de premiarse.

¿Cuál es la raíz del conflicto con el comisario Alfonso Cid?

Hace meses que desde ARP estamos reivindicando y dando la cara por la pésima gestión de la plantilla alicantina por parte del Sr. Cid, además de que su falta de talante, y concepción autoritaria y militarista del ejercicio del mando, le empuja a tomar represalias con quien le lleva la contraria o se queja de su gestión. Por ello, soy actualmente objeto de tres expedientes abiertos en apenas unos pocos meses, situación anómala que vivo por primera vez. En toda mi carrera profesional no he tenido un tachón en mi “hoja de servicios” y desde que encabezo la crítica a su gestión soy objeto de dicha persecución.

El primero de los expedientes es por dar cuenta de un inspector que vino a intimidarme a mi puesto de trabajo, interrumpiéndome en mis labores policiales, y a mis compañeros también, mostrándome el arma y justificando dicha acción para que no se malinterpretara y llegara su visita a mayores. Algo intolerable que me ha supuesto que me sancionen también. Es el típico caso del denunciante castigado, protegiéndose al verdadero autor de los hechos. En sede judicial se dirimirá este primer expediente.

El segundo expediente fue pocos días después, y consistió en querer castigarme por proporcionar en mano a algunos compañeros y compañeras de comisaría un artículo redactado por mi denominado “Poli malo, poli bueno y en el que analizo de manera crítica un tipo de mandos, dentro de la Policía, retrógrados y de otro tiempo. La justificación por parte del Sr. Cid es que lo hice abandonando mis funciones. Una forma de censura encubierta que quedará desmontada por las falsedades de las acusaciones vertidas sobre mi persona y las irregularidades detectadas en la instrucción, que igualmente se tendrá que dilucidar en los tribunales.

Me han expedientado por una operación policial exitosa por la que a la Guardia Civil la han felicitado

Y en último término, y el más grave, un expediente abierto por una actuación concreta dentro de una operación exitosa y conjunta entre varios países y con la Guardia Civil, en la que se detuvo al número uno de la banda criminal albanesa más importante en su país. Un expediente que, traspasando todos los límites, se ha utilizado para atacarme por mi labor sindical, incluso expedientando también injustamente al jefe de mi grupo, y que será objeto de denuncia penal en breves días. Es más, la instrucción inicial de dicho expediente está plagada de irregularidades y falsedades, que junto a los expedientes previos, demostrarán el acoso del que he sido objeto estos meses. Este último caso también puede crear un conflicto con la Guardia Civil, puesto que afecta a miembros de ese instituto armado, puesto que --en un claro agravio comparativo-- a ellos se les ha felicitado y a nosotros se nos castiga. Llueve sobre mojado. Actualmente el Sr. Cid además tiene un conflicto abierto con Policía Local y Ayuntamiento de Alicante.

¿A qué se debe el auge de Vox en el seno de las Fuerzas de Seguridad del Estado?

Antes de nada, quiero dejar bien claro que en ARP respetamos cualquier opción política que, dentro del espectro ideológico español, sea respetuosa de los preceptos constitucionales que nos obligan a todos los españoles. Y dentro de nuestra agrupación hemos conseguido trascender al existente y orquestado enfrentamiento ideológico entre policías, cuyo objetivo es tapar los verdaderos problemas del colectivo, polarizándonos e incardinándonos en un bando u otro. ARP es un crisol en equilibrio de distintos perfiles ideológicos, siempre actuando dentro del respeto y de nuestros principios fundacionales.

Dicho lo cual, hay que reconocer que en la Policía hay una mayoría eminentemente conservadora; que es más sencillo e incluyente revelar ser seguidor de opciones de derechas que de izquierdas, y que el auge de Vox en nuestro seno era inevitable. En ARP luchamos para que cualquier policía, sea cuál sea su opción, pueda expresarse en libertad y por supuesto para evitar que ciertos extremismos pasen líneas democráticamente consolidadas y de las que seremos fieles garantes.

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