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Feijóo hace su agosto

El presidente gallego incumple su promesa y adelanta las elecciones para impedir que sus rivales puedan recomponerse de sus crisis internas y consolidar sus candidaturas.

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El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, durante el anuncio de la fecha de las próximas elecciones en la Comunidad, que serán el 25 de septiembre, coincidiendo con las vascas. EFE/Xoán Rey

SANTIAGO DE COMPOSTELA.- Ante la disyuntiva de no dejar más tiempo a la oposición para recomponerse o cumplir su promesa de celebrar las elecciones autonómica gallegas en octubre, Alberto Núñez Feijóo optó por evitar lo primero y violentar la segunda, y anunció que los comicios se celebrarán el 25 de septiembre, coincidiendo con los de Euskadi. El presidente de la Xunta lo justificó alegando que no le parece “lógico” que dos comunidades a las que sólo separan “unos pocos cientos de kilómetros” celebren procesos electorales en semanas diferentes.

La reflexión del líder popular, sin embargo, no puede esconder dos análisis evidentes. Primero, el de los pésimos resultados de las generales del 20-D y el 26-J.

En el 2015, los populares perdieron en Galicia más de 250.000 votos (casi un 30% menos que en el 2011), de los que recuperaron apenas 33.000 seis meses después. Si las pasadas generales se repitieran en septiembre, el PP perdería la mayoría absoluta con la que ahora gobierna Feijóo.

Y un fracaso de Rajoy en la formación de Gobierno o unas nuevas generales arrastrarían a los votantes gallegos del PP a un hastío que el líder del PPdeG precisa evitar como sea si quiere mantener sus posibilidades.

Buena parte de la precampaña discurrirá en plenas vacaciones, lo que obligará al resto a sumirse en una sudorosa carrera contrarreloj para decidir y consolidar la imagen de sus cabezas de lista

En segundo término, el presidente gallego (no estará en funciones hasta que así aparezca publicado en el Diario Oficial de Galicia) necesita también aprovechar las crisis y desencuentros internos de sus rivales, algunos de los cuales ni siquiera tienen aún candidato a la Xunta, y darles menos tiempo para rehacerse. Cuanto menos, mejor: buena parte de la precampaña discurrirá en plenas vacaciones, lo que obligará al resto de formaciones a sumirse en una sudorosa carrera contrarreloj para decidir y consolidar la imagen de sus cabezas de lista.

La hasta ahora segunda fuerza de la oposición, el PSdeG, se presenta con muchas debilidades y escasas fortalezas. Dirigido por una gestora desde la dimisión de su secretario general, Javier Gómez Besteiro, tras ser imputado por una decena de delitos, el PSOE cuenta como cabeza de cartel con Xaquín Fernández Leiceaga, un economista que fue fundador, militante y secretario de finanzas del Bloque Nacionalista Galego (BNG) y que abandonó esa formación en el 2002 para pasarse a los socialistas.

Leiceaga le ganó hace dos meses las primarias a un histórico del socialismo gallego, Xosé Luis Méndez Romeu, mano derecha del exalcalde coruñés Francisco Vázquez y a quien apoyaba, entre otros, el alcalde de Vigo, Abel Caballero, el regidor socialista más votado de España. Entre los muchos frentes abiertos que encara Leiceaga está precisamente el de cerrar heridas con el aparato del partido y su vieja guardia, impidiendo que reluzcan en público las afiladas navajas que ya han aparecido en la elaboración de las listas.

Tanto el PSOE como el BNG se enfrentan a crisis internas y al desconocimiento de sus candidatos por parte del electorado

Otra barricada difícil de derribar en pleno agosto es la de su escaso nivel de conocimiento entre el electorado, dado que no ha ocupado cargo público ni orgánico alguno desde hace cuatro años.

A la izquierda del PSOE, el nacionalismo se presenta dividido: de un lado, el BNG, que perdió el 20-D su representación en el Congreso y que de repetir en septiembre los resultados de las últimas generales de junio, se quedaría también sin diputados en O Hórreo (así se denomina popularmente al Parlamento de Galicia) por primera vez en más de treinta años. Su portavoz nacional y candidata, Ana Pontón, sufre las mismas patologías electorales que Leiceaga: la división interna en la formación y su escaso nivel de conocimiento público, que en la última encuesta, hace cuatro meses, apenas alcanzaba el 30%.

Del otro lado del nacionalismo se sitúa la Anova de Xosé Manuel Beiras, que acudió a las generales en coalición con En Marea, Podemos y Esquerda Unida. Beiras sería el único candidato que alcanzaría la altura de Feijóo en grado de conocimiento (un 93% frente al 98% del actual presidente), pero también cuenta con severas dificultades para convertirse en su rival. Primero, por su edad, y no porque este corresponsal la considere un óbice para ningún candidato, sino porque el propio Beiras se refería a Manuel Fraga como “Fraga-gá” en los últimos años noventa, aludiendo a la edad y condición física del entonces jefe del Ejecutivo gallego, cuando rondaba los 80 años que Beiras cumplió en abril.

Beiras (Anova) se burlaba de 'Fraga-gá' cuando gobernaba a los 80 años que él mismo acaba de cumplir

Además, el líder de Anova tiene en contra a Esquerda Unida, tras su fracasado matrimonio en las pasadas autonómicas bajo la marca Alternativa Galega de Esquerdas (AGE), que se rompió en dos en noviembre del 2014.

Para superar esa oposición, Beiras tendría que contar con el visto bueno de Podemos y, sobre todo, de En Marea, que acaba de convertirse en partido político y que también podría querer imponer su propio candidato o incluso optar por ir en solitario a las elecciones. Podemos rematará de inmediato el proceso de consulta a sus bases sobre la posibilidad de ir a las elecciones en coalición con En Marea, Anova y Eu-IU. Pero el proceso de negociación entre todas esas siglas para decidir el o la cabeza de cartel puede ser largo. Demasiado largo.

C's tampoco tiene candidato. El tiempo se agota para todos, salvo para Feijóo

Lo mismo le sucede a Ciudadanos, que anunció primarias para elegir candidato a la Xunta, pero que se mueve en la comunidad como un pavo decapitado, con varias ejecutivas comarcales y locales descabezadas tras la decisión del secretario de Organización, Fran Hervías, de destituir a dedo al cabeza de lista por A Coruña, que, precisamente, había sido elegido en unas primarias.

El tiempo se agota para todos, salvo para Feijóo, sabedor de que con el adelanto electoral les ha birlado a sus oponentes unas semanas cruciales, y que apenas va a costarle votos incumplir su reiterada promesa de agotar su mandato y celebrar las autonómicas en octubre. “No era cuestión de salirme con la mía”, dijo ayer. Pero la verdad es que sí: se ha salido con la suya. Con la opción que más le conviene.

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